14/8/11

¿Del petrodólar al petro-qué?


Nazanin Amirian
Cuando en 2003 Bush invadía Irak, algunos analistas señalaron el anuncio de Saddam Husein de abandonar el dólar por el euro en el comercio petrolero, como la razón principal. Dos meses después de la ocupación, el billete verde volvía al mercado iraquí. La misma teoría afirma que el ataque de la OTAN a Libia fue para impedir que Gadafi, ante el declive del dólar, llenara el Banco Central libio de oro, y ofreciera el dinar de oro como moneda única para África.

La reciente apertura de la Bolsa de Petróleo de Irán, que en sus operaciones ha excluido la moneda americana, también coincide con el aumento de la tensión entre Teherán y Washington. La llamada “verdadera bomba iraní”, pretende competir con las bolsas IPE de Londres y la NYMEX de Nueva York, ambas bajo el poder de EEUU y su moneda.
Los iraníes esperan que los europeos, chinos, indios y árabes, que huyen de una divisa en declive, se dirijan a su Bolsa. Sin embargo, aquí se trata de la venta del petróleo en otras monedas, y no de su cotización que se sigue realizando en dólar en aquellas bolsas, respaldado por el  poderío político y militar de EEUU. De modo que un “petroyuan” o “petroeuro” aun quedan lejos. Además, las duras sanciones económicas y financieras que sufre Irán, el reducido tamaño de su exportación (unos 2,6 millones de barriles diarios) o que China, su principal cliente, pretenda pagar con productos de “todo a cien” en vez de con yuanes, neutralizan el plan iraní. A India, otro cliente “emergente”, Teherán acaba de cerrarle el grifo por impago.
El tándem dólar-petróleo nace tras la guerra árabe-israelí de 1973. El aumento (real o manipulado) del 400% del precio de esta energía, tentó a EEUU, que con la complicidad de Arabia Saudí, obligó a los bancos centrales del mundo a disponer de millones de billetes verdes para comprar petróleo. Así ponía fin a la crisis del dólar y establecía su control sobre los movimientos del combustible rey.
El conflicto con Irán no es por sus inexistentes armas nucleares, ni por su Bolsa anti-dólar, sino -como en los casos de Irak y Libia-  para apoderarse de un territorio estratégico y empapado de oro negro.