12/8/11

La protesta de las carpas resucita dinámicas saludables en la sociedad israelí


Iuval Ben-Amí  /  Especial para Gramscimanía
En el año 1.989 mi padre fue designado corresponsal de la Radio Estatal de Israel en Washington, y mi familia dejó [Israel] por un período de tres años en Estados Unidos.  Estaba muy claro entonces qué país dejábamos y a qué país estábamos yendo.  Nosotros considerábamos Israel como una especie de “comunidadland”; un lugar donde la gente estaba involucrada en la vida del otro, a veces excesivamente.  De la tierra que nos esperaba de otro lado del océano, por otro lado, se decía que era “alienaciónland”.  Historias de horror describían a los Estados Unidos como un lugar donde la gente era acuchillada en las calles, y luego dejada a desangrar hasta morir mientras masas de transeúntes los ignoraban.
No era tan malo, por supuesto.  Pero las diferencias entre las dinámicas sociales de Israel y Estados Unidos eran ciertamente notables, especialmente en las relaciones vecino a vecino.  En Israel nosotros conocíamos cada vecino que vivía en nuestra cuadra, y estábamos en contacto con todos ellos.  En la ciudad de Rockville, estado de Maryland, el respeto a la privacidad significaba dejar a los vecinos aparte.  Una sola familia en la cuadra tenía una relación cálida con nosotros, y esta relación se mantuvo hasta estos días.
Tres años más tarde, cuando regresamos a estas costas abrazadas por el sol, las cosas parecieron haber cambiado en “comunidadland”.  Ciertamente, mientras estuvimos afuera se había vuelto notablemente menos comunitaria.  Nos encogimos de hombros y culpamos a la “americanización”, pensando que era inevitable.
Pero este verano dejamos de encoger los hombros.  La actual “protesta de las carpas” que está barriendo a lo largo de Israel, exigiendo un Estado proteccionista y regulaciones para limitar las políticas capitalistas del país, están también motivadas por la pálida memoria de una diferente, ciertamente más saludable, dinámica social: esa que precedió el advenimiento de la televisión comercial a Israel en los comienzos de los 90, la implementación de políticas capitalistas que fueron trazadas en los 80, y el desplazamiento general de mentalidad que se ha experimentado desde entonces.
Esta semana la sección de comentarios de libros del diario Haaretz, sacó un comentario del libro de Amir Ben-Porat, “Cómo Israel se volvió capitalista”.  En este comentario, el crítico Iuval Elbashán cita una vieja activista social con la que se encontró en el campamento de carpas del Boulevard Rothschild: “yo camino por acá y las lágrimas me siguen brotando de los ojos”, le dijo. –“Siento que por fin, por unas semanas, recuperamos la sociedad que una vez éramos; la sociedad que fue creada por mis padres, la generación fundadora; una sociedad socialista.  La generación media –nuestra generación- se mantuvo callada, y los jóvenes acá dicen lo que no nos atrevimos a decir por décadas: que tenemos que hacer de este país otra vez lo que una vez era”.
Leyendo tales palabras pienso en otra parte del mundo que experimentó grandes cambios económicos desde el comienzo de los 90: Alemania oriental.  Cualquiera que hubiera hablado con un ossi (apodo de una persona oriunda de la ex República Democrática de Alemania) en los años que siguieron a la reunificación [de las dos alemanias], hubiera oído la misma queja: “sí; ahora hay más productos en oferta en los estantes de los supermercados; ahora podemos viajar a occidente y hablar críticamente sin miedo, y todo eso es maravilloso.  Pero la gente solía estar más cercana el uno del otro. Acostumbraban a ser más amables.  Da miedo verlos cambiar”.
Israel muy ciertamente se ha vuelto otra vez un lugar más amable este verano.  Caminando por el Boulevard Rothschild, la sensación de generosidad y cortesía es inmensa.  Incluso sin tener en cuenta las cosas que te ofrecen gratis (comida, entretenimiento, alojamiento), la suspensión de la competencia y el ancho sentido de compañerismo en la lucha ha hecho que todos estén más relajados.  La gente habla más suavemente, muestra más paciencia en escuchar el uno al otro y se mezcla con comunidades que hasta ahora trataban con gran recelo.  Al llevar nuestros hogares a las calles, nos hemos vuelto otra vez vecinos.
En la ciudad de las carpas religiosos ortodoxos y laicos, árabes y judíos, ciudadanos e inmigrantes[1], negros y blancos…son todos iguales.  Jóvenes jasídicos[2] escuchan las oratorias [laicas] que se dan en el Boulevard, y los activistas mizrajíes[3] del barrio popular Hatíkva[4] se acercan a la carpa unificada judeo-palestina de Yafo a mostrar solidaridad.  Una fiesta que se organizó espontáneamente en beneficio de un joven etíope arrestado en el campamento de protesta llamado “Levinsky” al sur de Tel Aviv por supuestamente cruzar un semáforo en rojo, se transformó en algo enorme a las dos horas de que se anunciara su formación.  Arrastró cientos de participantes diversos, quienes nunca antes habían escuchado de tal acto de discriminación racial, o de otra manera hubieran leído algo sobre el hecho y hubieran dejado a la víctima desangrarse.
Con nuestros aparatos de televisión apagados y nuestras mentes fijas en mejorar este lugar, mentirnos se ha vuelto más difícil.  Hemos comenzado a recordar que podemos ser buenos los unos a los otros, y crecer juntos.
Está siendo cada vez más y más evidente que podemos traer el tema de la ocupación a este círculo de protesta.  Que estamos madurando hacia ello.  Que estamos madurando, punto.
Nuestro proceso de maduración toma su inspiración en cosas que ocurrieron en “alienación-land” hace mucho tiempo.  Cuando los israelíes dicen que esta época tiene una sensación de “summer of love[5]”, éste es un pronunciamiento significativo.  Los Estados Unidos estaban al borde de un cambio sustancial, pero luego no cambiaron precisamente.  Aunque las tiendas de discos de Rockville en los años 80 estaban llenas de música retro sicodélica, la ciudad estaba casi totalmente depurada de los profundos aspectos sociales de la contracultura de los 60.  El “enfriamiento” había ganado.
Mientras escribo estas palabras el diario Haaretz reporta que la policía israelí se está preparando para una orden de desalojar a la fuerza los campamentos.  Los jefes de policía prevén que el gobierno y las municipalidades usarán tal maniobra para ayudar a Israel a “componerse” y a enfrentar “la amenaza más atemorizante” del voto por el Estado Palestino en la ONU en septiembre.
Seguro, a efectos de apoyar la acción militar contra los palestinos este otoño, nosotros debemos estar otra vez aislados el uno del otro.  Debemos olvidar otra vez el concepto de cambio y concentrarnos en lo que cada uno percibe como su propio bienestar individual.
¿Qué tan rápido puede hacerse que esto ocurra?  Ojalá que no tan rápido.
Notas del traductor
[1]  Aunque usa en el original escrito en inglés la palabra “inmigrante”, Iuval Ben-Amí se refiere obviamente a los trabajadores foráneos no judíos, quienes no son "inmigrantes" ni pueden nunca obtener la nacionalidad israelí.
[2]  Movimiento de judíos religiosos, ortodoxos y místicos.
[3]  La palabra Mizrají significa literalmente “oriental”, y se usa para caracterizar a los judíos sefaraditas provenientes de países árabes, quienes normalmente han engrosado en Israel las capas sociales y las comunidades urbanas más humildes.
[4]  Barrio proletario al sureste de la ciudad de Tel-Aviv
[5]  Referencia a la masiva concentración de pacifistas, hippies y activistas contra la guerra de Viet Nam que se produjo en San Francisco en el verano de 1967.

Comentario del traductor
Nostalgias de una memoria falsa
Al parecer una profunda y democrática movilización de masas es capaz -entre otras cosas- de implantar memorias falsas en la gente.
El joven Iuval Ben-Amí no es el primero.  Ya la semana pasada el conocido escritor Amós Oz escribió algo parecido (ojo: solamente parecido; en realidad hay muchas diferencias) en el diario Haaretz.
Fue inmediatamente (mal) traducido a varios idiomas, por supuesto.  Se puede leer en castellano en un blog sionista argentino.
Fue también criticado y "memorizado", en su propio idioma.  (Nadie tradujo a Nejemia Schtresler.  No es tan buen escritor).
Ambos artículos tienen el mismo esquema inicial, y ambos parten de una memoria falsa implantada: Israel era un paraíso terrenal de solidaridad y vida comunitaria.  Ha dejado de serlo, pero la gran movilización de las masas israelíes "nos trae recuerdos" de aquel paraíso.
En el caso de Amós Oz (quien llega a decir que "en sus 'años lindos' Israel era más igualitaria que la mayoría de los países del mundo"), la memoria falsa implantada (o que él trata de implantar) es un triste recurso literario de un buen escritor con intenciones nacionalistas-chovinistas de auto-justificación de "la gente como yo", el israelí sionista incapaz de pensar que palabras como "igualdad" y "solidaridad" pueden (y deben) trasponer fronteras nacionales.  El nacionalismo, el chovinismo, ha sido siempre un mal consejero de los intelectuales.
Israel no fue nunca igualitaria, ni socialista, ni mucho menos solidaria.  Amós Oz se lamenta de que su paraíso se haya echado a perder "hace treinta años".  Haciendo la cuenta, él habla de los años 80 del siglo XX.
Sin ir más atrás, ¿Olvida Oz el año 1967, año en que Israel ocupó un pueblo entero, y al cual hasta hoy mantiene bajo su férrea dominación?
No.  Oz no se puede haber olvidado.  Simplemente prefiere negarlo.  Es fundamental negarlo para poder implantar una falsa memoria, y una falsa premisa actual: la crisis de Israel es producto y responsabilidad sola y exclusivamente del "neoliberalismo" (gobiernos "del gran capital",  "leyes de la jungla" capitalistas, etc.).  Los "geronto-liberales" del "Israel anterior" -la social-democracia burguesa- eran "buenitos".
¿La ocupación de los territorios palestinos?  -"¡un error!"
El caso de Iuval Ben-Amí es distinto.  Iuval, por los datos personales que publica el blog "+972", debe tener 30 o 35 años de edad.  O sea que nació ya en el Israel "neoliberal", según Oz. 
Sin embargo arranca su nota escrita desde las carpas hablando también de una cierta nostalgia por la perdida "comunidadland".  Me parece muy evidente que Iuval debe ser nacido y criado en un kibbutz, aquel fallido intento de sociedad comunitaria sionista. 
En los años 80, los kibutzim mantenían todavía una cierta estructura colectivista.  La propiedad de sus medios de producción era todavía colectiva, y es totalmente cierto que se respiraba en la sociedad del kibutz un fresco aire de solidaridad y vida comunitaria, aunque entre judíos solamente.  Eso se derrumbó totalmente a fines de los años 80, tragados finalmente por la estructura social capitalista que los rodeaba y de la cual fueron siempre parte.  Hoy los kibutzim son cuando más unas cooperativas de producción -pequeña burguesía cooperativa- que incluso usan la fuerza productiva de "trabajadores foráneos" no judíos (aquellos que nunca van a ser ciudadanos) para subsistir.  Pero es cierto que esas comunas fueron creadas por judíos humanistas honestos, que sinceramente creían que iban a hacer una revolución social extendiendo comunidades colectivistas.  Estaban equivocados, y no veían que sus comunidades se levantaron incluso en tierras saqueadas a palestinos, pero es totalmente justo decir que sus intenciones eran las de un futuro de fraternidad social, por lo menos en un principio hoy muy lejano.
¿Pero comunidad land en Tel Aviv, Kfar Saba y el barrio Talpiot de Jerusalén?  No.  De ninguna manera.  Memoria falsa implantada.
Sin embargo, sin embargo: el joven Iuval nos ofrece una visión muy distinta a la de Oz respecto a las actuales protestas.  Su "profundamente conmovedora" visión no es cínica.  Es totalmente real e incluyente, y esto lo lleva a hablar de que se siente "vecino" de negros, trabajadores foráneos y palestinos.  Iuval incluso se anima a pronunciar "the O word", aquella palabra que comienza con la letra O, y que Oz no se atreve a pronunciar: ocupación.  Ocupación colonialista de los territorios palestinos.
Este solo factor ubica a Iuval, y a cientos de miles de jóvenes israelíes como él, en una posición que merece nuestra más profunda admiración y solidaridad, no chovinista ("qué buenos que somos los israelíes") sino solidaridad verdaderamente humanista; solidaridad internacional.
Iuval es también consciente de los riesgos de su movimiento.  Sin una dirección clara, el peligro de "la vuelta al individualismo" es claro y presente.  Iuval lo presiente.  No comparte totalmente "la amenaza más atemorizante" para el establishment sionista -la creación de un Estado palestino, pero es al mismo tiempo consciente de las limitaciones de su propio movimiento.
Iuval quisiera seguir en las carpas indefinidamente.  No acierta exactamente en pronunciarse claramente por la solidaridad internacional con una bandera tan básica de "justicia social": autodeterminación de un pueblo y fin del colonialismo.
Mucho me temo que si los jóvenes como Iuval no dan ese paso fundamental, las tiendas de discos de la calle Alenby dentro de cuarenta años ni siquiera ofertarán discos retro con las canciones que hoy se cantan en las carpas del boulevard.
Rolando “El Negro” Gómez
Coyoacán, 12 de agosto del 2011