29/8/11

Momento político en Chile: Globalización, ajuste económico y la educación


Juan Francisco Coloane

El movimiento estudiantil que convulsiona el ambiente político en Chile y que lleva más de tres meses es un tema local con impacto internacional. 
Si el movimiento es indicador de algo, es que la aplicación de casi tres décadas décadas de reforma educacional en Chile no está funcionando. Aunque existe algo más profundo aún. Como educación ha sido uno de los “ejes ideológicos” del Ajuste, es probable que la evidente inadecuación del Ajuste Económico a la realidad del desarrollo chileno, se esté evaluando por los resultados en el sector de la educación.
En el proceso de movilizaciones un aspecto central del problema ha pasado inadvertido y que sea tal vez lo más determinante. El modelo educacional chileno es obra y gracia de los programas de reforma sectorial implementados a escala mundial por el Banco Mundial y que las economías de cada país debían adoptar imperativamente para poder ser rescatados de las falencias económicas de la crisis de los años 70 que se prolonga en los 80 del siglo pasado .
Los que protestan para que la educación vuelva a ser gratis, en su mayoría ni siquiera habían nacido, aunque sí sus padres que sufrieron el cambio de rumbo de la economía, especialmente los de ingresos medianos y bajos.
Las economías de cada país, tanto de los agrupados bajo la OCDE y los más subdesarrollados, debían adoptar imperativamente para poder ser rescatados de la crisis, un modelo económico basado en la privatización, la desregulación y la apertura de mercados internacionales. Esta era una condición sine qua non, en el caso de países más endeudados como Chile, para obtener préstamos externos del FMI fundamentalmente.
La idea central consiste en aceptar la condicionalidad de la deuda externa de los países en vías de desarrollo para acceder a los recursos monetarios que les permitiera equilibrar sus economías. Esto es, reducir la inflación y contener tanto el gasto como la deuda fiscal y precarizar el empleo con la llamada flexibilidad laboral, para mejorar la competitividad. Un aspecto central del modelo es la reducción del costo del trabajo para la revalorizar el capital estimulando indirectamente el desempleo o empleo precario.
Los problemas de balanza de pagos y equilibrio fiscal para recomponer el valor del capital significó una transformación estructural de las economías con un eje: aumentar la rentabilidad en cualquier espacio de inversión de capital, independiente del origen y la velocidad de su recuperación.
Educación y salud, dos sectores de inversión de capital con rentabilidad de lenta maduración, (educación más que salud) fueron escogidos bajo el precepto de que el aumento de la eficiencia de estos dos sectores debería provenir de la libre participación en el mercado logrando así la competencia perfecta. El estado en este caso (“propietario de educación) al alterar el libre juego de las fuerzas del mercado, impide el equilibrio de la competencia perfecta estimulada por el libre mercado, que es como se genera la mayor eficiencia. La figura teórica cuyo origen es Adam Smith, que podría ser viable en peras y manzanas, en educación concebida como otra fábrica que confecciona un producto que se coloca en el mercado es burda y raya en la falacia.
El proceso de gestación de la reforma educacional como un componente vital del ajuste, se inicia con la dictadura militar, que se implementa con una medida fuerza principal: la privatización de la enseñanza. El foco es que funcione en un sistema de rentabilidad para su gradual autofinanciamiento, en donde familias, sostenedores (dueños), apoderados, alumnos, y personal técnico y administrativo de la escuela conformen un bloque empresarial. El colegio es el lugar físico, las personas son sus productores. Entre ellos, el estudiante, que debe demostrar competencia para proseguir su educación.
La reforma continúa en los años 90 con el advenimiento de la democracia. Tanto el soporte técnico como financiero de una reforma que no resolvió los problemas de fondo, como ha quedado demostrado por el registro político derivado del movimiento estudiantil, provienen de una estrecha asociación técnica y política entre el Banco Mundial y los gobiernos de la coalición de centro-izquierda llamada Concertación que gobernó en Chile 20 años.
Es así que en toda la resonancia política generada por el movimiento, la gravitación del Banco Mundial en la educación en Chile ha estado ausente en el debate. Educación ha sido el “caballito de Troya” del sistema económico, sobre el cual de edifican desigualdades funcionales al sistema y en donde se genera la ideología del modelo desde el temprano aprendizaje. El niño apenas tiene uso de razón internaliza que el tema de educarse cuesta dinero, que el como sujeto forma parte del mercado.
El Banco Mundial ha invertido gruesas sumas en mejorar la calidad de la educación chilena. En 1992 con un préstamo de U$S 170 millones a 15 años, para el programa de mejoramiento de la calidad de la educación (MECE.1996). En 2006 aprobó otro crédito de U$S 60 millones, para el mejoramiento de la educación universitaria e investigación científica.De esos 170 millones de dólares una parte menor se destinó a la educación secundaria.
El Banco Mundial ha elogiado el resultado de la reforma educacional chilena y el rendimiento de sus componentes principales, descentralización, financiamiento, Jornada Escolar Completa (JEC), Ley Orgánica Constitucional para la Enseñanza (LOCE) y los sistemas de evaluación. “ El resultado es uno de los sistemas educacionales más innovadores, costo eficiente, y comparativamente equitativos entre los países en vías de desarrollo”. Así son las conlusiones del informe “ Education Reforms in Chile: A lesson in pragmatism”. (Banco Mundial 2000).
Si bien la Concertación de partidos por la democracia no inventó el Ajuste y la reforma de los 80, se vió obligada a mantener los principios y concentrarse a mejorar los aspectos de cobertura y calidad en la medida que los compromisos con el Banco Mundial no fueran alterados.
El Ajuste está explicado casi a la perfección en Crisis y Ajuste a la Economía Mundial (Arrizabalo, X. Editor, 1997) que debería ser un libro de cabecera para entender cómo funciona el sistema. Para los “cabezas de músculos” del modelo económico que pomposamente se le llama neoliberal, y que de liberal no tiene nada excepto el libre mercado, debería ser lectura obligatoria 365 días en el año como penitencia por haber provocado el actual fracaso.
Desafortunadamente se impuso como axioma en los años 80 y del cuál ha sido difícil desprenderse. Es como una ideología de punta en el actual entramado del conservadurismo protagónico en países que lideran al resto. Es la ideología del Tea Party de los republicanos en EEUU, de Sarkozy en Francia, de Cameron en Inglaterra, en el aspirante Rajoy en España.
En el cono sur de esta región, esa filosofía de la educación como producción para un mercado es liderada por la alianza conservadora que gobierna en Chile, y tiene muchos adherentes en la centro -izquierda particularmente en el sector tecnocrático.
Hay como un acto de fe en el sentido de la imposibilidad técnica (¿y política?), de echar pie atrás. Como que la educación privatizada como parte del engranaje del mercado está para quedarse porque el actual modelo económico lo exige. Es probable que estos adláteres de la educación como elemento central del modelo económico, no solo tengan la razón técnica sino que representan fielmente el desmán político causado por el triunfo del conservadurismo en esta época, porque la mayor parte de ellos provenían de sectores de la izquierda desencajada y desconsolada por épicas rasgadas en su propia ineficiencia. Ha sido una generación de técnicos y políticos que se ha equivocado dos veces, de allí ese marcado divorcio entre los que protestan y la elite política, donde no se hace distinción. En Chile vienen fracasando desde hace más de 40 años.
Como conclusión. Las misma escasez de posibilidades abiertas por las movilizaciones estudiantiles de 2006, continúan siendo válidas en la crisis política causada por el actual movimiento: a) que la calidad de la educación mejore bajo una moderada reforma de las actuales estructuras que han fallado; b) que el estado asuma un rol más protagónico en administración y finanzas, lo que requiere de una reforma tributaria y otra de tipo constitucional; y c) que el movimiento haya creado nada más que un nuevo clima de expectativas que después será imposible cumplirlas porque en el país no existe un clima para reformas profundas.