14/8/11

Fidel: Un elegido de la historia

Fidel por Roberto Chile
Pablo Armando Fernández  

En 1926 nació en la provincia de Oriente Fidel Castro Ruz. Un joven inteligente, culto, de buena posición económica, que hubiera podido dedicar toda su vida a viajar por el mundo y a conocer muchachas hermosas que seguro lo estarían esperando. Pero se dedicó a tratar de recuperar a Cuba, a hacerla libre, independiente, soberana, como lo hizo el primer cimarrón que construyó un palenque o nuestro Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes. Fidel es pura historia, es un elegido, un enviado. Hace medio siglo que él supo alcanzar lo que otros no pudieron hacer otorgando sus vidas y sus fortunas. Eso es lo que todo cubano debe respetar, su lucha por darnos un rostro y una voz propios, que es ser cubanos.
Fidel es un hombre extraordinariamente culto, que ha leído lo esencial, lo imprescindible para conocer aquello que se nos hace absolutamente necesario. Él lo dijo en un almuerzo en el que estuvimos junto con Harry Belafonte: “la cultura es lo único que nos enseñará ese proceso ético y espiritual de ser cubano”.
No hemos tenido una amistad en el sentido de compartir el tiempo que para eso se necesita. En 1955 le escuché un discurso en Nueva York, en 1959 lo encontré en el suplemento literario Lunes de Revolución donde trabajaba y fue la primera vez que lo vi de cerca. Luego lo encontraba en las recepciones, encuentros o eventos en que participábamos y, en 1990, cuando iba a cumplir mis 60 años, él me los celebró. 
Resulta que estábamos en una recepción del Premio Casa de las Américas en el Palacio de las Convenciones y, de momento, él se me acercó muy gracioso y me dijo: “tú siempre tomando Juanito el Caminante en vez de tomar whisky cubano”. Le respondí que en Cuba había muy buena cerveza, buen aguardiente y ron, pero yo había tomado mi primer trago en los EE.UU. a los 17 años y era whisky. Estuvimos conversando de esas cosas por un rato, y cuando se iba me dijo que me llevara whisky cubano. Miguelito Barnet se le acercó y le comentó que era el primer regalo que me hacían antes de cumplir 60 años, y Fidel dijo entonces que había que hacerme una recepción. Esther Pérez, quien entonces trabajaba en la Casa de las Américas, ofreció realizarlo allí y se celebró una fiesta bellísima, con muchos amigos e intelectuales. 
Ese día me preguntó cómo me sentía y yo contesté: “soy el hombre más feliz de la Tierra, y no es un acto de vanidad ni de egoísmo, pero este momento yo no lo merezco. Lo merece usted, usted es el que debería tener un cumpleaños como este, pero no tiene un Fidel Castro que se lo haga”. 
Después, Miguelito vino y me propuso celebrar el 70 cumpleaños de Fidel en mi casa. Hablé con Antonio Núñez Jiménez y Armando Hart Dávalos, que trabajaban por entonces con él, y reunimos a ese mismo grupo de personas que estaba en la Casa de las Américas seis años antes, personas que lo amamos. La idea no era que él estuviera aquí, sino que un grupo de amigos brindáramos por su salud, pero él llegó a compartir con nosotros junto con otros invitados. Al rato de estar aquí lo llamaron por teléfono porque lo estaban esperando en una cena y él, muy generoso y noble, le confesó a Maruja, mi mujer, que ojalá la vida le diera solo una hora más para compartir con nosotros en esta casa.
Todo lo que está sucediendo en América Latina hoy lo ha despertado Fidel. Evo Morales, Chávez, Correa, Bachelet, Cristina Fernández, y los demás cercanos a Cuba, vienen por él, por lo que ha legado su pensamiento. 
Historia es lo que celebramos el 13 de agosto de todos los años, como conmemoramos el 28 de enero, porque entre Fidel y Martí hay una coincidencia inevitable. Su presencia es el apoyo, la asistencia de José Martí. Pidámosle a la luz que lo mantenga bien de salud por mucho tiempo.
Fuente: La Jiribilla