2/8/11

Los restos de Salvador Allende todavía no descansan


Ernesto Carmona
Una semana después que el juez Mario Carroza aceptara la tesis del suicidio del Dr. Salvador Allende y dispusiera la entrega del cuerpo a la familia, sus restos continúan en la morgue de Santiago a la espera de un nuevo funeral, programado para el 4 de septiembre por su hija Isabel, senadora por el partido Socialista.
Los más relevantes reivindicadores del pensamiento de Allende son hoy centenas de miles de jóvenes que nacieron mucho después de su muerte: el mundo estudiantil que postula la re-nacionalización del cobre, cuya privatización fue encaminada por los militares y consumada en 20 años de gobierno de la Concertación. Mientras otros se aprestan a sacarle brillo a su memoria para remontar la decadencia en las encuestas, la “doctrina Allende” continúa dando batallas ideológicas a 38 años de la muerte de su autor, como ocurrió con otros grandes protagonistas del imaginario universal. Asimismo, hay impugnaciones al dictamen de suicidio.
La fecha prevista para el nuevo funeral, 4 de septiembre, tiene una poderosa connotación simbólica en la política chilena, que se extiende a todo ese mes. El 18 de septiembre de 1810 se celebró el cabildo abierto que inició el tránsito a la independencia de España, por lo que suele llamársele “el mes de la patria”. También en ese mes se dieron numerosos golpes, incluido el de Pinochet, que fue el 11 de septiembre de 1973, fecha que fue feriado oficial hasta 1998 y todavía es recordada con el nombre de una importante avenida del sector más adinerado de Santiago, concebida como prolongación de la conocida Alameda Bernardo O’Higgins. Nadie se ha jugado seriamente por cambiar el nombre de esa importante arteria de Providencia, comuna santiaguina gobernada por un alcalde de extrema derecha, un ex militar que formó parte de los servicios de inteligencia del dictador. Ninguna arteria relevante de la capital se llama “18 de septiembre”, excepto cuatro calles y pasajes de la capital chilena. El nombre del Dr. Allende tampoco lo recuerda ninguna vía importante, apenas cuatro calles y pasajes menores de municipios periféricos del casco urbano llamado Santiago Centro y otras tres localidades del área metropolitana del gran Santiago.
El 4 de septiembre era el día de las elecciones presidenciales que se realizaban cada 6 años, según el ordenamiento jurídico destrozado por el golpe militar. El Dr. Allende ganó esos comicios en 1970, al frente de la coalición Unidad Popular. Pero antes postuló por primera vez en 1952, apoyado sólo por una fracción del PS, mientras el grueso del partido se inclinó por el ex dictador Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931), general de ejército en retiro que resultó elegido con una gran votación para el período 1952-1958 e hizo un gobierno criticado por la corrupción. En 1958, Allende volvió a intentarlo como abanderado de una coalición con eje socialista-comunista llamada “Frente de Acción Popular”, FRAP, que resultó derrotada por escasos 30 mil votos por Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964), el único gobernante de derecha elegido en las urnas en más de medio siglo, hasta el advenimiento de Sebastián Piñera en 2010. Alessandri también intentó gobernar con un gabinete de “gerentes”, como se denominaba entonces genéricamente a los altos ejecutivos del sector privado. Allende, incansable, volvió a la carga en 1964, de nuevo con el FRAP, pero esta vez se impuso el demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva (1964-1970), quien levantó un programa de reforma agraria y “revolución en libertad”, le entregó el poder a Allende en 1970 y en 1973 fue uno de los artífices del golpe, que defendió ante el italiano Mariano Rumor (1), entonces presidente de la Unión Mundial de la Democracia Cristiana (Frei Montalva, al igual que su partido, terminó alejándose de la dictadura y fue asesinado por los militares en 1982).
Funerales anteriores
Los restos de Allende recibieron un primer funeral público multitudinario en Santiago el 4 de septiembre de 1990, tras su exhumación de una tumba anónima del cementerio Santa Inés de Viña del Mar, donde fueron enterrados sigilosamente, sin ceremonia, y en una urna sellada por los militares, durante la noche del 12 de septiembre de 1973. El cuerpo del Dr. Allende fue exhumado de nuevo el 23 de mayo 2011 por orden del juez Carroza para esclarecer con nuevos peritajes si efectivamente murió por suicidio o asesinato. En total, el cuerpo del líder popular ha sido sometido a tres autopsias: primero, la que hicieron los militares en 1973, otra revisión “informal”, más bien identificatoria, en 1990, bajo el gobierno de Patricio Aylwin, y el último estudio ordenado por el juez Carroza.
El Poder Judicial prácticamente cerró el caso de la muerte de Allende con el dictamen de suicidio emitido por once expertos forenses reunidos por el Servicio Médico Legal (SML), aunque el magistrado Carroza aún debe cerrar formalmente la “indagatoria”. La familia de Allende se mostró conforme porque siempre sostuvo la tesis del suicidio. Entretanto, han surgido cuestionamientos al veredicto de suicidio suscrito por once expertos (2): Marisol Intriago Leiva, antropóloga, encargada de la Unidad de Identificación Forense del SML; Germán Tapia Coppa, médico legista; Ángel Medina Bejarano, antropólogo físico; Isabel Martínez Armijo, arqueóloga; Agustín Hernández Canihuante, fotógrafo forense; Douglas Ubelaker, antropólogo físico; Mary Luz Morales, médico patóloga; David Pryor, perito balístico; el perito ad hoc Francisco Etxeberría Gabilondo, médico legista, designado por la familia Allende; los veedores internacionales Felipe Donoso, Representante Regional del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) para el Cono Sur de América y Brasil; Morris Tidball-Binz, médico, Coordinador Forense del CICR; y Luis Fondebrider, antropólogo, miembro del Equipo de Antropología Forense Argentino, organismo asesor del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU.
El nuevo funeral
La senadora PS Isabel Allende explicó a la prensa que la decisión de la familia responde a numerosas solicitudes para realizar una nueva ceremonia y agregó que la iniciativa cuenta con el respaldo de su partido. "Ya lo conversé con el presidente del Partido Socialista [Osvaldo Andrade]; están por supuesto muy de acuerdo, así que la idea es hacerlo el 4 de septiembre", añadió.
Mientras algunos aspiran a vestirse políticamente con un nuevo entierro, que se da por sentado volverá a ser multitudinario, la reivindicación más real de la ideología del Dr. Allende ya no radica en su partido sino en los estudiantes que reclaman por una educación gratuita y de buena calidad, financiada por el Estado con una re-nacionalización del cobre, cuya producción global hoy pertenece en más de 70% a corporaciones privadas chilenas y extranjeras, con menos de 30% a cargo del Estado a través de la Corporación del Cobre (Codelco). La memoria política del Dr. Allende está ligada a la redistribución del ingreso que mejoró las condiciones de vida del pueblo trabajador con cargo a los ingresos derivados de la nacionalización de la principal riqueza minera del país.
Cuando asumió la Concertación en 1990, el 90% de la producción de cobre todavía respondía al esfuerzo del Estado (80 % de Codelco y 10% a la Empresa Nacional de Minería, Enami), pero leyes sigilosas impulsadas por los partidos de ese conglomerado, en alianza con la derecha tradicional, permitieron el ingreso de capitales privados que revirtieron la propiedad sobre una producción de cobre hoy 10 veces mayor que en tiempos de Allende, según el economista Julián Alcayaga (3). Sólo en 2010, los privados ganaron más de 25 mil millones de dólares, 5 veces el valor de la educación superior que pagan las familias, más un aporte mínimo del Estado, afirmó el economista Manuel Riesco (4). “Las utilidades, según los propios balances de las compañías, sumaron 76.800 millones en el quinquenio 2005-2009”, precisó Riesco. Los organizadores del nuevo funeral fueron partícipes del proceso de desnacionalización encubierta fundada en una ley de 1983 impulsada por José Piñera, hermano del actual presidente.
Impugnaciones al suicidio
La principal impugnación al dictamen de suicidio del SML fue presentada a los tribunales por el abogado Roberto Ávila en representación de “un grupo de socialistas”. Para otros cercanos al Presidente, como su amigo Víctor Pey, dueño del desaparecido matutino Clarín (lleva 14 años luchando contra el Estado por la devolución del diario allendista), el suicidio puede parecer algo feo para la formación cristiana del grueso de los chilenos, pero está convencido que el Dr. Allende se quitó la vida antes que ser vejado por los golpistas de 1973. Piensa que sus últimas palabras, transmitidas en vivo y directo por el periodista Guillermo Ravest a través de la desaparecida señal de radio Magallanes, anunciaron claramente su propósito suicida cuando dijo: “Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”. Allende fue el único presidente latinoamericano, por lo menos del siglo 20, que sesgó su vida antes que someterse a un golpe militar consumado.
Para Víctor Pey “está ocurriendo un fenómeno cuyas causas no alcanzo a comprender y que lleva a periodistas [y a otros] a seguir sosteniendo las versiones más fantasiosas sobre aquello, sin ver, tampoco, qué fines persiguen con tanta fantasía estrambótica”, aludiendo así a la teoría de un “suicidio asistido” consumado por un escolta o a un proyectil que entró supuestamente por un ojo y otras teorías. También desestimó “las autopsias históricas” basadas en el mero análisis de documentos y criticó el prurito por una “sacrosanta ‘verdad jurídica’, como si la historia se transformara en ciencia exacta en la medida en que se nutra de ellas, de las ‘verdades jurídicas’". Como Pey, muchos pensamos que el suicidio no desmerece la entereza política del Dr. Allende, como tampoco disminuye la del periodista Augusto Olivares Becerra, su amigo, quien también se inmoló aquel día en el Palacio de La Moneda. Pocos de sus colabores sobrevivieron. La mayor parte de quienes fueron detenidos por los militares se convirtieron en desaparecidos.
Notas
Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.
Fuente: http://www.argenpress.info/2011/08/los-restos-de-allende-todavia-no.html