30/8/11

Los flotantes “œufs de Fabergé” del modelo nacional (Algo huele a podrido en Tucumán)


Rolando “El Negro” Gómez  /  Especial para Gramscimanía
El Zar acaba de recibir regalos, y está festejando.  Ornados en lapizlázuli patagónico, jaspe du boudou, malaquita bussista y ágata menemista; todo junto y acoplado.  Unas verdaderas joyas.  Decorados además por escribas guilloche, de aquellos que escriben repetitivos y elaborados lugares comunes en loas al modelo en el diario oficialista, pero que no pueden ocultar su etnocentrismo porteño en su supuesto arranque folclórico, porque llamaron a los regalos…los “tuku-tuku” (“con las hilachitas de una esperanza forman sus sueños los tucumanos”).
Con el Zar festejan en las calles los representantes del modelo, los acoplados y los “opositores”.  Saben que los zafiros, los rubíes y las esmeraldas los esperan en jugosos contratos estatales y municipales.  Cuatro años más de plutocracia, ahora con acoplados.  El Zar va a repartir algo de oro, platino y diamantes, y tal vez luego acordone algunas calles más de la periferia y hasta tal vez las asfalte, en eso de “distribuir”.  Los chicos de Atahona incluso tal vez vendan ahora sus adornitos de totora en la calle congreso, para poder “incluir” a sus padres en el sur que siguen sin un trabajo decente.
Los regalos de la Duma fueron recolectados en cuartos oscuros, donde era imposible discernir entre el brillante jade y el anhídrido sulfuroso ya formado en la yema.  Las boletas de verdadero valor estaban en el piso, sin fiscales que las defiendan ni posibilidad alguna de que su valor sea contemplado por los votantes ante tanto brillo exterior y podredumbre interior.
Para unos cuantos tucumanos que trataron heroicamente de mandar un mensaje de lucha en este festejo de bolsones, se trata ahora de volver a lo básico: activismo de base, organización obrera y lucha de clases.  Seguir adelante; firmes y consecuentes.
Los bolsones del Zar y sus aliados del modelo son la prueba misma de la existencia de la plutocracia.  Tener que distribuir alimentos en bolsitas (sin huevos frescos; esos no duran cuatro años) prueba fehacientemente que Tucumán todavía arde, aunque los escribas porteños no se lo cuenten a sus lectores.
Aunque estos regalos pasen a la historia como verdaderas obras de arte (del engaño), son solamente ornamentos.  No tienen contenido.  Aunque por ahora brillen y maravillen, los regalos del Zar son huecos; flotan en el agua, están podridos.
Tucumán todavía sorprenderá algún día al Zar -y a la Duma- con otro 9 de enero de 1905.