14/7/11

Los 90 años del Partido Comunista de China


Julio A. Díaz Vázquez
En julio del 2011 el Partido Comunista de China (PCCh) cumple 90 años de fundado. Fueron 13 los soñadores, reunidos en un aula de una escuela femenina enclavada en la concesión francesa, en Shanghái que, según distintas fuentes, el 23 de julio de 1921 dieron vida al Partido. Desde entonces, mucha agua corrió bajo los puentes; surgió alumbrado por las simpatías que despertó en el país el triunfo en Rusia de los Bolchevique; y desde aquella lejana fecha ha acumulado en su trayectoria política una colosal, rica, creadora y, a veces, traumática experiencia.
Una mirada retrospectiva a lo acumulado en las nueve décadas pasadas en el historial del PCCh no puede, al menos dejar de destacar las vicisitudes de los años bisoños. Recordar la alianza (1923-1927) con el Guomindang de Sun Yat-sen; haber sobrevivido a la sangrienta represión desatada (1927) por el ala más reaccionaria del partido nacionalista encabezada por Chiang Kai-shek; desarrollar fuerzas y voluntad revolucionaria para crear bases soviéticas que, muchas experiencias aportaron en la organización y dirección de transformaciones sociales en el campo (1931-1934), en Jinggangshan y Jiangxi; además de rechazar las reiteradas ofensivas de las fuerzas nacionalistas.
En octubre de 1934 condujo la gesta de la Gran Marcha, terminada en Yenan en octubre de 1935. En esta colosal hazaña, Sunyi, pequeño poblado en la provincia de Guizhou, en enero de 1935, pasó a la posteridad por haber marcado un viraje en las tácticas y estrategia mantenidas en la lucha por el PCCh, al proyectar de modo definitivo a Mao Zedong como líder indiscutido del Partido. Desatada la agresión de Japón, unió sus fuerzas y recursos con los nacionalistas de Chiang Kai-shek para resistir la dominación extranjera. Supo liberarse de la influencia de la Internacional Comunista; objetó las pretensiones de Stalin de imponer una alianza (1945) con el Guomindang; respondió a las provocaciones y desafíos (1946-1949) de los nacionalistas con la guerra revolucionaria que desembocó en la fundación de la Nueva China, el 1 de octubre de 1949.
En fecha tan significativa no puede pasarse por alto lo común de encontrar alusiones referidas a que los campesinos hicieron la revolución en China. No es verdad, la revolución la realizó el PCCh que, acertadamente bajo el liderato de Mao, desentrañó las contradicciones de la sociedad china que, en realidad, tenía en el campo su nudo gordiano . Por otra parte, el Partido dotó a la República Popular China (RPCh) de un Gobierno Central sobre todo el espacio nacional (excepto los enclaves de Hong Kong y Macao), después de más de un siglo de sufrir corrupción dinástica, rapiñas, humillaciones y despojos territoriales impuestos por las potencias imperialistas de la época.
Fue el PCCh, entre 1949-1976 quien dirigió la reconstrucción del país e inició una etapa de de desarrollo económico-social (1953-1957) con los primeros intentos por industrializar y librar al país de la perenne pobreza. Entre otras transformaciones, aplicó una profunda reforma agraria que eliminó a los señores feudales y propietarios rurales ricos; distribuyó 43 millones de hectáreas entre unos 300 millones de campesinos pobres. Confiscó el capital burocrático, industrias y comercio de los colaboradores con el ocupante japonés y de los dueños huyeron del país; nacionalizó las empresas extranjeras, bancos ferrocarriles y grandes capitalistas nacionales.
En lo social introdujo y desarrolló programas para reestructurar la educación, así como eliminar el analfabetismo; en salud la llevó a todos los rincones del país con la desimanación de los médicos descalzos. Liberó a la mujer china de las ataduras feudales que la sometían a costumbres deformadoras y sometimiento a los dictados impuestos por costumbres ancestrales de ventas y los matrimonios por acuerdos.
También sobrellevó y se repuso de los arrebatos izquierdistas (1958-1960) del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural (1966-1976). Para, desde 1978, dirigir un proceso de Reforma y Apertura cuyos resultados no han tenido parangón en el mundo. En mucho ha superado la combinación y escala económica que experimentaron los Estados Unidos después de la Guerra de Secesión (1861-1865); la industrialización alemana de fines del siglo XIX, así como la creación de una poderosa economía industrial en la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS). En solo tres decenios el país pasó a ser la segunda economía planetaria por los montos del Producto Interno Bruto (PIB) y las cifras del comercio exterior, la primera productora de manufacturas y disponer de las mayores reservas de divisas mundiales.
El PCCh al emprender la política de Reforma y Apertura (1978-2011) que desarrolla China, convirtió al país en un inmenso laboratorio económico, social y político. El Partido, primero, partiendo de la forja en la lucha revolucionaria; y después en la edificación socialista pasó a dirigir un país desde una economía centralizada a otro con la incorporación del mercado; ha sabido formar una pléyade de cuadros políticos e instruidos profesionalmente que, además, de recoger la sabiduría acumulada en milenios por la muy especial cultura del pueblo chino, lo conduce a la plena modernidad, asimilando lo mejor de lo creado por la especie humana.
Asimismo, si bien China es un régimen estatal de Partido Único, a diferencia de otras experiencias socialistas conocidas, tiene la especial característica de ser un sistema abierto. Esta particular condición, como ha venido demostrando la experiencia de los últimos más de 30 años, lo ha capacitado para innovar de manera permanente, en la esfera económica, social y política. Por ello, puede concedérsele el crédito, al menos en teoría, que no tiene por que, necesariamente, repetir el destino de las formaciones políticas que implementaron este mecanismo de organización político-social. E igualmente, tampoco tiene por que copiar los patrones Occidentales de desarrollo económico, ni por qué calcar el modelo de democracia liberal.
Por otra parte, mirando a los desafíos presentes y futuros que tiene ante sí el PCCh, es posible afirmar que en el transcurso de los XII y XIII Programas de Desarrollo Económico Social a ejecutarse en el decenio 2011-2020, China debe cumplir ambiciosas metas. Para ello, cuenta con una fuerza organizada de 80.3 millones de militantes (más que la población de Gran Bretaña); de ese total 18.0 millones (22%) son mujeres; 5.3 millones (6%) pertenecen a minorías étnicas; 24.4 millones (30%) son campesinos, pescadores y pastores; 6. 9 millones (9%) son trabajadores; 6.8 millones (8%) laboran en el aparato del PCCh o el Estado; 18.4 millones (22%) son directivos, profesionales en las empresas y organizaciones sin ánimo de lucro; 2.5 millones ( 3%) son estudiantes.
Entre otros retos cuentan, lograr incrementos del PIB no inferiores al 7-8%; concluir la formación de una red de seguridad social que cubra las áreas urbanas y rurales; nivelar a límites normales los ingresos entre la ciudad y el campo; amortiguar las disparidades regionales que lleve al acercamiento económico-social entre las muchas Chinas que cohabitan en el país; perfeccionar la estructura de la economía de manera tal que sustente el desarrollo económico en el consumo interno; lograr una combinación del consumo de energía y materias primas racional, así como excluir la degradación del medio ambiente.
Además, debe avanzar en la erección de la infraestructura material que respalde los grandes fines enumerados. Asimismo, tiene que dotar al país de las bases que sustenten una Sociedad de Derecho. Sin olvidar que, este último requisito, deberá acompañarse de una democratización social que involucre con mayor peso a la sociedad en la participación, intercambio informativo, gestión, e involucramiento de la población en los destinos de la nación. La lucha contra la corrupción, apoyándose en los preceptos legales, usando medidas institucionales y administrativas para regular el poder de los funcionarios, deberá ocupar un importante lugar en el ordenamiento social.
En tanto, vale la pena recordar que, en el 2020, China deberá alcanzar el estadio de una sociedad modestamente acomodada que, incluirá la concentración del núcleo obrero más numeroso del mundo, junto con la mayor masa de clase media de país alguno del planeta. Igualmente, el orden institucional a conformarse debe alcanzar la concordia inter étnica, que garantice igualdad y pleno florecimiento de todos los grupos humanos que habitan en la nación china. Razones más que suficientes para atender con prioridad la por tiempo postergada y demandada “quinta modernización”: Una mayor democratización de la sociedad.
Finalmente, el PCCh tendrá, además, que enfrentar la compleja madeja de contradicciones, incluyendo la amenaza que representa la lentitud en que se recupera la economía internacional de la crisis financiera destapada a fines del 2008, que planean en el ambiente externo en que se ha insertado China. Las tensas metas internas a acometer en el decenio requieren de la estabilidad social, y en este orden confrontar las crecientes amenazas que significan la incompetencia y la creciente corrupción; e insistir en buscar la verdad en los hechos se erigen en tareas urgentes.
Por último, puede afirmarse que el PCCh, como pocos partidos políticos en el orbe, exhibe una hoja de servicios en estos 90 años de existencia que, independiente de las diatribas que vierten los paladines de la democracia liberal, es digna de encomio no solo para sus fundadores y militantes, sino también para su pueblo. Sin dudas, China se consolidará como potencia de alcance planetario en la primera mitad del siglo XXI.
Julio A. Díaz Vázquez es Profesor Consultante del Centro de Investigaciones de la Economía Internacional de la Universidad de La Habana.
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=132128