4/7/11

Europeos de todos los países, les pido perdón


Rosalía Sánchez & Isabel Velloso
"Europeos de todos los países, os pido perdón". Así comienza Detlef Gürtler un divertidísimo e inquietante ensayo que publica hoy simultáneamente en varios países y en el que ironiza sobre los recelos que Alemania despierta entre sus socios europeos cuando le va mejor que al resto, al tiempo que pide a los gobernantes alemanes que dejen de imponer rígidamente a otros países un modelo de crecimiento que puede no ser el más adecuado para todas las economías. El escrito se basa en que Alemania, o los alemanes por ser cómo son, está "destruyendo Europa" y hace un llamamiento a los europeos, en especial a los de los países de cultura mediterránea, que son los que precisamente sufren más gravemente la crisis económica, a sublevarse."Cómo pueden ustedes quizá evitarlo", propone Gürtler.
A Gürtler le preocupa que, en la actual crisis económica, Merkel haya descubierto su "vena misionera", y quiera imponer la economía social de mercado y un modelo de crecimiento alemán, de forma que "contribuirá a romper un equilibrio de poder y a erigir una supremacía continental que no benefician a nadie". A modo de guía para que el lector logre entender la posición de Alemania durante esta crisis del euro, explica que "los alemanes hemos encontrado una fórmula para lograr resultados fáusticos sin convertirnos a nosotros mismos en héroes fáusticos, un sistema llamado economía social de mercado que obliga a ser flexible y dinámico con palabras largas como 'Montanmitbestimmungsgesetz' o 'Allgemeinverbindlichkeitserklärunngen' que conducen siempre a un mismo principio: competencia, el Mefistófeles con el que la Alemania fáustica ha hecho un pacto".
Este modelo cuaja en la cultura alemana, donde "la alegría de optimizar no es un hobby personal, sino una especialidad nacional", pero el autor duda que pueda trasplantarse a culturas tan diferentes como los que denomina como "países de la aceituna".
"Mi esposa trabajó en una mediana empresa cerca de Heidelberg que fabrica la bebida Capri-Sonne. Un colega del departamento de investigación se encargaba exclusivamente de optimizar la fijación de la pajita en el envoltorio. Día tras día, forma de la pajita, tamaño y material, pegamentos, puntos de sujeción, cálculos y pruebas en la práctica" y muy orgulloso de estar realizando una actividad útil y decisiva para el éxito de la empresa", recuerda, como ejemplo no trasladable a la cultura económica española, antes de advertir: "Merkel ha ocultado decorosamente que en alemán se dice 'Produktivitätspeitsche', traducido: látigo de la productividad... y el mensaje es que quien no quiera someterse al látigo de la productividad, no merece pertenecer al euro".
"La fábula de La Fontaine tiene 343 años, pero suena tan fresca como si la acabara de escribir Wolfgang Schäuble para el invierno del euro. ¡Qué asco da la unión de transferencias!, se enfurecen las hormigas alemanas y la hormiga reina le propone un plan recientemente elaborado con el que las cigarras pueden transformarse en hormigas. Esto no es posible en el reino animal y en el reino de los humanos no es tampoco muy probable", dice Gürtler, exponiendo a continuación una teoría económica del clima. "Las cigarras viven allí a donde las hormigas les gusta ir de vacaciones, en el verano. En Alemania tenemos algo parecido al verano. Un día cada década, hace calor en Brandemburgo. Pero desde noviembre hasta abril apenas nace algo y solo se puede vivir de las existencias almacenadas".
Muy resumida, esta teoría del clima cultural aplicada a la historia de la economía sostiene que las cigarras viven en aquella zona climática en la que se inventó la civilización, entre otras cosas porque gran parte del año hace tanto calor que solo un complejo sistema de riego asegura cosechas suficientes. Y las hormigas viven en la zona en la que se impuso el capitalismo porque las personas se sometían a trabajos duros en las fábricas bajo la amenaza de morir de hambre y de frío, ya que sabían que el ahorro y la previsión son vitales para la supervivencia.
Estas diferentes culturas económicas llevan a diferentes respuestas ante la crisis. "Los alemanes nos preguntamos: ¿qué tengo que hacer para salir de la crisis? Y reaccionamos consecuentemente. Pero en los campos del Mediterráneo se plantea una pregunta diferente: ¿cuándo va a terminar la crisis, por fin?". Por tanto, concluye, "Alemania quedará sola ante la crisis y tendrá que actuar por toda Europa".
Recetas para España
Llegados a esta situación, Gürtler aplica una gran ironía en la receta que aconseja a España, el "país Potemkin", para evitar que Merkel le lave el cerebro económico:
- Ataquen en su lado oscuro, hagan que los alemanes pierdan la confianza en sí mismos mencionando la amenaza de un "Cuarto Reich" e incluyan en sus escritos citas de Guillermo II (cien años justos), a la espera del centenario de la II Guerra Mundial.
- No olviden que Francia, como advirtió Albert, se parece más a España que a Alemania, comparte una herencia comparable de proteccionismo, dirigismo y corporativismo inflacionista aunque se pone retóricamente del lado de Alemania con la esperanza de que los alemanes no se den cuenta de su jugada.
- No paguen sus deudas. Sencillamente, como hizo Gerardo Díaz Ferrán, no paguen un euro más de sus deudas. Ni Alemania ni ningún país del norte de Europa cuentan con esta posibilidad real y quedarán sin capacidad de reacción, porque en su cultura es el deudor es que asume la responsabilidad de pagar y no el acreedor la de garantizar el cobro, muy al contrario que en el Mediterráneo. Y ya se sabe que si un deudor no paga, tiene un problema, pero si muchos deudores no pagan, es el acreedor el que lo tiene.
- Sigan la estrategia Schabowski (portavoz de gobierno de la RDA que con una declaración no programada dio pie a la caída del Muro de Berlín), crear un gran caos y una igualmente gran necesidad de inversión sin ser conscientes realmente de lo que están desencadenando. Cuando todo esté fuera de control los alemanes sentirán el impulso de ordenarlo y si es desastre es lo suficientemente grande, tendrán la sensación de que no solamente se les pide pasar por caja, sino que invierten en un futuro mejor.
A pesar de las muchas sonrisas que provoca el escrito, el autor apunta hipótesis escalofriantes y previene sobre el papel de "aprendiz de brujo" que adopta Alemania, a quien sus socios europeos insisten en pedir mayor liderazgo. Sugiere que la guerra entre países europeos no puede descartarse por completo y describe una situación perfectamente imaginable en la que Merkel envía al ejército a rescatar a turistas alemanes atrapados en Mallorca por una despiadada huelga de controladores aéreos.
Y aunque aparentemente se muestra comprensivo con la cultura climático-económica de los países del sur, a sus salarios ligados a la inflación, recuerda que "en la primera década del siglo XXI, los precios en Grecia y España subieron un 31 y un 36% respectivamente. Por esta razón, el Nobel Paul Krugman, cuando el gobierno español le pidió consejo en 2009 sobre cómo podía salir de la crisis, recomendó una reducción salarial general del 2%. El gobierno español respondió buscándose otro consejero, pero el problema, naturalmente, permaneció".
El escrito de Gürtler pretende ir un paso más allá que el de Hessel al proponer soluciones para salvar la Unión Europea al considerar que el grito de '¡Indignaos!' se quedaba en una reflexión sobre lo que está mal.
Defiende que '¡Perdón! soy alemán' sólo puede estar escrito por un alemán porque "es la única forma de abrir el debate". "El problema de Europa no es Grecia ni España sino Alemania y todos lo saben, por eso es necesario que lo diga un alemán", explica en conversación telefónica.
Un alemán que bromea con que "la próxima semana estaré en España y no sé si podré regresar a Alemania" tras la publicación hoy del texto. En el fondo, este periodista quiere y pretende una Europa unida y fuerte frente a otras potencias como China y Estados Unidos y cree que este es el único camino: rebelarse ante el pacto de competitividad de Angela Merkel