20/8/11

Del mercado de plaza al mercado de Wall Street... y su retorno

 
Enrique Campang Chang 
Por el viejo camino al mar se pasaba por un mercado de Plaza bajo la gran Ceiba, era un descanso obligado para disfrutar unos mangos, agua de coco o chicharrones; entre piñas, aguacates, camarones de río, iguanas y armadillos. Donde se juntan los productos de la costa y el altiplano. Hoy en día las noticias se concentran en la crisis financiera de los mercados de Wall Street, la quiebra de bancos, la baja de las bolsas de valores del mundo, cierre de fábricas, desempleo. ¿Cuál es la relación?
Los mercados de plaza existen desde hace miles de años en una relación personal, directa entre el productor y el consumidor, unas veces por medio del trueque, cacao o la moneda metálica en efectivo; el mercado de plaza se ha mantenido vigente en todas las sociedades del mundo; sin intermediarios, poco fiado; es la economía informal, con la seguridad de que sobrevivirá a pesar de la crisis financiera.
La dinámica milenaria y actual tiene diferencias significativas. La plaza mantiene una relación cercana a la tierra, a la realidad, en las capacidades productivas y necesidades del consumidor; es flexible a los cambios de estación, se ve poco afectado por la especulación; para llegar a él se camina; opera con bajos costos de venta, poca publicidad y al contado.
La vida en torno al mercado de plaza depende poco del petróleo o los procesos industriales; se cocina con leña; las bestias de carga hacen el trabajo pesado, con mulas o bueyes, carretones o el canasto en la cabeza. Los productos son frescos, a la vista leche, quesos, huevos, pescados, frutas y vegetales. Unos alimentos son secados, encurtidos, salados o ahumados, empacados con hojas o en tinajas de barro. Los cambios en las modas del vestido y consumo no lo afectan.
En varios países durante las crisis por desastres naturales, de gobierno o de los sistemas financieros como Haití, Uganda, Somalia, Sudán, Afganistán y Zimbabwe, a pesar de que los gobiernos colapsaron o paralizaron la productividad industrial, los mercados de plaza nunca dejaron de funcionar, aún bajo las condiciones más difíciles. Cuando desaparezcan será que la crisis es realmente seria.
En cambio en Wall Street desde 1792, especula con las relaciones entre productor y el consumidor, hace préstamos, emite pagarés, pólizas, instrumentos, acciones, bonos, certificados o documentos sin suficiente garantía, se usa dinero electrónico o plástico; manejan billones y trillones. Donde la ambición desmedida lleva fácilmente al rompimiento ético.
Los ambiciosos de las finanzas de hoy serían los descendientes de los adoradores Becerro de Oro, de los tiempos bíblicos; los que rinden culto al ídolo de metal dorado, hasta olvidarse de Dios y enloquecer.
Se pierde el sentido de la realidad, entra en una esquizofrenia económica, con alucinaciones de riqueza, dinero fácil, fantasías de gastos en los casinos, apuestas; como una Disneylandia financiera; personas crecidas que juegan Monopoly, afectando vidas reales; no les importa arriesgar recursos ajenos. La crisis tiene fuertes componentes psicológicos, hay inseguridad, ansiedad, desconfianza, egoísmo, búsqueda de emociones fuertes, temeridad, arrogancia o agresividad.
La gente es inducida a gastar más de su capacidad por los incentivos a endeudarse; para beneficio de los prestamistas, usureros, financieras, bancos y emisores de tarjetas que cobran altos intereses o embargan bienes.
La crisis de los planteamientos de la economía capitalista, no justifica un triunfalismo de los marxistas. Ellos no valoran el sentido de la armonía social, sino una competencia salvaje del más fuerte o el conflicto entre clases sociales. Ninguna de las posturas actuales resuelve el problema; tienen serias debilidades en valores éticos, madurez y su sentido de bien común efectivo.
Los modelos basados en un crecimiento material delirante, expansión, desarrollo, tecnología, globalización, sin el apoyo de la calidad humana, corren el riesgo de fracasar, ante el desgaste que produce la avaricia, la corrupción, la marginación y el resentimiento social.
El parchado o intentos de rescate de los sistemas actuales carecen de sentido si no se cambia la orientación.
La crisis de los mercados financieros afecta a una parte, no a todos; a los que se han vuelto dependientes del petróleo, la tecnología; los que se alejan de las relaciones primarias con la producción, a quienes se dejaron tentar por el brillo del crédito fácil Es una crisis producida por oportunistas, ambiciosos y corruptos, para quienes es más fácil robar o engañar que trabajar.
La diferencia entre los mercados de plaza y los de hoy es la alta volatibilidad de los productos, vestido, automóviles comunicación y electrónica; los equipos de sonido, computadoras o celulares, tienen un tiempo de uso cada vez menor. Esto tiene como colaterales cambios y desperdicio. Es la moda la que manipula a la economía y crea necesidades de artificiales.
La ilusión de la globalización sobre el modelo regional no se diferencia mucho de los viejos imperialismos de querer imponer un orden económico y político a vastas regiones del mundo.
La complejidad del mundo en crisis no es racional; la competencia por los edificios más altos, aparatos sofisticados o la tecnología militar, es infantil. Veo que el sentido de presumir, tener más poder económico o político, tiene como trasfondo un niño vestido como ejecutivo o con banda presidencial que quiere impresionar a su padre; se luce, pero no deja de ser un niño tonto.
Un reporte de prensa decía que mucha gente de alto nivel, políticos, banqueros o corredores de valores no comprenden toda la complejidad ni las consecuencias de lo que realmente está pasando.
Esta crisis cambiará los estilos de vida de muchos, estarán más cerca de lo básico, se apreciará la economía básica de autosuficiencia, el mercado de plaza, la relación directa entre el productor y consumidor; revisará la jerarquía de necesidades de acuerdo con Abraham Maslow; el consumidor será más crítico de las novedades y el riesgo del dinero a crédito; apreciará el ahorro y el trabajo, sobre el dinero fácil de oportunidad.
Los lujos de vestir o tecnología, los jets privados, campos de golf, spas, viajes en primera clase o lo ostentoso, pasarán a segundo plano. Cada quien puede tener el estilo de vida que quiera, media vez no afecte a los demás. Los excesos son vistos disgusto y ofensivos en momentos de crisis.
No resulta muy difícil prever la reacción de las masas que sufren los afectados por la crisis de Wall Street, desde los jubilados, ancianos, de quienes pierden sus casas, pensiones, ahorros para la educación de sus hijos y empleos; lo manifestarán en las elecciones o en las calles como Madrid, Tel Aviv, Londres.
El resentimiento social estimula la violencia criminal y el vandalismo es un problema que se viene gestando desde hace mucho tiempo en la sociedades de consumo.
Unos se saldrán del carril alocado de Wall Street, para vivir de acuerdo con sus posibilidades. Los prudentes sufrirán menos. Las comunidades pequeñas y los mercados de plaza serán más atractivos; el reciclaje, la ropa bàsica, lo duradero, sustituirá el desperdicio, lo artificial. La vida será más sencilla, pero más humana. El tamaño de la economía se ajustará a niveles manejables
Este reacomodamiento no implica un retorno al pasado o descartar los avances positivos, lo que sería ingenuo; sino de agregar el factor de la cautela. Se percibe un exagerado entusiasmo por el crecimiento y lo moderno que llega a lo temerario.
La crisis será dura para muchos, pero como dice un proverbio chino: “Toda solución siempre causa algún problema; pero también los problemas traen soluciones”.
El sentido de la armonía con la naturaleza o principio del Tao; valora lo simple; la meditación sobre el potencial y el límite; una conciencia sobre el yo, el ello y el universo. Establece una relación ética y solidaria entre los humanos; basada en la armonía y amor al prójimo, opuesto al egoísmo y la avaricia. Elementos que comparte con el cristianismo.
El proyecto que puede resultar de esta crisis es la humanización del mundo, no basado en la tecnología y el crecimiento material; no en el tener sino en el ser y la excelencia del ser humano.
Confucio (551 a.C.) dice en La Gran Armonía:   

“El mundo en donde prevalezca el gran principio será una comunidad en donde los gobernantes serán elegidos de acuerdo a su sabiduría y capacidades. En donde todos tengan un alto sentido del honor y se cultive la cordialidad en las relaciones humanas. En consecuencia, los hombres no solo consideran como padres a sus propios padres, ni como hijos tan solo a sus propios hijos. Los ancianos terminarán sus años en felicidad. A los adultos se les proveerá de empleos y todos podrán ser útiles a la sociedad. Los niños serán criados adecuadamente. Los viudos, ancianos sin familia y los huérfanos, así como los desvalidos recibirán protección y cuidado. Cada hombre tendrá su trabajo y cada mujer su hogar, no se admitirá que la riqueza permanezca inactiva y no se usará sus energías para conseguir beneficios particulares. En tal comunidad estarán reprimidos los planteamientos egoístas y no se conocerán robos ni los crímenes, y la gente no tendrá necesidad de cerrar sus puertas.”

A esto se denomina la Gran Armonía.