16/6/11

Zygmunt Bauman traslada el concepto de "daño colateral" a la sociedad moderna


Joaquín Rábago
El sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman traslada en su último libro el concepto de "daño colateral", normalmente aplicado a las consecuencias accidentales de las intervenciones militares, a las víctimas de una sociedad cada vez más globalizada.
En "Collateral Damage: Social Inequalities in a global age" (Ed. Polity, 182 páginas), el teórico de la llamada "modernidad líquida" advierte de la espoleta de efecto retardado que supone el crecimiento incesante de la desigualdad en el mundo y la ceguera al respecto de políticos y otros que prefieren mirar para otro lado.
El incremento de la desigualdad, cada vez más visible donde quiera que se mire, es considerado, explica Bauman, solo como un problema económico y cuando se discute, lo que ocurre rara vez, es únicamente por lo que puede suponer de amenaza para la ley y el orden y no por sus peligros a corto o medio plazo para el bienestar físico y la salud mental de la sociedad y la cohesión de sus miembros.
El sociólogo emérito de la Universidad de Leeds, en el Reino Unido, explica esa categoría de individuos que se denominan en inglés "underclass" o "infraclase", un concepto imaginado para designar a quienes ocupan el lugar más bajo en la escala de distribución social, un grupo sin valor de mercado ni función específica y sin derechos, a diferencia de las clases trabajadoras o profesionales.
Pensar en términos de daños "colaterales" en una sociedad como la actual, movida solo por el más egoísta y desmedido afán de lucro, y en medio de una globalización que escapa a todo control es, según Bauman, asumir tácitamente una ya existente desigualdad de derechos y oportunidades y pensar que esos daños no son lo suficientemente importantes como para justificar los gastos de prevenirlos ni tenerlos en cuenta a la hora de planificar.
Asegura que el Estado providencia está siendo progresivamente capitidisminuido, cuando no directamente desmantelado, mientras que se eliminan una tras otra las reglas que antes limitaban los abusos del mercado.
Enfrentado a la vulnerabilidad e incertidumbre de la lógica o más bien falta de lógica del libre mercado, el Estado, según denuncia Bauman, simplemente "se lava las manos" y, sintiéndose impotente frente al capital y la especulación, encuentra otros tipos de vulnerabilidad a la que combatir para justificarse: las amenazas a la seguridad de las personas o a la propiedad.
La obsesión por la seguridad, visible en la constante instalación de videocámaras en lugares públicos y privados y la pujanza de las empresas dedicadas a proteger personas y propiedades, generan otro tipo de "daños colaterales" al erosionar continuamente la confianza que debe existir en una sociedad de individuos libres y fomentar una situación de continua sospecha.
Y lo que es más grave, en lugar de conseguir su objetivo de reducir la inseguridad ciudadana, no hace sino generar más miedo, ansiedad, hostilidad y agresión, explica Bauman, según el cual todo eso obedece a una razón bien clara y es que el fundamento de todo el poder político, como bien vio en su día el teórico del Estado totalitario Carl Schmitt, es precisamente la vulnerabilidad e inseguridad del individuo.
Pero Bauman no es con todo pesimista y piensa que, en la fase de globalización desenfrenada a la que se ha llegado, los factores esenciales de solidaridad humana que caracterizaron al Estado providencia requieren un marco institucional totalmente nuevo.
Un marco de creación de opinión y de formación de voluntades que supera a un país e incluso a un grupo de ellos, por lo que habría que llegar a instituciones universales, de las que el sociólogo reconoce que es imposible predecir de momento qué forma terminarán adoptando.
Lo claro para él es que el llamado Estado social, una de las grandes conquistas del pasado siglo, ha dejado de ser viable y solo lo que él llama un "planeta social", basado en organizaciones y asociaciones no gubernamentales que deberán actuar a escala universal, puede asumir las funciones que aquél ha venido cumpliendo con mayor o menor fortuna.