26/8/11

El desastre del pantano de alquitrán en Canadá (+ Galería de imágenes)


En disertaciones sobre la cumbre de cambio climático realizada en Poznan en el 2008, un grupo de jóvenes canadienses defensores del medio ambiente intentaron sacar a luz lo que llamaron “el sucio secreto de Canadá”. El secreto se refiere a un desastre medioambiental que ilustramos a modo de un “antes” y “después”, empezando con imágenes de un área de bosque y pantano idílica en la zona de Alberta. El antes, muestra un paisaje inalterado …
El área de Alberta es una de las zonas menos densamente pobladas de todo Canadá. El paisaje, cubierto mayormente de densos bosques y pantanos en la zona de Athabasca, es un ecosistema único, que alguna vez intentó atraer turistas sin demasiado éxito. Pero hace pocos años, el paisaje comenzó a cambiar de un modo espeluznante.
El desastre ambiental del pantano de alquitrán, es un ejemplo de la maldición de los recursos, ésta vez afectando a un país que muchos imaginarían alejado de tales padecimientos: Canadá es un país rico, habitado por una sociedad de alto desarrollo humano, con una gran calidad de vida, por décadas comprometida con el desarrollo sustentable y la preservación de magníficos paisajes.
Sin embargo, la postal  de Canadá, se está derrumbando de un modo alarmante de la mano del boom económico de la región de Alberta. Lo que vemos en las imágenes es el resultado de la revolución silenciosa de las arenas bituminosas, una mancha que se extiende como hongo y que en poco tiempo llegará a superar la extensión de varios estados europeos: debajo del extenso bosque de 140.000 kilómetros cuadrados se esconde un tesoro equivalente a la segunda reserva mundial de petróleo, las arenas de alquitrán.
Las llamadas arenas bituminosas o arenas de alquitrán son un compuesto natural de arcilla, arena, agua y bitumen, del cual se obtiene posteriormente el petróleo crudo, refinado directamente en enormes instalaciones industriales. La extracción requiere de técnicas de minería superficial, lo que significa, arrasar con todo lo que se encuentra en la superficie, contaminar el terreno, el agua y el aire (por las emisiones de carbono) y terminar con toda la vegetación. Los recursos estimados debajo del bosque representan tras su procesamiento, unos 170.000 millones de barriles de petróleo.
Las llamadas arenas de alquitrán, ya están convirtiendo a Canadá en una de las potencias mundiales del petróleo. Alberta, es el epicentro de la operación de minería a cielo abierto más grande sobre la Tierra. El área afectada, supera en extensión al territorio de Inglaterra, una zona de bosques vírgenes y pantanos que desaparece a una velocidad que sorprendería si la comparamos incluso con la destrucción del Amazonas.
En Alberta operan las más grandes compañías para la obtención de petróleo crudo a través de la explotación de arenas bituminosas, entre ellas Shell y la tristemente célebre BP (British Petroleum), la misma del derrame de la plataforma Deepwater Horizon. La actividad, es altamente contaminante. A la destruccion del bosque, le sigue la contaminación del agua del pantano: por cada barril de petróleo producido, se consumen tres barriles de agua que se utilizan para filtrar el bitumen. El agua, contaminada, termina fugando a los ríos y lagos de la región.
Canadá también abandona rápidamente su buen libreto, transformándose en uno de los países más agresivos en cuanto al desmantelamiento de leyes de protección medioambiental. El escritor inglés George Monbiot, un conocido activista medioambiental, califica la política del gobierno canadiense en su columna semanal en The Guardian, como la esperable de un estado petro-corrupto, que actúa “con la misma sofisticación que un grupo de chimpancés en una reunión de té”.
Según el activista, Canadá se está convirtiendo en un estado que avanza desde una economía compleja, hacia un país dependiente de un recurso primario como el petróleo, promoviendo un sabotaje a los avances en los acuerdos sobre el cambio climático. Sus políticos, han renunciado a los objetivos de reducir los gases del efecto invernadero según el Protocolo de Kioto. Las emisiones de gases de efecto invernadero de Canadá, aumentaron un 26 % desde el año 1990 gracias a la explotación de las arenas bituminosas.
En medio de tanta desolación, algunos pueblos como Fort Chipewyan crecen de forma exponencial. En otros, como Fort McMurray, el impacto medioambiental parece ser un tema menor, con una población sedada por el boom económico. El crecimiento queda en evidencia en la vertiginosa expansión urbana, capaz de transformar un pueblo de cazadores y leñadores en una ciudad pujante, atestada de autos de alta gama y centros comerciales que brotan imparables en pocos años. Las viviendas alcanzan precios desorbitados mientras que la población crece atraída por el dinero rápido, y por una ciudad en la que nadie se compromete. Fort Mc Murray es una ciudad de paso, donde no abundan quienes proyectan seriamente quedarse para siempre.
En la zona de Athabasca, se encuentran los mayores depósitos de betún. Allí se asientan algunas de las mayores operadoras de extracción, en cercanías de la ciudad de Fort McMurray. La producción en la zona, se inicia en el año 1967, pero ha aumentado notablemente desde el año 2006, con una proyección que crece de la mano de nuevas compañías que se suman a la explotación. La región se ha transformado en una de las más poderosas de Canadá.
Hay además una razón de peso en la indiferencia con que muchas autoridades y responsables parecen mirar el desastre de Alberta: las arenas bituminosas de Canadá se convertirán pronto en la principal fuente de suministro de combustible importado para Estados Unidos, igualando las importaciones combinadas de Arabia Saudita y Kuwait (información suministrada por la consultoría IHS Cambridge Energy Research Associates).
En la práctica, resultan una fuente segura de recursos, con un valor estratégico inigualable comparado con las inestables regiones de Medio Oriente, o las poco dóciles opciones de suministro de países como Venezuela. Incluso, el reciente desastre del Deepwater Horizon frente a las costas norteamericanas, juega a favor de una opción que a los ojos de los ciudadanos comunes, pasa desapercibida: la contaminación de las arenas de alquitrán en Canadá, es una catástrofe silenciosa y a largo plazo, con un impacto mediático menor.
Los funcionarios y defensores de la explotación, se escudan en la afirmación de que la refinación del petróleo pesado, produce un efecto equiparable al de la explotación de las arenas de alquitrán, por lo que no habría mayores razones para oponerse. El argumento, según los ambientalistas no resulta certero: producir combustibles líquidos a partir de arenas bituminosas requiere un proceso que en su fase completa de refinación, genera de dos a cuatro veces la cantidad de gases de efecto invernadero por barril que produciría la extracción de petróleo convencional (1). (Ver también impacto ambiental de las arenas de alquitrán de Athabasca en Wikipedia)
Las arenas de alquitrán, según investigadores como Dan Woynillowicz, del Instituto no gubernamental de Pembina, en Calgary, tienen una forma de extracción y procesamiento con un impacto irreparable sobre los bosques, el ecosistema, los recursos de agua dulce y la calidad del aire. Se trata de una zona del bosque boreal de Canadá, que representa nada menos que la cuarta parte de los bosques intactos a nivel mundial. Mientras que unos 3.000 kilómetros cuadrados de bosque boreal quedarían totalmente destruidos, los restantes  137.000 kilómetros cuadrados podrían se verían afectados por la fragmentación de una “tela de araña” de zonas arrasadas, carreteras, oleoductos y pozos, con su consecuente daño ecológico y pérdida de biodiversidad.
A la región, en los últimos años, también se acercan periodistas con informes alarmantes sobre el aumento de enfermedades: la tasa de cánceres en Fort Chipewyan supera en un 30 % al promedio provincial, y las sospechas apuntan a las piletas de decantación en cercanías del río Athabasca, unos 230 kilómetros río arriba. Las instituciones sanitarias de Alberta, se vieron obligadas a reconocer una tasa elevada de cáncer recién en el año 2009., aunque sin despertar la alarma ni pronunciarse sobre los motivos del aumento de casos.
Tras meses de investigación, un equipo de investigadores dieron a conocer en Fort Chipewyan un informe independiente: el impacto a causa de las emanaciones de la industria de las arenas bituminosas en la región es equivalente al de una marea negra por año (PNAS). En la zona, la concentración de compuestos aromáticos policíclicos es de 10 a 50 veces superior a lo normal, por lo que se recomienda restringir el consumo de peces de los ríos locales. La alarma se hace evidente con la aparición de peces malformados en los ríos de la región que usualmente ilustran en fotos los diarios locales.
Algunos grupos de culturas originarias que viven en la región de la caza y la pesca, optaron por demandar a Alberta, liderados por personalidades como Mike Mercredi, quien no duda en difundir su lucha en todo el país. El objetivo no es otro que reclamar por el fin de la explotación de las arenas bituminosas, lo que parece una tarea titánica.
Del otro lado, la industria petrolera despliega todas sus armas para actuar como un sector intocable, con influencias en ámbitos políticos a nivel local, nacional e internacional.
Entre los que resisten al avance de la industria, el grupo ecologista organizado en el Pembina Institute, es uno de los actores más respetados. La documentación fotográfica que ilustra el artículo, fue realizada por el propio Instituto, siendo uno de los registros visuales más elocuentes del desastre. En su sitio web, se pueden consultar documentos, investigaciones y estudios de rigor científico sobre el impacto ambiental de la industria de arenas bituminosas de Alberta.
Periodistas como Preston McEachern, denuncian que las políticas medioambientales estatales están controladas por las compañías petroleras, reguladas por una ecuación ligada al precio del petróleo: “mientras más sube el precio, más se resiente la democracia”.
Para concluir un artículo extenso y angustiante, prefiero ilustrar con una imagen del bosque amenazado de la región de Alberta. Es una imagen de como recibimos el paisaje de la mano de generaciones que nos precedieron, un privilegio visual contemporáneo que unos pocos han convertido en efímero.
Notas
Información en los enlaces citados y en 1, 2, 3
En Wikipedia, hay una entrada dedicada a la historia de la Industria del Petróleo en Canadá, donde se puede indagar sobre la evolución de la explotación de las arenas bituminosas.
Las imágenes fueron cedidas para el artículo por OilSandWatch.org. La galería completa se puede visitar en un set en Flickr.
(1) Joseph J. Romm (2008). Hell and High Water: The Global Warming Solution. New York: Harper Perrenial. pp. 181–82. ISBN 9780061172137 (referenciado en Wikipedia/Oil sands)











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