13/7/11

Para Stephen Hawking, la filosofía ha muerto

Foto: Stephen Hawking en la NASA

La lista de correspondencia Philos-L incluye en los últimos días una serie de comentarios apasionados sobre el comentario del físico teórico Stephen Hawking. Según informa la prensa británica, Hawking habría dicho que la filosofía ha muerto, que esta no tiene nada mas que decir acerca de las preguntas fundamentales de la existencia humana. Esa tarea le corresponde hoy a la ciencia, y en particular a la física.
Hawking también habría dicho que la física actual esta desarrollando el tipo de teoría unificada que Einstein anhelaba formular, pero, para lograr este objetivo, haría falta un acelerador de partículas del tamaño de la vía láctea.
En el No. 82 de la revista Philosophy Now, Christopher Norris acepta el reto de Hawking. Norris comienza resumiendo la posición que Hawking presenta en su reciente libro The Grand Design (titulo que puede traducirse como el Gran Diseño o el Gran Propósito).
Según Hawking, el problema es que la filosofía no está a la altura de la ciencia contemporánea. En el pasado, la filosofía realmente produjo aportes científicos reales. Hoy en día, sin embargo, no solo la filosofía no esta en condiciones de hacer ningún aporte, sino que es una verdadero obstáculo al progreso científico.
Norris concede que algunas ‘malas filosofías’ (Quine y Tomas Kuhn, por ejemplo) puede ser obstáculos al progreso científico. Es posible que Hawking se refiera a algunas de estas filosofías a las que Norris se opone, o la sociología de la ciencia y los estudios culturales (es decir, disciplinas que interpretan a la ciencia en forma relativista). Pero, en términos generales, la tesis de Hawking es totalmente errada.
Según Norris, la ciencia siempre incluyo una componente filosófica, y no hay razón para suponer que no sea ya el caso. La necesidad de esta componente filosófica y la vigilancia del filosofo profesional es especialmente necesaria cuando la ciencia se aventura en terrenos especulativos que no es posible falsificar (en el sentido de Popper).
El filosofo no debe concederle en forma irrestricta la palabra al científico, y menos aun en áreas que son de su competencia profesional exclusiva. En estas áreas el filosofo puede y deber hacer un aporte genuino. En particular, en muchas oportunidades los desarrollos especulativos de las ciencias exactas se dejan llevar al terreno de la pura fabulación, o en otros, a utilizar nociones que ya en el pasado fueron criticados y desechados.
Adaptando un conocido dicho de Kant, Norris concluye su ensayo diciendo: una filosofía de la ciencia sin contenido científico es vacía, mientras que una ciencia sin una guía filosófica es ciega.
Otro tipo de reacciones se concentra no en la defensa de la filosofía desde un punto de vista de su necesidad para completar y supervisar el esfuerzo científico, sino desde el punto de vista del sentido de la empresa científica y tecnológica para la humanidad. Según esta posición, la filosofía habría abdicado de sus responsabilidades como juez del sentido humano de la empresa científica, lo que se manifiesta en la actual crisis del medio ambiente, los problemas éticos de la biotecnología, de la investigación farmacéutica, etc. Y otro contribuyente agrego: en vez de una investigación orientada al conocimiento, necesitamos una investigación orientada a la búsqueda de la sabiduría, es decir la capacidad de percibir lo que es valioso en la vida, para uno y para los demás, lo que incluye conocimiento y tecnología, pero otras cosas también. Otro contribuyente al debate adopto una postura más ‘filosófica’: la filosofía moriría cada 50-100 para permitir su renacimiento.
Algunas conclusiones provisorias sobre este debate
No es sorprendente que un científico como Hawking piense que la filosofía ‘este muerta’, es decir no está en condiciones de cumplir con su rol histórico. Otro tanto piensan científicos en otras áreas. En general la filosofía y la ciencia viven en universos separados, aun cuando una parte importante de la preocupación filosófica se concentre en la ciencia.  Pero en los raros momentos en los cuales los dominios se acercan, renace la vieja competencia por la determinación de los limites y prerrogativas.
Los argumentos de Norris son previsibles. Lo que sorprende quizás es el tono con el que los afirma. De paso, Norris se cobra una cuenta con filosofías rivales.
Norris no parece aportar ninguna prueba. Decir que la ciencia necesita de la filosofía para evitar desbocarse por el terreno de la especulación requiere demostrar que la filosofía efectivamente cumplió esta función tutora en alguna oportunidad. Es muy posible que la filosofía haya influido indirectamente en el desarrollo científico, por la vía de la difusión en la cultural general de ciertos  criterios generales que fueron ulteriormente adoptados por la práctica científica. En todo caso, una demostración de este tipo, que sería de tipo histórico y sociológico, no es ofrecida por Norris.
Los lectores de Philos-L pertenecen en su mayor parte a la corriente analítica. Sería interesante ver el tipo de argumentos que presentarían los lectores de una lista más orientada hacia la filosofía ‘continental’.
Un número de participantes enfocó el problema de la muerte de la filosofía justamente como una condena al énfasis excesivo de la corriente analítica de los problemas filosóficos de la metodología científica, a expensas de temas relacionados con la validez del proyecto científico-tecnológico mismo.  No fue probablemente la intención de Hawking, para quien no parece haber dudas al respecto.
Respecto a la idea de Hawking que podríamos resolver los problemas científicos sobre el origen del universo y su composición ultima si pudiéramos construir un acelerador de partículas ‘del tamaño de la vía lactea’, vale la pena considerar un relato de J. L. Borges que dice:
En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas. (Del rigor en la ciencia, Obras Completas, t. II, Buenos Aires, 1974, p. 225)