6/7/11

Cuesta abajo en mi rodada

River Plate desciende a la Serie B

Rolando Gómez (a) El Negro  /  Especial para Gramscimanía
Esta vez no voy a escribir nada.
Estoy en Tucumán, en una clínica. Al lado de la cama de mi vieja que sufrió una fractura de cadera complicada con una infección urinaria bien jodida. Una bacteria, una tal "proteus"...algo, le complicó el organismo y tiene que esperar a que la estabilicen para poder ir a cirugía. Pero no voy a hablar de eso.
Tampoco de tango, a pesar del título de mi nota.
Voy a comentarles sobre River Plate. Les prometí a mis amigas sicólogas achilangadas que les explicaría eso de "bajar a la B".
Bueno, Lidia y Beatriz, acá les mando un artículo escrito desde el punto de vista de la sicología sobre un drama nacional argentino.
Probablemente luego de leerlo sigan sin entender (o importarles) qué es eso de "bajar a la B", pero les cuento que acá se vivieron momentos tan profundos que toda la gente, fans de River o no, sentían que estaban viviendo un momento importante en la historia argentina. El "país de la inclusión" se paralizó casi completamente ante tanta tragedia, y por supuesto el artículo tiene que tener ritmo de tango (siarrastréporestemundolavergüenzadehabersido).
Tanto fue el efecto de esta tragedia, que hasta un periódico trotskista tuvo que comentarlo.
Confieso que el tema también ocupó mi atención, aunque no vi el partido de River-Belgrano. Mi cabeza estaba demasiada ocupada con el tema de mi vieja.
Tan ocupado estaba que hasta traicioné mis principios ideológicos y culinarios (estos últimos a veces son los más fuertes) y la otra noche bajé de la clínica a comer... ¡en un Burger King! Necesitaba comer rapidito para subir de nuevo al lado de la cama de mi vieja y me pedí un sanguchito de pollo. Tuve sin embargo tiempo de ver la foto de un suculento emparedado llamado pomposamente "Steakhouse burger" en un cartel luminoso ahí arriba. Por las dudas, abajo tenía un cartelito en otro color que decía: "se dice steikjáus". El lugar estaba patéticamente lleno de adolescentes y jóvenes morenos, bien latinos, comiendo y eructando el sueño americano con una coca-cola (unalágrimaasomadayonopudecontener).
El trosco del Partido Obrero dice en el enlace que adjunto arriba que "todo el país bajó a la B", y capaz que tiene razón. Por otro lado, el burócrata sindical Moyano y la presidenta Cristina dicen que estamos en el país del "fifty/fifty", lo cual también es cierto: En Tucumán hay un pequeño "fifty" en la zona al sur de la avenida Sarmiento y hasta la calle Santiago, en donde tempranito en las madrugadas, mientras los solitarios y silenciosos "encargados" de los edificios lavan la vereda (banqueta), por la calle pasa un barrendero limpiando con un uniforme coqueto, y hay por todos lados carteles de propaganda electoral con la foto del hijo de aquel asesino de tucumanos que todavía sigue zafando de una condena por genocidio. El barrendero de uniforme coqueto ignora totalmente los carteles.
Al norte de la avenida Sarmiento está el otro gran "fifty", mayoritario, que no ha visto nunca un barrendero; ni siquiera sin uniforme coqueto. La plutocracia gobernante sabe de prioridades, a la hora de limpiar las calles, como sabe también ubicarse muy bien en las alianzas políticas del "modelo" a nivel nacional.
"Qué lindo, qué lindo,que lindo que va a ser: el hospital de niños en el Sheraton Hotel".
¿El sistema de salud? Mejor ni hablar. Por supuesto que estando medio encerrado en una clínica uno tiende a ver las cosas de manera jodida, pero no soy el único: un diario chiquito tucumano llamado El Tribuno (que compite honrosamente con el diario de la plutocracia La Gaceta) publicó el viernes pasado un artículo de un tal Ignacio Pizzo sobre la salud infantil, y lo tituló con una pregunta: "¿El hospital de niños en el Sheraton Hotel?". El título me llamó la atención.
¿Se acuerdan ustedes del cantito? Yo sí. (sueñoconelpasadoqueañoroeltiempoviejoquelloro). Yo mismo lo cantaba en las calles marchando junto a varios otros como yo: "quélindo,qué lindo, que lindoquevaser: elhospitaldeniñosenelsheratonotel".
Soñábamos con solucionar el problema de la salud a través de la expropiación sin pago a la burguesía (lasilusionespasadasnomelaspuedoarrancar).
El sueño -y el problema- siguen vigentes hoy, fifty/fifty. Hoy el sueño se publica en El Tribuno de Tucumán, y los médicos asalariados tucumanos hicieron un piquete (plantón, para mis amigos mexicanos) frente a la casa del gobierno plutocrático, y el gobernador Alperovich alertó que lo que hacen "es peligroso". En realidad al gobernador del emporio familiar de ventas de automóviles le molesta, porque invitó a la presidenta del fifty/fifty a celebrar el próximo fin de semana un nuevo aniversario de la declaración de la independencia argentina, y seguramente van a repartir televisores LCD a los viejitos para "ajustar" el fifty/fifty con fútbol y circo para todos. La carpa de los médicos va a arruinar el festejo. Al lado de la carpa de los médicos hay una de los jubilados. Al lado mío está mi vieja, que es jubilada.
Me parece que no dije hasta ahora nada de River, pero mejor lo dejo así. Casi toda mi familia, incluyendo mi vieja, simpatiza con River.
Siguiendo el artículo adjunto de Pedro Lipcovich, que debe ser shrink, no sabría decir si yo me ubico en la categoría de simpatizante, hincha o fanático de los diablos rojos de Avellaneda (comounsoldeprimaveramiesperanzaymipasión), pero no muy secretamente festejé el gambazo al vuelo del Kun Agüero, que le dio al seleccionado argentino el empate con Bolivia en el partido inaugural de la Copa América el día de ayer.
Evidentemente, yo también "pongo en el fútbol los conflictos y las angustias personales que no puede resolver de otra manera".
El Kun es de lo rojo, y siento una sensación extraña de haber redimido Argentina con un gol de Independiente que nos dio un verdadero fifty/fifty salvador, aunque sea por un rato.