29/8/11

El capitalismo: la fábrica de la fragmentación


David Harvey    
El impulso de acumulación de capital es el motivo central de la narrativa de la transformación de Occidente en los últimos tiempos y parece dispuesto a tragarse a todo el mundo en el siglo XXI. Durante los últimos trescientos años ha sido la fuerza fundamental que opera para moldear de nuevo la política, la economía y el ambiente del mundo. Este proceso de usar el dinero para hacer más dinero no es el único que se lleva al cabo, por supuesto, pero es difícil explicar los cambios sociales de estos últimos trescientos años si no lo observamos con cuidado.
El materialismo histórico contemporáneo intenta aislar los procesos fundamentales de acumulación de capital que generan los cambios sociales, económicos y políticos para, por medio de su atento estudio, comprender mas o menos los porqué y los cómo de esos cambios. El enfoque está en los procesos, en lugar de estar en las cosas o en los acontecimientos. Es como observara un alfarero trabajar en el torno: la descripción del proceso podrá ser sencilla, pero los resultados pueden variar infinitamente en forma y tamaño. Sin embargo, decir que está en operación un proceso sencillo no es decir que todo venga a terminar por verse exactamente igual, que los acontecimientos sean predecibles con facilidad o que todo pueda explicarse sólo refiriéndonos a él.
El impulso de acumulación de capital ha ayudado a crear ciudades tan diversas como Los Ángeles, Edmonton, Atlanta o Boston y ha transformado hasta volverlas casi irreconocibles (aunque de modos muy distintos) ciudades antiguas como Atenas, Roma, París y Londres.