29/7/11

Contra el sectarismo

Gustavo Márquez Marín  /  Especial para Gramscimanía

“Los sectarios sólo son capaces de distinguir dos colores: el blanco, y el negro. Para no exponerse a la tentación, simplifican la realidad”.  León Trotsky. 
La crítica que hizo el Presidente Chávez al sectarismo, debe tomarse como un llamado de atención frente a la amenaza que este representa para la consolidación de la revolución bolivariana, cuando se requiere mayor cohesión de los sectores que la respaldan y la ampliación de su base social de apoyo.
El sectarismo, como desviación de la praxis revolucionaria  al menos tiene dos variantes: La primera surge desde una postura  idealista, subjetivista, voluntarista e ingenua, sustentada en un modelo ideológico marxista,  dogmático,  integrista, asumido como un instrumento infalible  para interpretar y hacer la sociedad a su imagen y semejanza. La segunda nace en el pragmatismo de la lucha por el poder, cuando su conquista o ejercicio deja de ser un medio para impulsar el proyecto político y se convierte en un fin en sí mismo, con propósitos crematísticos y caudillescos, aunque para despistar mantenga la fachada de un “radicalismo” simbólico, en ocasiones irracional, que por su impacto negativo pareciera formar parte de una estratagema del enemigo.
En  el gobierno, el sectarismo ha hecho mucho daño, por la conducta de funcionarios “chavistas”, que cubriéndose de rojo, secuestran el poder para su usufructo y el de su entorno individual o grupal, desestimando las experiencias y logros anteriores al imponer la “tabula  rasa” como punto de partida de su gestión, afectando severamente con ello  la consolidación y progresividad de los cambios y avances institucionales de la revolución.
El  sectarismo es una manifestación de  inseguridad, intolerancia al disenso y desprecio por el conceso como vía para la toma de decisiones de un PP auténtico, surgido de una sociedad plural que aspira al autogobierno sin el tutelaje de la burocracia. Solo el respeto a la conformación diversa de los Consejos Comunales y su trato equitativo desde el Estado, sin discriminaciones fundadas en razones políticas o ideológicas, permitirá su consolidación como órganos del PP en la transición al socialismo del siglo XXI.