19/7/11

La carta del profesor Medófilo Medina


"Ahí están nuestros muchachos (...) si mañana no estamos nosotros (...) ahí está la guerrillerada".
A la “tranquila y serena” carta abierta del historiador Medófilo Medina dirigida al comandante Alfonso Cano (12 julio 2011) donde recurre a sus viejos recuerdos juveniles para llamar a un debate sobre el llamado conflicto social armado actual y la Solución Política que está implícito en él -ya que estos dos aspectos, lo político y lo militar, son parte indisoluble de una unidad dialéctica- se le pueden hacer varias acotaciones generales, que no perjudican las necesarias precisiones que el propio destinatario de la carta le hará en su momento en alguna tregua que de la guerra.
Es una carta ampliamente publicitada en los llamados medios de izquierda, que aparece precisamente como el remitente lo dice, en el momento que el presidente de la república y los altos mandos militares “le dan pocas semanas de vida” al comandante Alfonso Cano, quien seguramente por estar evitando el terrible cerco militar de 8. 000 “soldados delta” con toda la tecnología norteamericana de guerra actual y los cohetes aéreos inteligentes guiados por satélite y que cotidianamente le mandan para “darlo de baja”, no va a tener tiempo de responder con la misma tranquilidad y serenidad que tuvo el historiador para rumiar sus imprecisiones historiográficas y volver a replantear las viejas y hasta ahora NO resueltas discusiones ideológicas y políticas surgidas en el desarrollo de su lucha entre la llamada izquierda legal y la izquierda ilegal , y en las condiciones surgidas históricamente en Colombia. Condiciones que, a pesar de su profesión, el profesor Medófilo parece obviar.
Suponemos que el historiador sabe que desde que Marx así lo estableció, en la lucha de las clases sociales, la ideología dominante o hegemónica, es LA de la clase dominante y dirigente (ambos atributos unidos) que supedita bajo sus intereses las ideologías obreras populares y de otras capas medias existentes en la sociedad; condicionando y determinando el desarrollo de esta lucha tanto en sus aspectos ideológicos y políticos como económicos y sociales. Pues bien este es la primera acotación al olvido posiblemente “involuntario” del profesor Medófilo:
La verdad Histórica comprobada con mucha sangre y sufrimiento por los trabajadores colombianos a lo largo de siglos, ha sido la Violencia Política usada desde las alturas del Poder como mecanismo de dominación y gobierno, frente al cual solo ha quedado el recurso de la resistencia popular indefinida. Y se remonta en la Historia un poco más atrás de los casos del Libertador, del mariscal Sucre, las guerras civiles, o la masacre de las bananeras, los diversos crímenes de Estado y demás “actualidades” reconocidas ahora oficialmente, sino que llega en la Historia de la lucha social colombiana hasta la resistencia indígena rudimentaria contra los invasores españoles y más ejemplarmente el caso de la insurrección comunera, con las muertes terribles de José Antonio Galán y los demás dirigentes comuneros engañados en un pacto de paz religioso y luego “despresados” a sangre fría, o descuartizados según guste la palabra en estos tiempos postmodernos.
De manera que el “enervamiento por la muerte” de la sociedad colombiana, no es un asunto de ahora y menos causado por la Insurgencia, sino más viejito, como también lo es el truco historiográfico (no histórico) de discutir ad eternum sobre lo que debió haber sido pero no fue; como es el caso mencionado en la carta del Paro Cívico Nacional de 1977, sobredimensionado para los efectos historiográficos hasta convertirlo en una “insurrección victoriosa”, cuya valoración más serena, por ejemplo del papel jugado por el líder obrero conservador Tulio Cuevas, pondría en su lugar. Los hechos históricos debemos juzgarlos en su contexto, si los extrapolamos corremos el riesgo de caer en la anacrónica, pecado mortal de la Historia.
Y esta es la segunda acotación. Olvidar invitar al baile histórico al Estado de Colombia y sus mecanismos represivos, generosamente apoyados desde mediados del Siglo XIX por el gobierno de los Estados Unidos, y cuya máxima expresión se dio con la separación (hay quienes hablan de robo) de la provincia colombiana de Panamá una vez concluida una de esas masacres colectivas llamadas “guerras civiles” que duró “mil días”. No es entonces solamente la “cruzada anticomunista aún no concluida” adelantada por los EEUU desde 1945 al terminar la segunda guerra mundial e iniciarse la guerra fría, y que en Colombia llevó al asesinato de JE Gaitán, a la violencia política anticomunista y anti socialista de las dictaduras conservadoras incluida la de Rojas Pinilla, al frente nacional bipartidista, al “desafortunado” plan LASO de 1964, como lo denomina el profesor Medófilo, y a donde hoy estamos.
Escribe en su carta el profesor Medófilo esta imprecisión para continuar con sus discusiones historiográficas:… “Pero ya en la primera pausa de “La Violencia” en 1953, había motivos para plantearse la reorganización de un movimiento agrario que, por ejemplo en el Sur del Tolima, venía trabajado con vigor desde mediados de los años treinta. No sobra recordar que en Chaparral, el Partido Socialista Democrático (denominación temporal del Partido Comunista) había tenido ya dos concejales campesinos, uno de ellos el legendario Isauro Yossa.
Pero la reorganización del movimiento campesino no ocurrió. Al contrario cundió el desconcierto y se prolongó la confrontación con antiguos combatientes liberales que respondieron de manera aún más enconada y en efecto agravaron la violencia” (carta citada)
No creemos necesario aclararle al profesor Medófilo, porque él lo investigó personalmente, que “el legendario Isauro Yossa” como lo llama, fue detenido por la policía política del SIC y unidades militares durante esa tregua promovida por el dictador conservador Rojas Pinilla; encarcelado en el campo de concentración militar de Cunday donde fue torturado y vejado por ser comunista y luego trasladado a la cárcel de la Picota donde permaneció tres años largos por el mismo delito. Nos basta citarle una valoración escrita por Laura Varela, la hija del también mencionado dirigente comunista Juan de la Cruz Varela, quien investigó seria y honestamente junto con Yuri Romero la historia del Sumapaz y el Tolima:
….“El hecho de desmovilizarse sin mayores ofrecimientos por parte del gobierno de Rojas Pinilla, demostró que el interés de los campesinos no estaba en la guerra sino en la paz. No obstante, las esperanzas que las clases populares y los dirigentes liberales habían cifrado en el nuevo gobernante comenzaron a desvanecerse. Uno de los primeros actos de su mandato fue declarar inconstitucional al Partido Comunista de Colombia. Igualmente las expectativas de los liberales acerca de su participación en el gabinete gubernamental se vieron frustradas cuando Rojas Pinilla les hizo saber que no habría entendimiento con ellos si no desmovilizaban y desarmaban las guerrillas que operaban bajo su influencia. Estos hechos fueron el germen del desencadenamiento del nuevo baño de sangre que cubrió varias regiones del país, principalmente Sumapaz y Oriente del Tolima en la siguiente etapa de la Violencia”. (Página 220 Surcando Amaneceres. Historia de los agrarios de Sumapaz y Oriente del Tolima. Alcaldía Local de Sumapaz. Fondo editorial UAN. Bogotá 2007)
La tercera acotación para no convertir esta nota en libro de Historia, tiene que ver con la concepción de la Solución Política que desde el inicio del conflicto armado actual ha sido prioridad esencial en la agenda de los Insurgentes. Pero hay muchas y variadas interpretaciones de este concepto. La Insurgencia y así lo ha escrito siempre en sus documentos, siempre ha hablado de una Solución Política al conflicto social y armado de Colombia. ¡A Secas!.
Sin embargo hay quienes para sus intereses, por ahora desconocidos, le agregan el atributo de “negociada”, desvirtuando totalmente el planteamiento original insurgente, y hasta han acuñado el término SPN (solución política negociada) ¿Porqué negociada? Porqué no puede ser pactada, o acordada, o arreglada, o concertada, o transada, o convenida, o contratada, o conciliada, o concordada, o consensuada, o votada, o refrendada, o civilizada, o diplomática, ect?. Por la sencilla razón que la clase dominante y dirigente siempre ha soñando tal y como lo planteó su creador López Michelsen, con derrotar a la Insurgencia en una mesa de negociaciones, cerrada y sin presencia del Pueblo. Además de que se ahorrarían (porque le temen) el debate democrático amplio sobre la Nueva Colombia, que se iría a construir.
Los otros aspectos tratados en la misiva; sobre la penetración de los dineros del narcotráfico dentro de TODA la sociedad colombiana, sin excepción, o sobre cuál es el resultado de 47 años de conflicto, o sobre el uso del conflicto por parte de la clase dominante y el Imperialismo para sus fines geo-estratégicos; creemos que por ejemplo, un repaso al llamado proceso 8.000 de Samper y a los “actuales” procesos que adelanta valientemente la Corte Suprema de Justicia ( con mayúsculas ) por Narco Para Militarismo, junto con los informes y análisis de las múltiples ONG mundiales sobre la catástrofe social y humanitaria de Colombia, podrán arrojar más información útil y conocimientos verdaderos, que una carta de respuesta al profesor Medófilo. Además de que serían preguntas para hacerse ellos mismos: Por ejemplo; ¿porqué después de 47 años de una guerra tan atroz, con todos los recursos políticos, económicos, sociales y militares y sobre todo, la ayuda incalculable de los EEUU, porqué aún no han ganado la guerra?
Por una razón sencilla que tarde o temprano la clase dominante y dirigente de Bogotá y Washington, tendrán que aceptar: NO hay solución Militar en Colombia. La solución es Política, y no necesariamente “negociada” como lo quiere el profesor Medófilo
A todos los historiadores y sociólogos que se enfrascan en hacerle alarde a la rendición, es importante decirles que el proyecto de la clase dominante se impone y se reproduce en ciertos marcos teóricos vehiculados en centros de pensamiento cuya cuchara está empeñada en becas y financiamientos que dictan e imponen, marcos teóricos para interpretar nuestra realidad de acuerdo a proyectos hegemónicos. Como los estudios financiados por la multinacional tabacalera Phillips Morris para demostrar científicamente que fumar no produce cáncer.
Al proyecto dominante le conviene que el revisionismo histórico se imponga para que triunfe la versión de los dominadores, una perspectiva histórica dialéctica nos evitaría caer en estas trampas de ciertas escuelas de pensamiento que ya arriaron las banderas.
La historia la escribe los hombres bajo condiciones que ellos no controlan, voluntad política ha habido para resolver políticamente el conflicto, ahí está la Agenda Común por el cambio hacia una Nueva Colombia, firmada como acuerdo entre el Estado Colombiano y las FARC-EP en El Caguán. Si leen bien en detalle el libro de Pastrana, “La palabra bajo el fuego”, este proceso fracaso por el devaneo oligárquico de vencer militarmente a la insurgencia, durante el Caguán la oligarquía gano tiempo, para realizar la reingeniería del ejercito, realizar toda la cartografía de mandos farianos no reseñados por la inteligencia militar, infiltrar y realizar operaciones envolventes, hechos que la historia oficial interpreta como la ausencia de voluntad de la insurgencia para la paz.
Mentira pura, la verdad fue otra. Era tanto el anhelo y el compromiso para la paz, que la insurgencia se inmovilizó durante todos los años del Caguán, muchos guerrilleros echaron barriga, mientras el ejército se preparaba con el Plan Colombia en la manga para vencer al pueblo en armas, que como en cualquier AVATAR, no escoge el método de lucha. La lucha armada se ha impuesto desde el régimen oligárquico-mafioso, “es tan criminal quien hace una guerra innecesaria como aquel que deja de hacer una guerra necesaria.
Ojalá la lucha por la Nueva Colombia se pudiera hacer desde el parlamento, desde las diferentes instituciones, sin la necesidad de tomar un fusil para defender el proyecto de sociedad que anhela el pueblo trabajador.
El compromiso con la salida política es inclaudicable, ya habrá tiempo desde una perspectiva histórica dialéctica de hacer el balance necesario de la epopeya del pueblo en armas. 47 años en una perspectiva histórica no son nada para el reinado de siglos del capitalismo, la insurgencia colombiana está enfrentando a la oligarquía más criminal del continente y como decía el viejo guerrillero heroico, Manuel Marulanda Vélez: "Ahí están nuestros muchachos (...) si mañana no estamos nosotros (...) ahí esta la guerrillerada".
Solución política al conflicto colombiano YA.