18/7/11

El buen vivir

Gustavo Márquez Marín  /  Especial para Gramscimanía

Ante la crisis de la civilización occidental  hegemónica, nacida de la explotación ilimitada e irracional de la naturaleza y de  los seres humano,  con el fin de sostener la acumulación creciente del capital por una minoría oligárquica mundial,   está surgiendo el “Buen Vivir” como el nuevo paradigma civilizatorio posmoderno y anticapitalista, emergiendo de la sabiduría de nuestros ancestros.

La cosmovisión de los pueblos originarios se ha hecho más relevante hoy, cuando está amenazada la vida en el planeta por desequilibrios ambientales, generados por la voracidad insaciable del capital y su correlato, el desenfreno consumista, incongruente  con las necesidades humanas reales, pero sin el cual el sistema sucumbiría.

 Desde la perspectiva del “Buen Vivir”,  la “madre tierra" es un sistema del que somos parte  interdependiente los humanos. Desde la óptica antropocéntrica “moderna” la naturaleza es una externalidad y una fuente inagotable de recursos con “limitaciones manejable” a través del alcance “ilimitado” que le asigna a la ciencia y la tecnología. El “Buen Vivir”  implica el  equilibrio sistémico entre naturaleza, sociedad y cultura, el cual supone la superación del capitalismo, causante de la ruptura del mismo.
La civilización occidental eurocéntrica dominante  es esencialmente integrista, le rinde culto al mito del estado unicultural y a su vocación colonial,  desvalorizando las culturas originarias y desconociendo la diversidad cultural resultante de una resistencia milenaria. La civilización del “Buen Vivir” es una alternativa a la crisis de la modernidad, al postular la vigencia de la sociedad  intercultural y comunal, que al asumir la diversidad como su principal fortaleza, rompe con los mitos del estado liberal burgués, del mercado y del progreso.
Por cierto, el mito del progreso, según el cual “el desarrollo ilimitados de las fuerzas productivas conducirá siempre al progreso de la humanidad”, no solo es propio del capitalismo, lo ha sido también del socialismo del siglo XX, propulsor también de un desarrollismo “socialista” fundado en el paradigma de la modernidad.  El “Buen Vivir”, por sustentarse en el diálogo intercultural incluyente, sintetiza la utopía socialista en el siglo XXI.