30/7/11

Datos sobre el museo del Hermitage (+ Fotos & Video)


Enrique González-Manet
Sólo puede visitarse el museo ruso del Hermitage, en San Petersburgo, si se cuenta con un fondo de tiempo de 4 años y medio para dedicar un minuto de tiempo a cada una de las 3 millones y medio de piezas de arte con que cuenta el antiguo palacio de Catalina La Grande. No obstante, lo visitan cada año unos cinco millones de turistas nacionales y extranjeros para ver sus famosas colecciones de pinturas europeas, en particular españolas y flamencas. Cuenta también con obras de Miguel Ángel, Durero y otros grandes de Italia, como Leonardo da Vinci.
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El Hermitage está integrado por cinco edificios, siendo el más antiguo el Palacio de Invierno. Se considera que el museo nació oficialmente en 1764 cuando un rico comerciante berlinés le envió 225 cuadros diversos a Catalina La Grande, quien se propuso que su colección fuera superior a la de otros monarcas europeos y comenzó a comprar numerosas piezas que se vendían en subastas europeas. 

El famoso Palacio de Invierno, que fue durante dos siglos la residencia principal de los zares, pasó a formar parte del museo. Las fachadas, el interior de la iglesia palaciega y la majestuosa escalera principal son un raro ejemplo del llamado barroco ruso del siglo XVIII. Sin embargo, las salas del Palacio son del siglo XIX, reconstruidas después de un incendio en 1837.
A pesar de que estas salas se convirtieron en áreas de exposiciones, no perdieron su notable esplendor. La más bella de todas, conocida como la Sala Malaquita, sus columnas, pilastras, chimenea, lámparas de pie y mesitas, están decoradas con malaquita de los Montes Urales. El verde vivo de esta piedra semipreciosa, combinado con el dorado y el mobiliario tapizado en seda color rojo así como contar con una superficie de mil metros cuadrados, produce una impresión fantástica. Seguida en importancia está la Sala de los Blasones, lugar donde el Emperador recibía a los mensajeros procedentes de todas las regiones de Rusia, destacándose el Escudo de Rusia con el Águila Bicéfala y los escudos de cada provincia.
Debe destacarse una importante construcción como la del Pequeño Hermitage, destinado a la vida privada de Catalina II utilizado por la Emperatriz para descansar de la vida oficial en un lugar más acogedor. Hay que recordar que Hermitage significa “ermita”, lugar al que solamente podían acceder los invitados personales. Para tener una idea del aporte de Catalina la Grande al Museo, al final de su reinado éste contaba con más de 3 mil cuadros europeos, casi 7 mil dibujos, más de 70 mil grabados y 10 mil piedras talladas, por las que la Emperatriz tenía afición especial. Además, obras del Renacimiento italiano, entre las que se destacan óleos de Leonardo da Vinci, Giorgeone y Tiziano. En estas salas se encuentran también cuadros de la Escuela Española como los de Velázquez, Ribera, Zurbarán, Murillo y Goya, segunda colección en importancia después de la del Museo del Prado.
El Palacio fue reconstruido a mitad del siglo XIX y en este lugar hay una sala-pabellón adornada con galería, rejas doradas, mosaicos esmaltados y la famosa “Fuente de las Lágrimas”, centelleante araña de cristal de roca. En esta sala se expone también el reloj pavo real, obra inglesa del siglo XVIII. Cuando el reloj da las horas, el pavo real, posado en un roble, abre su opulenta cola y da la vuelta para exhibir su plumaje. Las ventanas de esta sala miran al jardín colgante dispuesto sobre las bóvedas de la planta baja.
Estas maravillas del arte no eran accesibles al público y solo podían verlas los miembros de la corte. A partir de la Revolución rusa, en 1917, el público pudo visitar sus colecciones y recorrer sus opulentas salas y disfrutar de sus valiosos objetos de arte, considerándose uno de los hechos más significativos que contribuyó al desarrollo de la cultura rusa.
Un aspecto importante de esta notable institución es su continuidad y enriquecimiento a través del tiempo, por lo que puede decirse que el interés personal de los grandes monarcas rusos se convirtió en una política de estado que perdura hasta nuestros días.