22/8/11

Movimiento estudiantil en Chile


Bruno Peron Loureiro  /  Especial para Gramscimanía
Las protestas estudiantiles irrumpieron en mayo de 2011 y se difundieron a varias localidades en Chile, luego de décadas que este país se había acreditado como el triunfo neoliberal de una economía pretendidamente estable, fuerte y próspera.
Desde la caída del proyecto popular y socialista instaurado con Salvador Allende en la primera mitad de la década de los 70 hasta su transformación en un país sumamente desigual y vuelto hacia los tratados de liberación comercial, el gobierno de Chile clasifica hoy su sistema educativo como un negocio más, orientado por las leyes del mercado.
Millares de estudiantes secundarios, universitarios, profesores, sindicalistas y simpatizantes se manifestaron a favor de una educación gratuita y de calidad en Santiago, el 9 de agosto de 2011 y retornaron a las calles el 18 del mismo mes a despecho de la intemperie. En este mes, las movilizaciones estudiantiles reunieron el mayor número de participantes y tuvieron repercusión internacional.
En el último episodio, algunos manifestantes encapuchados levantaron barricadas en las calles de la capital chilena a fin de abrir paso a los opositores a las políticas del gobierno en el sector educativo, lo que generó enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, como es de esperar de los regímenes que no aceptan divergencias de opinión y determinan lugares y horarios en los que se permiten las protestas.
La gestión de Sebastián Piñera no retrasó su respuesta a las manifestaciones. El presidente instó al diálogo, previó mejoras en la calidad de la educación y exhortó al fin de los actos de violencia que nada tienen que ver con la movilización estudiantil en las calles. A la vez el ministro de Educación recién nombrado, Felipe Bulnes propuso la ampliación de las bolsas y créditos a los más pobres y la observancia de la ley que prohíbe el lucro en las universidades públicas. Como si las demandas estudiantiles fueran tan puntuales y se prescindiese de una revisión radical de las políticas públicas educativas.
Por el contrario, la dirigencia del movimiento estudiantil que convocó a las protestas sugiere el cambio de paradigma en la educación chilena y no sólo el aumento de recursos estatales al sistema vigente. La líder Camila Vallejo cuestionó en una entrevista con los medios de comunicación, si el gobierno desea “fortalecer un sistema nacional de educación pública” o “subsidiar la iniciativa privada”.
Si no existe en cualquier país presión estudiantil a favor de sus intereses y a través de un movimiento organizado, el futuro de este sector estará en manos de operadores gubernamentales bien intencionados o ávidos de atacarlo. En la duda, es mejor que los propios interesados asuman el control de la situación.
El avance de las políticas neoliberales en Chile lo convirtió en un país de renta per capita elevada, pero la distancia del Estado frente a los desafíos de urbanización y políticas sociales intensificó la pésima distribución de sus riquezas. Junto a los sectores desatendidos, las universidades públicas se convirtieron en espacios de captación de aquellos estudiantes que pueden costear sus estudios y de otros a los que se brindan préstamos educativos.
Chile es uno de los países latinoamericanos donde las instituciones privadas de enseñanza crecen a un ritmo que agrada a los inversores que encuentran condiciones para dictar las reglas educativas. Sin embargo el criterio económico no selecciona a los mas aptos para estudiar en detrimento del mérito de los que tienen capacidad pero no disponen de la renta suficiente para financiar su propia educación.
Es necesario tener convergencia entre ideas y acciones para que todo movimiento social prospere. No se trata de rogar por la unanimidad, que extinguiría la flama del debate, sino canalizar las demandas en la dirección de proyectos viables e impulsadores del trato de los estudiantes.
Por un lado, la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH) recibe críticas por su negligencia hacia las universidades privadas, la falta de representación de la totalidad de los estudiantes chilenos y la centralización del movimiento en Santiago. Por otro lado, ¿No es que las universidades privadas se crearon para andar con sus propias piernas y con la menor interferencia del Estado? ¿Qué el movimiento no representa la totalidad de las demandas del sector? ¿Qué culpa tiene el movimiento estudiantil de que la mayor parte de los perjudicados e interesados en protestar están en Santiago y no en Concepción, Valdivia o Valparaíso?
La tentativa de dividir al movimiento estudiantil chileno no anulará el vigor de sus demandas ni encubrirá la claridad de propósitos de sus dirigentes, no importa cuan incisiva o estrambótica sea la respuesta de Piñera.
El movimiento estudiantil chileno predica mucho más que la reforma del sistema educativo y toca el común denominador de cualquier estudiante de este país sudamericano que aspire a una oferta de cursos superiores, gratuitos y de excelente calidad.