18/7/11

Habitación y conglomerados urbanos


Bruno Peron Loureiro
"Los presidentes de los países del Sur que prometen el ingreso al Primer Mundo, un acto de magia que nos convertirá a todos en prósperos miembros del reino del despilfarro, deberían ser procesados por estafa y por apología del crimen.”: Eduardo Galeano - Patas Arriba
 ¿Estaría definitivamente resuelto en Brasil el problema de la vivienda si el gobierno decidiese inyectar todo el dinero necesario –en detrimento de las políticas públicas de otros sectores– en la concesión de casas a quienes no las tienen y en la solución de todas las fallas estructurales que distancian a millones de viviendas de los patrones mínimos de dignidad?
 La Unión Nacional por Vivienda Popular estima que el déficit habitacional en Brasil es de ocho millones de viviendas, pero que los recursos disponibles atenderán a poco más de dos millones de familias hasta el final del 2014, cuando la presidenta Dilma Rousseff haga un balance del cuatrienio.
 Además de la falta de techo, diez millones de brasileros tienen una casa, pero cuentan con algún problema infraestructural, como la falta de tratamiento de aguas residuales, o instalación eléctrica clandestina. Es un número que traspasa a los que no tienen casa y viven por lo tanto en condiciones precarias.
 El tema de la vivienda es tan complejo que demanda la participación de entidades que discuten el crecimiento urbano, la planificación familiar, las migraciones interestatales, el éxodo rural, el reparto de tierras, la matriz económica regional y la creación de empleos. Las acciones se conciertan porque ninguno de estos temas acepta la segregación.
La mayor parte de la población brasilera no vive, sino que se aglomera en las ciudades, focos de civilización donde la especulación inmobiliaria salta sobre el derecho de vivienda de las personas, y los salarios diminutos corroboran la incapacidad para disfrutar la vida.
En las zonas urbanas de expansión rápida, lotes de condominios de lujo se venden prácticamente a las pocas horas de su lanzamiento al mercado, mientras se genera un excedente cada vez mayor de familias que no logran una habitación de incentivo gubernamental, con áreas en general muy comprimidas de unas pocas decenas de metros cuadrados.
 Las políticas públicas habitacionales se concentran en la población de renta baja, sobre todo en la que duerme en “favelas” y espacios clandestinos, ya que las de mayores ingresos tienen condiciones como para financiar la expansión de los condominios privados, cuya administración a menudo burla la legislación ambiental y tributaria en pro de un mejor negocio.
El Ministerio de las Ciudades trabaja con la meticulosa Política Nacional de Habitación y el Plan Nacional de Habitación, que disponen de un diagnóstico y de un programa de acción bien fundamentado y mitigador, sin embargo son apenas paliativos si nos se discuten caminos para frenar el crecimiento del déficit habitacional.
El objetivo de la Política Nacional de Habitación es “universalizar el acceso a una vivienda digna para todo ciudadano brasilero”. El adjetivo destaca que la preocupación gubernamental es la de estructurar y formalizar las condiciones habitacionales para que todos puedan vivir en lugar de aglomerarse, usufructuar en lugar de soñar.
En una línea de pensamiento similar anda el Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) que lucha desde 1997 por un modelo de ciudad que garantice la vivienda para todos y mejores condiciones de trabajo. A pesar de las irregularidades que surgen eventualmente en su estrategia de ocupación y su actuación más acentuada en las zonas metropolitanas, los argumentos de este grupo son más razonables que los de los empresarios del ramo inmobiliario.
Como el dinero es prioritario frente a la dignidad en Brasil, que vende sus engranajes al capital especulativo y a las bolsas de valores, los banqueros salen con los bolsillos más repletos que churros rellenos. El gobierno les presta para construir las viviendas y los bancos endeudan a los pobres con obligaciones de por vida.
Cada proyecto del programa Mi Casa, Mi Vida, construye hasta 500 apartamentos o casas en unidades habitacionales que disponen de dos habitaciones, una sala, una cocina, un baño y un área de servicio. La Caja Económica Federal hace efectiva la venta financiada de inmuebles a familias con renta hasta R$ 1.395,00.
El problema mal resuelto no deja de mover las ruedas del sistema.
Hay estudios que indican que la clandestinidad es mayor de lo que se imagina en el área de vivienda en Brasil. De esta manera la formalización interesa a los gestores de políticas de vivienda, mientras tanto las constructoras celebran la hinchazón urbana, que remite a la ley de la oferta y la demanda y torna para muchos cada vez más distante el sueño de la casa propia.
Habrá de cambiar la cultura paternalista que retiene a millones de brasileros en la pasividad a la espera de que alguien resuelva sus problemas. El Estado corregirá las distorsiones cuando se torne catalizador y facilitador de una trama que no prescinda del trabajo arduo de todos nosotros, a fin de que hagamos más y dependamos menos.
Respondiendo a la pregunta inicial: la ciencia a veces tarda en sustituir al milagro.
http://www.brunoperon.com.br
Publicación Barómetro  Internacional