7/8/11

Aprender y aprehender de Federico Engels

Foto: Friedrich Engels

Noel Manzanares Blanco 
Me hago acompañar de dos  enseñanzas derivadas de una carta que escribió Federico Engels a Franz Mehring el 14 de julio de 1893, para argumentar sucintamente la actitud de la Revolución Cubana ante el mundo de hoy y sus desafíos. Redacto estas líneas,  a tono con el aniversario 116 de la inexistencia física del ilustrísimo alemán;  mejor amigo y compañero de su compatriota de todos los tiempos: Karl Marx.
He aquí los pasajes que quiero destacar de la misiva en cuestión: Uno: “[…] Si Ricardo Corazón de León y Felipe Augusto, en vez de liarse con las Cruzadas, hubiesen implantado el librecambio, nos hubieran ahorrado quinientos años de miseria e ignorancia”.
 El otro:
“[…] como negamos un desarrollo histórico independiente a las distintas esferas ideológicas, que desempeñan un papel en la historia, les negamos también todo efecto histórico. Este modo de ver se basa en una representación vulgar antidialéctica de la causa y el efecto de acciones y reacciones. Que un factor histórico, una vez alumbrado por otros hechos, que son en última instancia hechos económicos, repercute a su vez sobre lo que le rodea e incluso sobre sus propias causas, es cosa que olvidan, a veces muy intencionadamente, esos caballeros […]” —revisionistas, acoto.
Al meditar acerca de estas lecciones, infiero primeramente que, si bien es cierto que el proceso de  Globalización es objetivo e indetenible; asimismo es verdad que las acciones de los líderes conllevan a adelantar o atrasar el proceso revolucionario. O sea, es indiscutible que tras el “beso con el Diablo”; Mijail Gorbachov  y quienes le acompañaron son responsables de la tragedia desatada en los últimos veinte años en la ex Unión Soviética, sus aliados europeos y el Movimiento Progresista Mundial. 
Por consiguiente, también deduzco que obviar “un factor histórico” es servirle en bandeja de oro al “Norte revuelto y brutal” con sus agentes del patio. Al margen, no albergo la menor duda sobre la necesidad y pertinencia de poder perfeccionar la participación ciudadana desde la ciencia. Ello nos alerta que no podemos darnos el lujo de una decisión que implique el retorno de la etnia cubana a la barbarie.
Con este presupuesto, se explica mejor cómo la Dirección de la Revolución Cubana conducida por Fidel y Raúl Castro exhibe sabiduría en aras de la construcción de consenso, es decir;  de siempre buscar la suma posible de acuerdos sin que ello equivalga a  la homogeneidad de presupuestos. Se trata de lograr el mejor acomodo de intereses y decisiones en pos del beneficio social, a través de vasos comunicantes en un contexto ajeno al antagonismo.
Para ilustrar y no ir lejos al fijar un referente, llamo la atención sobre qué sucedió en el territorio nacional al calor de los análisis del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados el pasado 18 de abril en las sesiones del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC). La fundamentación de los cambios introducidos se hizo a partir de los resultados aportados por amplios debates populares, en los que se expresa la voluntad de nuestro pueblo contenida en la política del Partido, el Gobierno y el Estado cubanos. 
Precisamente en esa suerte de diálogo nacional, resultó absolutamente posible que quien deseó hacer sus propias propuestas acerca  de cómo debe edificarse el Socialismo en la Mayor de las Antillas —salvo que estuviera impedido ante la legalidad establecida—, tuvo varias oportunidades. Así quedó registrado en la Historia el suceso que refleja una democracia sin par, devenido guía para seguir en la edificación científico-popular del futuro en la Isla.
Mientras tanto, entre otros significativos elementos aparece una advertencia en el Informe Central a ese VI Congreso y su complemento expresado por el presidente Raúl Castro al concluir la última sesión del Parlamento cubano.
En el Informe:
“[…] debemos cultivar y preservar la interrelación incesante con las masas, despojada de todo formalismo, para retroalimentarnos eficazmente de sus preocupaciones e insatisfacciones y que sean precisamente ellas quienes indiquen el ritmo de los cambios que deban introducirse. “El Partido debe estar convencido de que […], existe en nuestro pueblo diversidad de conceptos e ideas sobre sus propias necesidades espirituales […] se hace necesario continuar eliminando cualquier prejuicio que impida hermanar en la virtud y en la defensa de nuestra Revolución a todas y a todos los cubanos, creyentes o no […]”.
En el Parlamento:
“[…] todas las opiniones deben ser analizadas y cuando no se alcance el consenso, las discrepancias se elevarán a las instancias superiores facultadas para decidir y además nadie está mandatado para impedirlo. Damos este paso [nos encontramos trabajando para instrumentar la actualización de la política migratoria en vigor] como una contribución al incremento de los vínculos de la nación con la comunidad de emigrantes, cuya composición ha variado radicalmente con relación a las décadas iniciales de la Revolución”
Claro, esto implicará un divorcio respecto a la reconciliación— si por ella se entiende el perdón por pecados de lesa humanidad, clemencia o algo por el mismo estilo— con la terrorista-mafia-gusano yanqui y mercenarios aliados-sometidos al dictado de las autoridades políticas estadounidenses contra el pueblo cubano.
Ni por un instante debemos olvidar que Los Cinco tuvieron la imperiosa necesidad de infiltrase justamente en el seno de esa mafia-terrorista para impedir actos vandálicos contra los pueblos de Cuba, Estados Unidos y otros países; al tiempo que particularmente contra Gerardo Hernández la ignominia raya con el infierno. 
Tampoco pasamos por alto que en la 37 avenida y la calle cuatro del North West, en el mismo corazón de la Pequeña Habana de Miami, exactamente frente a la entrada del Casino de los Perros, apareció una valla con los retratos del propio Gerardo, Antonio Guerrero, Fernando González, Ramón Labañino y René González.  El mensaje en inglés dice: “Free the cuban five” (liberen a los Cinco), aunque duró poco tiempo allí situado. Estaba firmado por la Alianza Martiana, agrupación que quizás refleje el sentir de la “mayoría silenciosa” de cubanas y cubanos radicados al Norte del Estrecho de la Florida. 
¡Cuánta diferencia —incluso— con quienes abandonaron la Patria luego de servirse de ella, y ahora se presentan como supuestos/as defensores/as de la tierra que les trajo al mundo!
No obstante, estamos en el sagrado deber de perfeccionar la participación ciudadana desde la ciencia. Recomiendo el estudio y trabajar por la implementación de importantes elementos concebidos por expertos cubanos en el tema, a juzgar por el título “Yo cuento, tú cuentas, nosotros contamos…” que publicó el diario Juventud Rebelde a finales de julio. En este escenario, especialmente las nuevas generaciones deben crear una continuidad de la obra de la Revolución, cuyo punto focal sea las últimas dos décadas, al margen de ingratitud; y defender-enriquecer nuestra identidad nacional/cultural.
He aquí la manera que tengo de asumir la necesidad de aprender y aprehender del magisterio de Federico Engels, particularmente a favor de la prosperidad en la Cuba de todos los tiempos.
Fuente: TV Camagüey