1/8/11

Los Medios y el Complejo de Medea


Mumía Abú-Jamal
Aquellos que leen regularmente mis comentarios saben que no he dicho una palabra sobre el caso de Casey Anthony. La razón es simple: nunca he creído que ésa es una historia de importancia nacional.
En verdad, fue una burbuja agigantada por las cadenas de televisión, un "espectáculo de la vida real" de a verdad, que tenía belleza, tragedia e implicaciones sexuales.
Si Casey fuera Mercedes o Kelsha, (En otras palabras, si fuera latina o negra), ni siquiera supiéramos su nombre.
Pero una bonita muchacha blanca y una preciosa bebé de ojos azules son una mina de oro para ganar audiencias --y los directores de programas de televisión en cable se agarraron de la historia como cocodrilos se aferran a una gallina.
Fue explotación al comienzo --y es explotación hoy; una versión moderna de la historia de Medea para asustar, pero también para titilar y entretener audiencias norteamericanas, para distraerlas de la cada vez más precaria vida en este  decadente imperio. ¿Para qué preocuparse de las guerras, del trabajo, o de los problemas del sistema de educación cuando el espectáculo de Casey Anthony nos tiene cautivados?
Cuando el poeta y dramaturgo griego Eurípides escribió Medea, hace 2, 400 años, él estremeció al mundo con mujeres amargas y vengativas en el escenario. Medea (no confundirla con Madea, la creación cómica del productor de cine y televisión, Tyler Perry) era una hechicera que amó y se casó con el explorador griego, Jasón (de los famosos Argonautas), quien pronto se enamoró de otra mujer. Medea envió al nuevo amor de Jasón un vestido de novia que la mató, y después Medea mató a los dos hijos que ella tuvo con Jasón.
Así que, madres que matan a sus hijos, aún cuando son indudablemente aterradoras y detestables, viven en lo profundo de la psiquis de Occidente.
Y, hablando de la psiquis de Occidente, Barry Spector, psicólogo e historiador, nos dice que eso no solo está en nuestras mentes. Según Spector, "Estados Unidos, […) es excepcional: [porque) tiene el nivel más alto en el mundo de padres que matan a sus propios hijos," (p.280).*
Mientras la economía se viene abajo y la vida misma se hace más difícil, los más jóvenes son los primeros que sufren, no solo por parte de sus padres que llegan a estar fuera de quicio o traumatizados, si no también por los sistemas sociales, por las instituciones gubernamentales y educativas que los consideran sustituibles, que se les puede sacrificar.
Porque, cada vez más ellos son vistos como los soldados en potencia que harán de policías en las colonias, peones en el trabajo de esclavos en labores interminables (si son lo suficientemente afortunados y obtienen uno de esos trabajos!), o prisioneros que llenen las cárceles del complejo industrial de prisiones.
Esa historia, sin embargo, no es noticia interesante para los cables de televisión.
Fuente: Barry Spector, Locura en las Puertas de la Ciudad, (Madness at the Gates of the City, Berkeley, California: Regent Press. 2010).