31/7/11

Heidegger: El nazismo, las mujeres, la filosofía


Probablemente Martin Heidegger sea el filósofo del siglo XX sobre el que más textos se han escrito. Junto a los trabajos académicos, dedicados a la ardua tarea de esclarecer su pensamiento, se han multiplicado otros que exploran el vínculo entre su vida y su obra. Algunas preguntas recurrentes en ellos son: ¿Hasta qué punto estuvo Heidegger comprometido con el nazismo? ¿En qué medida dicho compromiso afectó su obra “teórica”? ¿Qué grado de autenticidad tuvo su relación amorosa con Hannah Arendt?
Cuando podía parecer que el “caso Heidegger” estaba ya agotado –no, obviamente, por haber sido resuelto, sino por falta de perspectivas y datos novedosos-, Alain Badiou y Barbara Cassin vuelven a ponerlo en escena en su breve trabajo Heidegger. El nazismo, las mujeres, la filosofía.
En 2007 Badiou y Cassin decidieron incluir en la colección L’Ordre philosophique que dirigían conjuntamente las cartas que Heidegger había escrito a su mujer Elfride –en rigor, aquellas que habían sorteado una doble selección: de los esposos, primero, y de su nieta Gertrud, posteriormente-. Para la edición redactaron un prólogo en el que, partiendo de las cartas, se internaban en la vida política y sentimental de los protagonistas. Dicho prólogo fue objetado por los herederos de la pareja por lo que, tras una batalla legal, sus autores decidieron retirarlo para publicarlo en una edición ampliada con formato de libro. 
Uno de los principales atractivos del libro lo constituye el estilo en el que está compuesto. Por momentos, es un clásico texto escrito “a cuatro manos”, en el que no se puede distinguir quién es el autor. Pero en otros pasajes se abren controversias que separan nítidamente los dos pares de manos. En el propio texto se da cuenta de esta tensión. Allí se presenta a Alain Badiou como “un hombre constructor de sistema”, situado “en la herencia de los clásicos de la revolución comunista” y “que afirma que Heidegger es el filósofo más grande del siglo XX”.
Cassin, por su parte, es “una mujer inspirada por las formas más sutiles del pragmatismo del lenguaje”, que “explora las nuevas posibilidades de una democracia de lo múltiple” y que, si bien en su juventud asistió a varios seminarios de Heidegger, no comparte plenamente sus posiciones filosóficas.
Ambos autores coinciden en la necesidad de tomar distancia tanto de aquellos que impugnan por completo la obra del filósofo en virtud de su adhesión al nazismo, como de quienes minimizan dicha adhesión en función del valor de su obra. En diversas expresiones analizadas en la Correspondencia, Badiou y Cassin encuentran claras muestras de un “nacionalismo provinciano”; de un incipiente entusiasmo ante lo que se considera la “revolución alemana” y las posibilidades de asenso “en el pequeño poder académico y social” que ésta podría acarrear a la pareja; y, finalmente, indicios de una “prudente política de espera” en la que se evidencia “el escaso coraje del pensador”. En síntesis: “Heidegger es, por cierto, un gran filósofo, que fue también, y al mismo tiempo, un nazi absolutamente común y corriente”.
Al abordar la cuestión amorosa, Badiou y Cassin exponen algunos hechos que quizá –más que los ya conocidos acerca del nazismo- sean los que despertaron la irritación de los herederos de la pareja. A las numerosas infidelidades del filósofo, entre las que se destaca, claramente, su relación amorosa con Arendt, se suman algunos datos sobre las de Elfride –el más notable: que Hermann, anotado como hijo de Heidegger era, en realidad, fruto de una relación de Elfride con un amigo mutuo-. La articulación entre una vida sentimental y sexual semi clandestina y la pareja “oficial”, y la “sublimación filosófica que opone esa unidad duradera al pasaje de lo múltiple”, permite a los autores realizar una arriesgada pero estimulante comparación con la pareja conformada por Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir.