22/8/11

Un tal Marx, y un tal Engels


Pepe Gutiérrez-Álvarez
Se vuelve a hablar de Marx y Engels, en realidad nunca habían resultado tan actuales, tan modernos como en el presente, cuando el capitalismo ya ha demostrado todo lo que es capaz de infligir al mundo. Hablando con los jóvenes que ahora empiezan a “tomar conciencia”, a uno le llega la sensación de estar en un nuevo comienzo, con todas las dudas y dificultades propias de eso, de comenzar a andar de nuevo.
No quiero entrar sí antes y ahora fue peor, pero el que escribe no fue hasta el pase por la escuela nocturna para obreros de Sant Ramón Nonato, el Coll-blanch, en la zona colindante entre Barcelona y L´Hospitalet, donde se pudo enterar que existían un tal Marx y un tal Engels, nombres que parecieron raros en verdad.

El mismo hecho de estar en aquel lugar ya reflejaba una inquietud, al igual que mis compañeros, trabajaba desde la madrugada, y pasaba del trabajo a las clases que eran de las 20 a las 22 horas. Se trataba de conseguir un certificado de “estudios primaros”, pero la vedad es que había mucho más. Baste decir que el maestro era don Josep Vidal, un trabajador de La Farga, al que los llamados “nacionales” le habían retirado el título de maestro, y gracias que solamente le hicieron eso. Alguien le preguntó que era eso del “comunismo”, y él comenzó a explicar cuatro cosas sobre aquel tal Marx y aquel tal Engels.
Por entonces, no era para nada fácil encontrar una biografía de ellos y menos una introducción al marxismo, eso comenzó a ser factible años más tarde gracias a editoriales como Nova Terra, Fontanella, o Ciencia Nueva. Recuerdo que Juan Montero contaba que se había comprado una biografía reaccionaria de Marx, la de Robert Payne, pero que el leyó lo que le interesaba y en el sentido que le interesaba. Igual me sucedió a mí con otra de un autor germano difícil de retener, y editada por una editorial (Cid) que se decía pertenecía al Opus Dei. La estaba leyendo mientras convalecía de una operación en el Hospital del Valle Hebrón, entonces conocido como Hospital Francisco Franco, y uno de los médicos que tropezó con el ejemplar comenzó a sermonearme. Aquello era un antigüalla –decía-, que ya no podía interesar a nadie. Ya había pasado el tiempo en el que los proletarios no tenían nada que perder, ahora era ya otra cosa, tenían trabajo, un salario que les permitía prosperar, sanidad y escuela pública, etc. Además, eso se la lucha de clases creaba odios…
Pero desde luego no me convenció, tampoco lo harían con una nueva generación. Nosotros encontramos numerosas razones para sentir que el marxismo era algo fundamental para comprender el mundo, y de ahí que, en muy poco tiempo, aquel tal Marx y el tal Engels que le bueno del profesor Vidal conocía de sus años jóvenes, comenzaran a editarse, primero de manera casi prohibida, como sucedió con la magnífica antología de C. Wright Mills sobre Los marxistas, de ERA, y luego fueron llegando otras y otras, algunas totalmente asequibles como aquella pequeña colección de Aguilera que preparaba Manolo Sacristán, y que en las paradas legales del Sant jordi de las entidades vecinales, se tenían que reponer una y otra vez…Algo no muy diferente esta sucediendo en los últimos tiempos, aquel tal Marx y el tal Engels que nos describían como parte de un mundo perdido, como dinosaurios de otros tiempos, están siendo rescatados.
Y es que, aunque algunos apocalípticos como Claude Chabrol, al que tanto le ha servido el marxismo para sus retratos burgueses, digan que ya no hay lucha de clases, que ahora estamos divididos entre burgueses y los que no lo son, pero quieren serlos, lo cierto es que aunque quieren no lo podrán ser, ya se ha acabado la fiesta neoliberal, de una lucha de clases llevada desde arriba, y estamos entrando en otro tiempo en el que los de abajo, aquellos a los que el médico que me sermoneaba ya veía como integrados…un tiempo en el que alguien como el profesor Vidal tendrá que explicar nuevamente que…
El tal Karl Marx (Tréveris, Renania, 1818-Londres, 1883), sigue siendo la figura más influyente e importante de la historia de la humanidad después de Cristo. Su vida y su obra se encuentran estrechamente ligada a la de Engels, su alter ego. Aunque destacó sobre todo como teórico y científico social, pero sería injusto no reconocer su dimensión militante. Fue y sigue siendo el centro del odio de todas las corrientes de pensamiento reaccionarias y se le ha llegado a atribuir el germen que más tarde produciría el Gulag, pero no ha habido ataque que haya resistido la prueba de la historia. Mal utilizado en vida --él mismo comentó delante de la interpretación de sus ideas efectuada por uno de sus discípulos: «sí esto es marxismo... yo no soy marxista»-, ha sido deformado brutalmente tras su muerte.
Mal conocido durante décadas, sólo ahora su obra resulta accesible en lo fundamental. Los estudios sobre su vida y su obra resultan imposibles de contabilizar, no hay semana sin que aparezca una nueva aportación en las librerías. Nació en una familia de tradición religiosa, pero su padre era un abogado liberal y funcionario público y convertido al cristianismo, siendo Marx educado en la religión protestante. Estudió Derecho, Historia, y después Filosofía, en las universidades de Bonn, Berlín y Jena en la que se doctoró con una tesis sobre Epicuro. En aquella época aspiraba al puesto de «encargado de curso» de Filosofía, pero, ya envuelto en los conflictos políticos, se dedicó al periodismo democrático como director de La Gaceta Renana, fundada por los liberales de Colonia y animada por su amigo Mossés Hess. Establece contacto con el grupo radical democrático de los «jóvenes hegelianos», al que pertenecerán también Engels, Bakunin y Hess.
En 1843, Marx entra en contacto con Engels y da los primeros pasos de una colaboración extraordinariamente fructífera. Después de que La Gaceta es prohibida por el gobierno prusiano, Marx se traslada a París desde donde editará un par de números de la revista Los Anales Franco-alemanes, junto con Arnold Ruge. Es en esta revista donde edita La crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, obra determinante en su evolución. En Francia se hace comunista y conoce directamente el movimiento obrero más evolucionado políticamente de su tiempo, a la vez que conoce y estudia algunos de sus pensadores más importantes como Blanqui, Flora Tristán, Dézamy, Proudhom, Blanc, etc. Publica La sagrada familia, una crítica filosófica a los hermanos Hess. A instancia del gobierno prusiano, es expulsado de Francia y debe de trasladarse a Bélgica, donde escribe su crítica a Proudhom --al que antes había elogiado por su obra ¿Qué es la propiedad?- por su libro La filosofía de la miseria con otro titulado justamente Miseria de la Filosofía, y que supone también una crítica al anarquismo avant la lettre. Junto con Engels pasa a formar parte de la Liga de los Comunistas, una organización obrera formada en su mayor parte por exiliados alemanes y cuyo nombre más conocido es Weitling, un comunista cristiano.
Junto con Engels redacta El manifiesto comunista, obra cumbre de la agitación política en la que se encuentra gran parte de los presupuestos que desarrollará más tarde y sobre la cual, por citar un ejemplo, diría Bertrand Russell: «yo no conozco ningún otro documento que tenga igual fuerza propagandística, y esta fuerza proviene de una intensa pasión, vestida intelectualmente con una exposición inexorable. El Manifiesto Comunista (del que existen numerosas ediciones recientes, por ejemplo en El Viejo Topo, con prólogo de P. Fernández Buey) fue lo que dio a Marx su puesto en el movimiento social y este puesto lo hubiese merecido siempre, aunque no hubiera escrito nunca El Capital». Expulsado esta vez de Bélgica retorna brevemente antes de entrar de nuevo en Alemania, donde participa activamente en el movimiento revolucionario como director de La Nueva Gaceta Renana. Sus ideas sobre la revolución las expresa así: «Aunque los obreros alemanes no puedan alcanzar el Poder, ni ver realizados sus intereses de clase sin haber pasado íntegramente por un prolongado desarrollo revolucionario que coincidirá con el triunfo directo de su propia clase en Francia, lo cual contribuirá a acelerarlo considerablemente.
Pero la máxima aportación a la victoria final la harán los propios obreros alemanes cobrando conciencia de sus intereses de clase, ocupando cuanto antes una posición independiente de partido e impidiendo que las frases hipócritas de los demócratas pequeños burgueses les aparten un solo momento de la tarea de organizar con toda independencia el partido del proletariado. Su grito de guerra ha de ser la revolución permanente». Tras el fracaso de la revolución, vuelve a Francia, pero también es expulsado ya que la revolución también ha fracasado y se traslada a Inglaterra, donde, salvo un breve intervalo en 1850 en Hamburgo para intentar reeditar sin éxito La Nueva Gaceta Renana, pasará el resto de sus días con su compañera Jenny y sus hijas, todas ellas casadas con militantes socialistas.
En 1851 publica El 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde describe el golpe de Estado y analiza el bonapartismo. Dedicará entonces la mayor parte de sus esfuerzos en el estudio de la economía política capitalista en el British Museum, pasando calamidades y sobreviviendo gracias a lo que cobra por sus artículos y sobre todo gracias a la ayuda que le presta Engels. Producto de este gigantesco esfuerzo será Crítica de la economía política, y años más tarde el primer volumen de El Capital, una obra aún inconclusa --después de su muerte, Engels recompondrá el segundo volumen--, que revolucionará las ciencias sociales. Durante su trabajo de investigador, no cesa en sus polémicas contra diversos socialistas, y responde a la campaña de calumnias que contra él ha desencadenado el famoso naturalista liberal Karl Vogt (un antecesor del estalinismo), contra el que escribe El señor Vogt (ZYX, Madrid).
En 1864. Karl abandona un tanto su labor de estudioso --aunque era plenamente consciente de su importancia--, y forma parte de los fundadores de la Asociación Internacional de los Trabajadores, redactando sus principales documentos y orientando el Consejo General, hasta el final: llevando a cabo una inmensa labor política y teórica, amén de una continua crítica a las diversas tendencias socialistas que componían el movimiento obrero de su tiempo. En su opinión, la «Internacional se fundó para reemplazar las sectas socialistas o semisocialistas por la organización efectiva de la clase obrera para la lucha. Los primeros estatutos y la Memoria inaugural, así lo revelan desde el primer golpe de vista. Además, sí el curso de la Historia no hubiera hecho pedazos el sistema de sectas, el movimiento obrero real hubiera actuado, en relación inversa. Si la clase obrera no está todavía madura para hacer un movimiento autónomo verdadero, las sectas tienen justificación histórica; mas cuando alcanza esa madurez, las sectas son reaccionarias en esencia.
Sin embargo, la Historia demuestra por doquier, que lo viejo pugna por reconstituirse y mantenerse dentro incluso de la nueva forma adquirida» (carta a Bolte). Utilizando mucho tacto en la forma y una gran constancia en el fondo, Marx trató, apoyándose en los sectores más progresivos de la AIT, sentar las bases del movimiento obrero moderno en torno a los sindicatos como organización autónoma y reivindicativa de la gran masa de asalariados y del partido, como la fracción más avanzada del movimiento y que se apoya en un programa revolucionario. En 1871, con ocasión de la instauración de la Comuna de París, Marx aunque no está enteramente de acuerdo sobre la oportunidad de este «asalto al cielo» ni con su desarrollo --considera que debía haber ido más lejos, socializando la Banca, extendiendo la revolución, etc.-, la apoya con todas sus fuerzas y saca de ella las lecciones fundamentales para diseñar lo que considerará la piedra angular de su aportación teórica, la dictadura del proletariado. Algunos de sus seguidores --Mehring, Nin, etc.- han criticado su actitud ante Bakunin y sobre todo, el desacierto que supuso dejarle a éste la bandera de la AIT sin haber establecido una alternativa inmediata.
Al finalizar la AIT, Marx volvió plenamente a su labor científica, dedicando también parte de su atención a la naciente socialdemocracia alemana. Su entusiasmo con esta nueva organización que respondía básicamente a lo que había defendido en la AIT, no es obstáculo para que lleve a cabo una crítica impecable contra el llamado Programa de Gotha, producto de la fusión entre los marxistas y los seguidores de Lasalle. Antes de morir, tiene ocasión todavía de escribir una dura requisitoria contra el «grupo de Munich» que defiende posiciones revisionistas «avant la letre» y en el que se encuentran Bernstein y Hochberg. Los define diciendo que son personas «en teoría cero, en la práctica, buenos para nada, que quieren arreglar los dientes al socialismo (que arreglan para su conveniencia según recetas de la Universidad) y sobre todo al partido socialdemócrata, ilustrar a los obreros, o como dicen, suministrarles" elementos de educación "mediante su confusa semiciencia y, sobre todo, hacer respetable al partido ante los ojos de los burgueses conformistas».
Sobre Marx se han dicho muchas cosas, pero podemos concluir sistemáticamente diciendo que hizo dos aportaciones básicas, descubrió y desarrolló la concepción materialista de la historia y también «la ley especial que preside la dinámica del actual régimen capitalista de producción y de la sociedad burguesa engendrada por él" (Engels), pero esto nos presenta solamente su cara científica, y Marx era: «ante todo y sobre todo, un revolucionario". "Así se explica que Marx fuese el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Todos los gobiernos, los absolutistas como los republicanos, le desterraban, y no había burgués, desde el campo conservador al de la extrema democracia, que no le cubriese de calumnias, en verdadero torneo de insultos. Pero él pisaba por encima de todo aquello como sobre una tela de araña, sin hacer caso de ello, y sólo tomaba la pluma para contestar cuando la extrema necesidad lo exigía. Este hombre muere venerado, amado, llorado por millones de obreros revolucionarios como él, sembrados por todo el orbe, desde las minas de Siberia hasta la punta de California, y bien puedo decir con orgullo que, sí tuvo muchos adversarios, no conoció seguramente un solo enemigo personal. Su nombre vivirá a lo largo de los siglos, y con su nombre, su obra».
En cuanto al tal Fredéric Engels, (Barmen,1825-Londres, 1895), se puede decir que fue el militante y teórico socialista que creó con Marx el "socialismo científico" o marxismo. Engels no solamente encontró en Marx el mejor amigo que pudo imaginar, también como autor fue su "alter ego" hasta el punto que resulta poco menos que imposible disociar la obra de ambos. Después de la muerte de Marx continuó representando su obra aunque se suele criticar el reduccionismo y los errores de su última etapa estrechamente vinculada a los inicios de la socialdemocracia alemana e internacional. Engels nació en el seno de una familia burguesa, su destino inicial era el de convertirse en un empresario, enviado por sus padres a Manchester a trabajar en un establecimiento.
En Gran Bretaña observó los fenómenos sociales creados por el manchesterismo y escribió La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845; Júcar, Madrid, 1980), que además de resultar un vigoroso retrato de la explotación capitalista desarrolla muchas ideas propias que luego formaron parte del acervo marxista, en la que analiza con maestría las condiciones sociales del obrero, el nuevo «agente revolucionario».. Sus primeros años también son muy paralelos a los de Marx. Actuó siendo muy joven en el movimiento literario democrático radical, La joven Alemania, afiliándose después al movimiento de los Jóvenes Hegelianos. Crece y estudia en un ambiente burgués, conservador y pietista. Sin embargo en el liceo de Elberfeld conecta con las corrientes románticas y liberales. Engels se expresará en esta época mediante la poesía --al parecer, sin demasiada fortuna--, escribe versos sobre héroes antiguos en los que intenta simbolizar sus deseos juveniles de emancipación.
Un año antes de acabar sus estudios su padre decide emplearlo en el comercio, empezando a estudiar para ello en 1838. Lo hace en Bremen donde descubre la miseria de la clase trabajadora, y comienza a colaborar con el movimiento de la Joven Alemania de carácter liberal y literario. Un año más tarde lee La vida de Jesús de Straus e inicia con gran entusiasmo el estudio de Hegel, en pleno proceso de radicalización se aproxima a los Jóvenes Hegelianos, asumiendo ideales socialistas todavía no claramente definidos. En 1841 se traslada a Berlín donde entra en relación con el Doktorkulb, un círculo de la izquierda hegeliana, escribiendo un ensayo contra Schelling que resulta ser su carta de presentación en los medios avanzados. Enviado por su padre a Inglaterra donde tenía negocios, Engels entra en contacto con las luchas y el movimiento obrero organizado lo que significará un cambio cualitativo en su evolución, escribiendo su primer ensayo sobre materialismo histórico, con su Esbozo para una crítica de la economía política.
A su regreso, pasa por París y hace amistad con Marx con el cual escribe La sagrada familia (1845), primer eslabón de una colaboración sólo interrumpida con la muerte.
Con Marx colabora primero con los Fraternals Democrats, después con la Liga de los Justos, a la que convierten en Liga de los Comunistas para la que escriben El manifiesto comunista (1848), obra cumbre del panfleto político y del materialismo histórico. De vuelta a Alemania, Engels participa en primera fila en la revolución de 1848 y colabora intensamente con la Nueva Gaceta Renana hasta su secuestro en 1851. Sus esfuerzos se concentrarán desde esta época en organizar y orientar el naciente movimiento obrero y en profundizar el campo de la teoría revolucionaria. Establecido en Manchester se une con la revolucionaria irlandesa Mary Burns --capítulo sobre el que Marx no quiere saber nada, incluso aún después de la muerte de ella, ocasionando la única sombra de la amistad entre ambos-- y estudia técnicas militares, fisiología y etnología.
Sus libros, artículos y ensayos sobre los temas más diversos forman extensísimo catálogo durante estos cincuenta en los que la estrella de los acontecimientos resulta muy tenue. Con una buena fortuna heredada tras la muerte de su padre, Engels sostiene la economía casera de Marx metido en sus tareas de investigador. Establece contacto con el nuevo movimiento obrero alemán y desarrolla una intensa actividad dentro de la AIT como miembro del Consejo General. Interviene decisivamente en el debate contra los bakuninistas, contra los que escribe Los bakuninistas en acción, en la que tiene como trasfondo la insurrección cantonal española del verano de 1873 y en la que, por falta de información seria, desmenuza la importancia de los anarquistas. Escribe contra ellos: «...Los antiautoritarios exigen qué el Estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aún antes de haber sido destruidas las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad. ¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe...».
Comienza su trabajo de acompañamiento de la joven socialdemocracia alemana --a la que criticará junto con Marx en diversas ocasiones--, desarrollando una intensa tarea en criticar otras corrientes políticas e ideológicas --muestra de ello es su impresionante Anti-Dühring--, estudiando nuevos aspectos de la teoría, cuidando la edición de diversas obras de Marx que muere en 1883, dejándolo hasta su muerte como el mentor de la continuidad marxista. Mantiene una amplísima correspondencia con los principales dirigentes de la socialdemocracia clásica internacional. Durante la época de la II Internacional se creyó que Engels consideraba que los progresos de la democracia, el reforzamiento de las organizaciones obreras y las transformaciones que la evolución de la tecnología militar introducían en los conflictos callejeros hacían definitivamente imposible e inútiles los métodos de acción directa, y que el socialismo debería lograrse por la vía pacífica y por lo tanto gradualista y parlamentaria.
Esta idea --reasumida ulteriormente por el eurocomunismo--, se fundamenta como decimos más atrás en una manipulación de su texto original. Manipulación que denunció Engels en una carta a Lafargue diciendo: «Liebknecht acaba de jugarme una mala pasada. Ha tomado de mi introducción a los artículos de Marx sobre la Francia de 1848-1850 todo lo que podía servirle para sostener la táctica apacible y antiviolenta a ultranza que hace algún tiempo se dedica a predicar, especialmente ahora que están preparándose leyes coercitivas en Berlín. Pero dicha táctica únicamente la predicó para la Alemania de hoy, y además con muchas reservas. Por lo que respecta a Francia, Bélgica, Italia y Austria, no puede seguirse esa táctica en su conjunto, y es muy posible que en el futuro sea inaplicable para Alemania»..
A diferencia de los lectores de otros tiempos, el lector actual que busque por los rincones de las librerías , sobre todo en las de segunda mano, y en los estantes de los viejos militantes, encontraran una enorme bibliografía, comenzando por la biografía clásica más reconocida de Marx, que es sin duda la de Mehring (Grijalbo), la más erudita y minuciosa quizá sea la de Auguste Cornú, Carlos Marx y Federico Engels (Instituto del Libro Cubano, La Habana, en cuatro volúmenes), la más inquietas e incisivas sean las Karl Korchs (Ariel), y la de Maximilian Rubel: Marx sin mito (Octaedro, BCN, 2003). Rubel es autor también de Karl Marx, ensayo de una biografía intelectual (Paidos, Buenos Aires), y Cronología de Karl Marx (Anagrama).
Muy importantes también son las David McLean (Grijalbo) y la de Boris Nicolayewsky y Maencehn-Helfen (ed. Ayuso). David Riazzanov, uno de los eruditos marxistas más importantes sobre Marx ha publicado En Memoria de el Manifiesto Comunista (Ayuso), Carlos Marx y Federico Engels (Ed. Comunicación), y La pasión de Karl Marx (Grijalbo). Anagrama editó Conversaciones con Marx y Engels, de Hans Magnus Ezneberger. A destacar también Karl Marx, en documentos propios y testimonios gráficos (Edicusa, Madrid), o Lo que verdaderamente dijo Marx, de Ernest Fischer-Franz Marec (Aguilar), y la de conservadora de Isaías Berlín (Alianza).
El capítulo de su formación está cubierto, entre otros, por: La génesis del materialismo histórico, de Mario Rossi, obra monumental de la cual sólo hay una parte traducida al castellano, compuesta por 1. La izquierda hegeliana. 2. El joven Marx. 3. La concepción materialista de la historia (Comunicación, Madrid, 1971); La génesis del pensamiento filosófico de Karl Marx, de Sidney Hook (Ed. Seix Barral), La teoría de la revolución en el joven Marx, de Michael Lowy , La formación del pensamiento económico de Karl Marx: de 1843 hasta la redacción de El Capital, de Ernest Mandel (ambas en ed. Siglo XXI). Un estudio bibliográfico primordial es el de Pedro Ribas, La introducción del marxismo en España (1869-1939), (Ed. de la Torre, Madrid, 1981), y un compendio enciclopédico es el Diccionario del pensamiento marxista (Tecnos, Madrid, 1984), escrito por un equipo bajo la dirección de Tom Bottmore…
Entre sus obras editadas, valgan al vuelo estas notas que seguro requieren una´buena revisión: Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epícuro (Ayuso, Madrid, 1971); Crítica de la filosofía del Estado de Hegel y La cuestión judía, en Los anales franco-alemanes (Martínez Roca. BCN); Manuscritos económico-filosóficos (Alianza, Madrid, 1968); La sagrada familia (o crítica de la crítica contra Bruno Bauer y consortes), con Engels (Grijalbo, México, 1958); Las formaciones económicas precapitalistas (con prólogo de Eric J. Hobsbawn, ed. Cuadernos de Pasado y Presente); La ideología alemana, con Engels (Pueblo Unido, Montevideo, 1968, hay una traducción catalana en Edicions 62); La miseria de la filosofía (Aguilar, Madrid, 1973); con Engels, Contribución a la crítica de la economía política, prólogo de M. Dobb, con cartas de Marx, Engels y Lasalle (Comunicación, Madrid, 1970)…
Trabajo asalariado y capital. Salario, precio y beneficio (ed. Nova Terra, Barcelona, 1970); El 18 Brumario de Luis Bonaparte (Ariel, BCN, 1968); La lucha de clases en Francia, prólogo de Engels (Akal); Los fundamentos de la crítica de la economía capitalista (Comunicación, Madrid, 1972, II tomos); La guerra civil en Francia, introducción de Engels (Ricardo Aguilera, Madrid, 1970; Ed. Cultura Popular, Madrid); El Capital (Crítica de la economía política), con apéndice de Marx, Engels, Lenin y otros (Fondo de Cultura Económica, México, Akal ha hecho otra traducción que se compone de ocho tomos, otra edición, quizá la más cuidada es la de Grijalbo); Cartas sobre el Capital, con Engels (Edima, Barcelona); Teorías sobre la plusvalía (Comunicación, Madrid, 1974, II tomos).
Entre las selecciones: Sobre el modo de producción asiático, introducción y selección de Maurice Gordelier (Martínez Roca, Barcelona, 1969), Sobre arte y literatura, selección y prólogo de Valeriano Bozal (Comunicación); Sociología y filosofía social, selección e introducción de T. B. Bottomore y M. Rubel (Península, Barcelona, 1977), El marxismo y la cuestión nacional, con otros autores (Avance, BCN, 1977), Karl Marx, sociólogo del modo de producción capitalista, selección e introducción de Lorenzo Díaz Sánchez ( Akal, Madrid, 1976), Textos sobre la Primera Internacional (Castellote ed. Madrid, 1972), Sobre el sindicalismo, selección y pról. de J. Freville (2 tomos, Laia, Barcelona, 1976), Marxismo y terrorismo, con otros autores (Grijalbo), Sobre la religión (Sígueme, Salamanca, 1974), Escritos económicos varios (Grijalbo, México, 1962). Sobre la cuestión colonial (Cuadernos de Pasado y Presente), La revolución española (Ariel, BCN, 1967), La guerre civile nordeamericaine, Sur la socialdemocratie alemande (ambos en ed. 1O/18, París), Socialismo libertario, socialismo autoritario (Viejo Topo, Barcelona), Contra el anarquismo, con Engels y Lenin (ed. Progreso, Moscú), etc., etc. En todas ellas participa Engels. Obras escogidas y completas (dos tomos, Akal, Madrid, 1975), Antología de Marx, efectuada por E. Tierno Galván (Edicusa, Madrid, 1972). En cuanto su correspondencia, aquí se ha publicado la que tiene con Engels, en una edición anotada por Lenin (Grijalbo), y Cartas a Kugelman (Laia, BCN, 1975). Sus Obras Completas comenzaron a ser editadas por Grijalbo, en traducción de Manuel Sacristán.
En cuanto a Engels, no hay que decir que su obra es también indisociable de la de Marx, pero podemos ceñirnos a los títulos más específicos relacionados con él, como sus biografías, la clásica de G. Mayer, Friedrich Engels. Una biografía (FCE, México), y la más asequible de J. M. Bermudo Ávila, Conocer Engels y su obra (Ed. Dopesa, Barcelona, 1980).
Entre los diversos estudios de Engels conviene citar el de P. v. Kopnin, Engels y la filosofía de Hegel (Paidós, Buenos Aires, 1975), Engels y el materialismo histórico, de G. L. Gorshkova, Engels y la ciencia marxista, de E. T. Meliujin, Engels y la lógica de dialéctica, de I. S. Narsky, todos ellos autores soviéticos y editados también en Paidós. Pero sobre todo hay que destacar, El pensamiento filosófico de Engels, de Giuseppe Prestino (Ed. Siglo XXI, Madrid, 1975). Entre las otras obras propias de Engels están: Temas militares, Las guerras campesinas en Alemania, Dialéctica de la naturaleza, Anti-Dühring (La subversión de la ciencia por el señor Dühring), todas ellas fueron editadas por Grijalbo; El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Del socialismo utópico al socialismo científico, Crítica al programa de Erfurt (en Ayuso, Madrid); Escritos (Historia y economía, crítica social, filosofía, cartas) (Península, BCN, 1970; La revolución de la mayoría, selección y apéndice de Liana Longinotti (Avance, Barcelona, 1975), que reincide en la manipulación de sus escritos esta vez para justificar posiciones eurocomunistas...
Lo más curioso de todo esto, es que sí bien el lector no versado, puede encontrarse con dificultades en un principio, en la medida que avanza, y se hace al lenguaje, comienza conocer los hechos, llega a un momento en el que se engancha, algo que mi me ocurrió con el Mehring, pero también con las páginas de la correspondencia entre ambos señores, los que mejor describieron el génesis, impulso, desarrollo, apogeo y decadencia del capitalismo. Claro, que otra cuestión es la de las alternativas, y en esto el capitalismo ha resultado especialmente perverso, ha sabido corromper a sus propios revolucionaros, pero sobre esto también habría mucho que hablar.
Doctor Vidal, gracias donde quiera que esté.