30/7/11

Hemingway ¿ebrio de vida y muerte?

Foto: Ernest Hemingway

Gladys Rodríguez Ferrero
“Lo demás era muerte y sólo muerte”: Federico García Lorca
El escritor y periodista italiano Guido Guerrera, conocido en Cuba por su libro Paseando con Papa Hemingway que Ediciones Unión publicó, en el 2003, en el pasado Coloquio Internacional Hemingway, leyó una conferencia que bajo el sugestivo título de Ernest Hemingway: un hombre ebrio de vida y de muerte, trasladó al auditorio hacia estos conceptos presentes en toda la obra hemingwayana. El autor ya nos tiene acostumbrados a su siempre oportuna presencia en estos eventos. Fue una conferencia lírica que, en la voz de Guido, nos transportó a esos precisos instantes en los que Hemingway se mezcla con la vida y la muerte.
Señala Guido que en la obra de Hemingway siempre está presente la muerte. En ella mueren animales, hombres, está presente la guerra que hace desaparecer a los héroes que entran “en el sueño eterno”.
Una y otra vez regresa Guido a El viejo y el mar. Santiago y el pez como metáfora del destino humano. Santiago y el pez, Santiago y el pájaro, Santiago y los tiburones no son más que alegoría, símbolo, figura, imagen. Y una realidad en la obra de ficción de Ernest Hemingway. Santiago y pez, atados a un mismo destino. Ambos luchan por la supervivencia.
Instantes reflejados en su obra, en su vida. Pero Guido ejemplifica a partir de algunas de las obras del autor norteamericano, aquellas en las que más cerca está la muerte acechando y la vida en lucha constante.
Y entonces nos habla de un nihilismo, sólo aparente. Sin embargo, es Hemingway un hombre de su época, lleno de energía, con una actitud crítica hacia las convenciones sociales. Muestra interés profundo por las ciencias naturales, así aprende de la vida de las agujas y de su intenso vagar por la Corriente del Golfo a la cual denominara el “Gran Río Azul”. Sus personajes son seres de pensamiento y acción.
La sangre derramada de un hombre porque un toro lo mata. La muerte, qué es la muerte sino más que la cesación de la vida. La vida y la muerte en Hemingway, guerra sin cuartel hasta morir uno de los protagonistas.
La muerte en contraposición con la vida. La vida, esa fuerza interna sustancial mediante la cual obra el ser que la posee. Es la unión del cuerpo y el alma, pero también el espacio de tiempo que transcurre desde el nacimiento hasta la muerte de ese ser. Que puede ser un héroe pero puede no serlo.
Expresa Guido que “Hemingway coquetea con la muerte” [y se] “proyecta en direcciones que sobrepasan los límites”. La presencia del héroe inquietante, regidor de la vida y la muerte que corona la vida a punto de ser destruida.
Es un proceso “meditado, lento y catabólico de destrucción y autodestrucción”, manifiesta Guido. Pero en este caso nos acerca al Hemingway en el cual la técnica es un mero soporte, no un fin. La técnica es un medio, no una meta.
La prosa poética que Hemingway nos regala en El viejo y el mar está llena de sobriedad, de contención y, tal vez, a veces nos parezca lo contrario. La imaginación de Santiago está limitada por la realidad porque no se puede imaginar lo que no existe. Es “justamente una novela breve, fulgurante y perfecta”, acota Guido. Para él Hemingway es Santiago, para muchos también porque el autor siempre nos acostumbra a su alter ego. Pero sí, es un hombre viejo, casi ha sido derrotado por la crítica apabullante que recibe A través del río y entre los árboles. Sin embargo, encuentra en esta obra el sentido justo de la vida y se levanta.
Hemingway “tomaba todo muy en serio…era demasiado agudo en la observación…ser excelente en todo…y, obviamente, ser el mejor de todos cuando escribía”, describe Guido. Pero siempre aparece como uno de los temas hemingwayanos la frustración del ser humano. Frustración y destino trágico de sus protagonistas que se proyecta en toda su obra.
Para el autor norteamericano “Morir es una cosa muy sencilla…”, destaca Guido. Y, sin embargo la muerte deja sentir su presencia oscura en su obra. La muerte y el destino continúan siendo una amenaza.
Y el debate entre el amor por el padre suicida y la hostilidad expresa hacia la madre hace que los personajes femeninos de Ernest Hemingway sean minimizados o capaces de acabar físicamente con un hombre débil. Por lo que el amor está constantemente amenazado y deberá enfrentarse a la destrucción. Porque en la labor de creación de su mundo, el autor hace que desaparezcan uno tras otro los personajes que él ha destinado a la muerte. Es una compleja elaboración y el lector tendrá que resignarse a aceptar la visión de ese mundo en permanente tensión y, a la vez, contradictorio, inestable, insatisfecho, frustrado y que puede corroborarse al adentrarnos en la lectura de sus obras.
Y, de acuerdo a la evaluación de Guido Guerrera, los personajes de Hemingway deben “Gozar la vida esperando la muerte”. Y sí, resulta cierto. El toro se ennoblece a partir de la participación que le da el torero que le facilita la muerte. La literatura hemingwayana con su utilización de símbolos, con sentidos ocultos que colman el texto de imágenes y signos, metáforas simbólicas. La muerte lo puede ser todo en su mundo. El toro podemos identificarlo tanto con la vida como con la muerte, con la destrucción.
Así la vida, la muerte, el mar conforman el gran espacio literario de Hemingway. Y finaliza Guido golpeando fuertemente al señalar que “No era miedo ni temor, era una nada…Todo era nada, también los hombres eran nada…pero él lo sabía que todo era nada.”
Lisandro Otero denominó a Hemingway como el último romántico. Y quiero finalizar de la mano de Lorca recordando que “…el romántico va siempre en una barca desafiando al viento, a Dios y a la Muerte en un solo instante que quisiera hacer eterno”.