18/7/11

Hoy el petróleo, mañana los alimentos


Fortunato Esquivel
El debate es urgente, pues la modernidad, nos está empujando de a poco a aceptar las imposiciones de los poderosos imperiales que aparentemente quieren poner en vigencia otra forma del ajuste estructural. Esta vez por la vía de los alimentos. Es decir, por el estómago. Los grandes productores agrícolas todavía bailan en una pata, tras la aprobación de la Ley de Revolución Productiva, pues lograron introducir pocos pero definitivos artículos que les permitirá utilizar semillas transgénicas, que desde luego, serán proporcionadas por las transnacionales que tienen dominio universal sobre ellas.
Pasarán los años y estos entusiastas de la acumulación de riqueza, se arrepentirán de haber actuado solapadamente, pues una vez en sus manos, las trasnacionales de los transgénicos, los tendrán apretados de los testículos exigiendo el pago de regalías y serán propietarias de las semillas, con respaldo del poder Imperial. Nuestras tierras estarán desertificadas, difíciles de ser recuperadas, pues los poderosos insecticidas que se utilizan malograrán extensos campos donde sólo se podrá producir con más glifosato. Los campesinos estarán intoxicados, pero ello no les importará a los grandes agricultores y menos a las transnacionales, si el objetivo es ganar y ganar con el justificativo de la seguridad alimentaria.
Tras la imposición de la ley, todavía me siento atragantado por la contrariedad y la pena que debe embargarnos, ante la introducción de estos poderosos defoliantes, que ya están provocando intoxicaciones y aparición de casos de cáncer entre los campesinos sometidos a su inhalación.  Así llegan las imposiciones, en algunos casos. En Bolivia, fue por la vía democrática, puesto que nuestros conocimientos son apenas emergentes como nuestro progreso. En otros lugares, el Imperio se impone por la guerra de conquista, como ocurre desde hace algunas décadas con relación al petróleo.
Tras invadir Irak, el Imperio tiene petróleo prácticamente gratis. Aún planifica hacer lo mismo con Irán. Entretanto, Afganistán y otros territorios de los alrededores, ricos en lo mismo, ya están en sus manos. A fines del pasado siglo y principios de este, los bolivianos estuvimos involucrados en otra vital guerra. La guerra del agua. Vencimos y dimos ejemplo al resto del mundo. Los privatizadores del líquido elemento fueron expulsados de varios países sudamericanos. Los imperialistas emprendieron estratégica retirada..temporal.
¿De quién es el agua... por ahora? 
Tras la guerra del agua y la expulsión de la transnacional francesa que pretendió privatizarla, todos dirán que el líquido es de todos. Pero, los ojos de las grandes empresas están ahí, buscando alguna forma para volver a apoderarse del agua. Los cambios climáticos, con grandes calores y tremendos fríos, nos están mostrando que muy pronto, el agua se convertirá en algo que moverá la codicia del imperio, pues se tornará más valiosa que el petróleo. Las transnacionales ya se están apoderando del agua y aunque parezca extraño, cuentan con la ayuda de ese organismo que se llama Naciones Unidas y que fue creado para garantizar los derechos de todos en el mundo.
En la década de los 80, el FMI obligó a los países emergentes a vender las empresas estatales. En nuestro país, los economistas progresistas decían que nos estaban obligando a vender las joyas de mamá como condición para ofrecernos préstamos que luego se llamó “deuda impagable”. El FMI está atacando de nuevo. Este organismo, más favorable al Imperio, está forzando a las naciones endeudadas a vender nuevamente los bienes públicos, esta vez incluyendo los acuíferos, como condición para conceder ayuda financiera.
Los bolivianos tendríamos que manejarnos con cuidado, respecto a la “señora FMI”, pues según la ecologista canadiense Maud Barlow, el planeta se encuentra en las vísperas de una crisis de proporciones aterradoras en materia de abastecimiento de agua. Por el momento, pequeñas empresas ya se apoderaron de algunas vertientes para vender agua embotellada. Es el principio de algo que puede empeorar con el justificativo de inversión extranjera.
Luego controlarán los alimentos
La producción de alimentos en base a transgénicos puede ser la nueva estrategia para controlar al mundo. Esta revolución transgénica que es presentada como milagrosa solución contra el hambre, puede provocar violencia contra los genuinos productores orgánicos. Estamos seguros que los científicos de las transnacionales no garantizarán una mayor producción de alimentos, sino los pequeños agricultores, los campesinos y los pueblos indígenas que siguen produciendo más si se los suma en conjunto. Y lo están haciendo sin exponernos a millones de litros de agrotóxicos que pueden provocar más muerte que vida.
El debate es urgente, pues la modernidad, nos está empujando de a poco a aceptar las imposiciones de los poderosos imperiales que aparentemente quieren poner en vigencia otra forma del ajuste estructural. Esta vez por la vía de los alimentos. Es decir, por el estómago.
Los imperios de Europa y Norteamérica, ya controlan el petróleo, pronto lo harán con el agua y seguramente apuntan a los alimentos. Los países emergentes, estamos obligados a unirnos para actuar en defensa propia.
fortuvel@hotmail.com
Barómetro  Internacional