15/8/11

Marx y los márgenes del mundo


Alain Gresh
El objetivo este blog y de mi cuenta Twitter es intentar transmitir una información diferente sobre Oriente. No se trata solamente de intentar dar noticias diferentes, ni analizar lo que pasa, sino también de cambiar la perspectiva de lectura a través de la cual observamos Oriente. Es necesario deshacerse de esta visión eurocentrista y occidental-centrista que caracteriza a menudo a los medios de comunicación y a los intelectuales, incluidos los de izquierda.
Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.Es por esa razón que evoco aquí este libro que podría aparecer bien lejos de los temas habituales, se trata del libro de Kevin B. Anderson, Marx at the Margins. On Nationalism, Ethnicity, and Non-Western Societies (The University of Chicago, 2010).
El autor, profesor de Sociología y ciencia política de la Universidad de California en Santa Bárbara, explora la marcha del pensamiento de Karl Marx, basándose en textos a menudo desconocidos (una parte importantes de la obra de Marx aún permanece sin publicar). Explora el pensamiento de Marx sobre China y la India, sobre Rusia, sobre la guerra civil en los Estados Unidos (y las cuestiones de raza y clase), sobre Irlanda (relación entre nacionalismo y clase), lo hace sobre estos “márgenes del mundo”, lejos del centro capitalista. Cautivandor y estimulante.
Como punto de partida, tomemos el Manifiesto Comunista publicado en 1848 que afirma: “La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción y con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, arrastra a la civilización hasta a las naciones más bárbaras. El bajo precio de sus productos es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular hasta a los salvajes más xenófobos y fanáticos. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer. Las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Resumiendo, se crea un mundo a su imagen y semejanza”. Pese a las reservas expresadas por las palabras “llamada civilización”, marca claramente: el capitalismo aporta cambios radicales que representan un progreso y Europa muestra el camino a todas las naciones del mundo.
Cuando, en junio de 1853, Marx examina la política británica en la India, sugiere que todas las sociedades, incluida la India, están destinadas a seguir el mismo camino que Europa, la del desarrollo capitalista. En este punto de su trabajo, se trata incluso de un “gran relato” (marcado por el pensamiento de Hegel). Marx celebra los efectos positivos de la civilización superior británica sobre la civilización inferior de la India [1].
Sólo a partir de 1856 y de la segunda guerra del opio, Marx comienza a escribir más sistemáticamente sobre China. Mientras que justificó en parte la primera guerra del opio (1842-1843), a pesar de su pretexto “infame”, ya que implicaba la apertura de este país al comercio, condena mucho más claramente la segunda. Marx reconoce cada vez más el carácter destructivo del desarrollo capitalista y cuestiona su carácter progresista.
Sobre los movimientos nacionales en Polonia e Irlanda, Marx pensaba en los años 1847-1848 que la liberación de Polonia sería el resultado de la revolución proletaria, mientras que en los años 1860, pensaba al contrario que la liberación de Polonia sería la condición del desarrollo del movimiento obrero, en particular, en Alemania.
Adoptará el mismo punto de vista con Irlanda. En una carta a Engels del 10 de diciembre de 1869, escribe: “Mucho tiempo creí que la caída del régimen en Irlanda [recordemos que este país formaba parte entonces del Reino Unido] por la ascensión de la clase obrera inglesa. (...) Estudios más detenidos me condujeron a la opinión contraria. La clase obrera inglesa no podrá realizar nada antes de haberse deshecho de Irlanda. La palanca debe aplicarse en Irlanda. Es por eso que la cuestión irlandesa es tan importante para el movimiento social [2]. »
Es que Marx comprendió hasta qué punto la opresión de una nación por otra puede afectar a la clase obrera del país dominante. Y de explicar que “el obrero ordinario inglés odia al obrero irlandés a quien ve como un competidor que pesa sobre su nivel de vida (haciendo bajar los salarios). Se siente superior al irlandés ya que pertenece a la nación dominante y pasa a ser así un instrumento de los aristócratas y de los capitalistas ingleses contra Irlanda, reforzando así su poder sobre él mismo. (...) Este antagonismo es el secreto de la impotencia de los obreros ingleses a pesar de su organización. Es el secreto del mantenimiento de la dominación capitalista [3]. »
Durante la guerra civil en los Estados Unidos (1861-1864), Marx se comprometió como periodista y como dirigente de la Primera Internacional (creada en 1864). Elogiará la obra de Lincoln, incluso si criticó en sucesivas ocasiones su negativa a comprometerse en una guerra revolucionaria integrando negros en el ejército o pidiendo a los esclavos que se rebelaran. En un mensaje al pueblo estadounidense en 1865, la Internacional advierte: “Hagan que todos los ciudadanos sean declarados iguales en derecho y libres, sin ninguna restricción. Si fallan en darles sus derechos mientras que les piden respetar sus deberes, quedará pendiente una lucha para el futuro que puede de nuevo provocar derramamientos de sangre del pueblo” [4]. La liberación de los negros se transformará en una condición para la emancipación de los trabajadores.
En sus cuadernos para preparar El Capital y en esa obra (el libro I), afirma cada vez más que su trabajo se refiere a Europa y que la India, China o incluso Rusia deben estudiarse de manera específica, ya que su historia no vuelve a entrar en el marco de los “estados sucesivos” de desarrollo: sociedades primitivas, esclavismo, feudalismo, capitalismo. Introduce el método de producción asiático y vuelve de nuevo de manera positiva sobre las formas de propiedad comunal que se mantuvieron en ese país (y también en Rusia).
Durante la última década de su vida, el trabajo de Marx fue considerable pero, esencialmente, no publicado. El autor examina su análisis de las sociedades iroquesa y la griega antigua, sobre la India, Indonesia, Argelia, América Latina, y sobre todo Rusia. En una carta publicada después de la traducción al ruso de El Capital, Marx tiene en cuenta que la fatalidad del desarrollo del capitalismo tal como la describe “se limita a los países de la Europa Occidental”.
Como conclusión de su obra, Anderson escribió: “En resumen, puse de manifiesto en este estudio que Marx había desarrollado una teoría dialéctica del cambio social que no era ni unilineal (sucesión de modos de producción), ni fundada solamente sobre las clases. A medida que su teoría del desarrollo social evolucionaba en una dirección multilineal, su teoría de la revolución se concentraba de manera creciente en la intersección entre clase, etnicismo, raza y nacionalismo. Ciertamente, Marx no era un filósofo de la diferencia en sentido postmoderno del término, ya que la crítica de una entidad superior, el capital, estaba en el centro de su empresa intelectual. Pero este carácter central no significaba la exclusividad. La teoría social del Marx en su madurez volvía en torno al concepto de “totalidad” que no ofrecía solamente la ventaja de dejar un gran lugar a las particularidades y a las diferencias, sino también, en algunos casos, hacía de estas particularidades -raza, etnia, o nacionalidad- elementos determinantes de la totalidad [5]. »
Todas estas reflexiones son importantes para incluir el mundo de hoy y la articulación entre los problemas de “clase”, de “nación”, de “raza” y también de “género”. Contra la idea que basta con solucionar la cuestión social para solucionar los otros “problemas”, Marx abrió la vía a una reflexión bien más fructífera y a una articulación de los distintos niveles de luchas.
Notas
El autor del artículo en francés consideró importante referir mediante notas los trozos del libro en el idioma original utilizados y traducidos en el texto. Respetando su criterio se conservaron dichas notas (NdT).
[1] « First, Marx suggest that all societies, including India, are destined to tread the same pathway as was the West, that of capitalist development. It is virtually a grand narrative at this point in Marx’s work » (influence de Hegel) ; « Second, he repeatedly extolls the beneficial effects of Brittain’s “higher” civilization on India’s “lower” one. » (p. 20)
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2] « For a long time, I believed it would be possible to overthrow the Irish regime by English working class ascendancy. I always took this viewpoint in the New York Tribune. Deeper study has now convinced me of the opposite. The English working class will never accomplish anything before it has got rid of Ireland. The lever must be applied in Ireland. This is why the Irish question is so important for the social movement in general. » (p. 144)
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3] « All industrial and commercial centers in England now have a working class split into two hostile camps, English proletarians and Irish proletarians. The ordinary English worker hates the Irish worker as a competitor who forces down the standard of life. In relation to the Irish worker, he feels himself to be a member of the dominant nation and, therefore, make himself a tool of his aristocrats and capitalists against Ireland, thus strengthening their domination over himself. (…) This antagonism is the secret of the powerlessness of the English working class, despite its organization. It is the secret of the capitalist class’s maintenance of its power. And the latter is fully conscious of this. » (pp. 149-150)
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4] « Let your citizens of to-day be declared free and equal, without reserve. If you fail to give them their citizen’s rights, while you demande citizen’s duties, there will yet remain a struggle for the future which may again stain your country with your people’s blood. » (p. 113)
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5] « In sum, I have argued in this study that Marx developed a dialectical theory of social change that was neither unilinear nor exclusively class-based. Just as his theory of social development evolved in a more multilinear direction, so his theory of revolution began over time to concentrate increasingly on the intersectionality of class with ethnicity, race, and nationalism. To be sure, Marx was not a philosopher of difference in the postmodernist sense, for the critique of a single overarching entity, capital, was at the center of his entire intellectual enterprise. But centrality did not mean univocality or exclusivity. Marx’s mature social theory revolved around a concept of totality that not only offered considerable scope for particularity and difference but also on occasion made those particulars – race, ethnicity, or nationality – determinants for the totality. Such was the case when he held that an Irish national revolution might be the “lever” that would help to overthrow capitalism in Britain, or when he wrote that a revolution rooted in Russia’s rural communes might serve at the starting point for a Europe-wide communist development. » (p. 244)