27/7/11

Estados Unidos y la crisis de su deuda pública tiene harto a todos


Andrei Fediashin

El pasado viernes 22 de julio venció el plazo del ultimátum del presidente Barack Obama al Congreso de la nación. Las condiciones eran bien el Congreso encontraba una manera de subir el techo de la deuda pública, bien Estados Unidos se declaraba en suspensión de pagos. Sin embargo, no todo parece tan negro, posiblemente hay una salida.
Un salvavidas para EEUU
Desde la mañana del 20 de julio Barack Obama mantuvo entrevistas con los líderes del Congreso sobre una nueva variante del acuerdo presupuestario, formulada por un grupo de republicanos y demócratas del Congreso (bautizado por el número de sus integrantes como la “Banda de los Seis”). Obama incuso se precipitó a calificar el proyecto de paso en la dirección correcta.
No es en absoluto una solución de común agrado, pero sí una opción que podría ser aprovechada para evitar el riesgo de una suspensión de pagos técnica. La pregunta que surge inevitablemente es: ¿y por qué este plan no fue formulado antes?
Resulta que el proyecto en cuestión es la propuesta algo modificada de la Comisión para finanzas y asuntos presupuestarios del Congreso, formada hace más de 6 meses. En rasgos generales el plan prevé la reducción de la parte de gastos del presupuesto en unos 3.7 billones de dólares en los próximos 10 años, gracias a la reducción de la financiación de los programas del Pentágono, de los sistemas de asistencia médica Medicare y Medicaid y en las reformas de la seguridad social. 1 billón tiene que provenir de la eliminación de los puntos débiles de la legislación tributaria y de la supresión de las ventajas fiscales de las hipotecas y los seguros médicos privados. Se les ponga el nombre que se les ponga, dichas medidas no son más que aumentos de impuestos, sólo que servidos de otro modo.
Antes estas medidas no habrían sido aceptadas: Barack Obama quería subir los impuestos, pero los republicanos estaban radicalmente en contra. No obstante, ahora las partes pueden mirar al proyecto por el lado que les plazca y pasar por alto las concesiones a los adversarios políticos. Y con este plan en marcha se podría subir el límite de la deuda pública en 2 o 2.5 billones de dólares, partiendo de los actuales 14.3 billones. 
No obstante, esta propuesta es todavía sólo una posibilidad de salvación: tiene únicamente 4 páginas, no estipula ninguna reducción en concreto, no ha sido sometido a análisis de los expertos en presupuesto y no tiene forma de proyecto de Ley. Si el Congreso no se pone a trabajar todos los días de la semana sin pausa para el almuerzo, no conseguirá llegar a tiempo hasta el próximo 2 de agosto para aumentar el techo de la deuda pública. Sin embargo, sigue habiendo esperanza y es mayor de día en día.
El Congreso de los Estados Unidos y los juegos con un martillo
Otra señal de la posible solución del problema son las maniobras políticas asociadas: el pasado 19 de julio los republicanos consiguieron pasar en la Cámara de Representantes, donde detentan la mayoría, un proyecto de Ley que tiene por objeto la reducción de los gastos y el aumento del tope de la deuda federal que debería ir acompañado por la introducción de una enmienda en la Constitución que sancione como obligatorio el equilibrio del presupuesto estadounidense, cosa imposible de alcanzar en un futuro próximo.
Todo el mundo tenía clarísimo que este proyecto de Ley no tenía ninguna posibilidad de convertirse en Ley, porque cualquier enmienda a la Constitución ha de ser aprobada por dos tercios de los votos y los republicanos serían incapaces de conseguirlos en el Senado. Eso sin olvidar que las enmiendas a la Constitución no se tramitan en unos plazos de tiempo tan breves. Y además, el presidente Obama manifestó que en el improbable caso de ver este documento en su mesa, impondría su veto.
Con este tipo de nimiedades legislativas en el Congreso se suele marcar el territorio ideológico y se preparan los caminos de retirada: los republicanos anunciaron sus propósitos y el resto ya no es culpa suya, sino una trágica coincidencia.
Un abogado de Washington dijo en cierta ocasión que todo lo que ocurre en el Congreso recuerda muchísimo un divorcio donde las partes buscan causarse los mayores daños posibles y finalmente acaban perdiendo todo el patrimonio.
Los republicanos parecen haber empezado a darse cuenta de estar rozando ya el “punto de no retorno”, en primer lugar, para ellos mismos. Y no les preocupan tanto los intereses nacionales como sus motivos egoístas y preelectorales. Y nadie habla en serio del peligro de una catástrofe financiera, cuyo peligro y probabilidades, por otra parte, fueron exagerados desde el principio.
No obstante, estos juegos políticos han hecho que varios sondeos de la opinión pública revelaran que el Congreso está a punto de batir el récord de la aversión que la población de Estados Unidos tiene hacia sus legisladores. El diario The Washington Post recordó que, en los años 30 del siglo pasado, el ídolo de la “América simple”, el actor, cowboy y humorista Will Rogers apuntó que “el país está acostumbrado a sobresaltarse cada vez que se reúne el Congreso, igual que lo hace al ver a un niño jugar con un martillo”. ¿Por qué lo diría?
Y ahora, de acuerdo con los resultados de la encuesta de The Washington Post y la ABC, el 63% de los electores (es un récord) en los comicios de 2012  intentarán encontrar un sustituto a su antiguo favorito. Según los resultados de un sondeo de la opinión pública de la cadena CBS, el 58% de la población está descontento con lo que hacen los demócratas y el 71%, con lo que hacen los republicanos. Una encuesta de Gallup reveló que tan sólo el 12% de los electores sienten suficiente confianza en las actividades del Congreso, lo que es 1 punto más que en verano pasado, cuando la mayoría en el Congreso la tenían los demócratas.
Estos índices de popularidad no dejan lugar a bromas, sobre todo, para quienes quieran seguir siendo congresistas después de las elecciones. El deseo de los políticos de trabajar en un organismo que asusta a los electores más que las autoridades tributarias, los bancos y las aseguradoras merece ser considerado aparte. Pero eso lo vamos a dejar para después de la solución de los problemas de la deuda pública, dado que todavía no se ha salido del túnel, pero ya ha empezado a clarear.
Fuente: http://sp.rian.ru/opinion_analysis/20110725/149862701.html