17/6/11

Un Saramago inédito con Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas

Foto: José Saramago

Javier García
Murió hace un año. "Sin dramas ni frases gloriosas, sin dolor", cuenta sobre el final de José Saramago su viuda, Pilar del Río. El escritor portugués y la periodista española se habían conocido hace 25 años, cuando ella lo fue a entrevistar a Portugal. Había leído su libro Memorial del convento.
Del Río continúa contando desde Lisboa para La Tercera las últimas horas del Premio Nobel de Literatura, fallecido en Lanzarote el 18 de junio de 2010. "Cuando la muerte le llegó fue como el sueño que nos llega por la noche, una especie de sopor invencible que reclama dormir por encima de todas las cosas. Así como se entra en el sueño, con placidez y serenidad, él entró en la muerte".
El autor de Ensayo sobre la ceguera y Las intermitencias de la muerte, que nunca dejó de ser comunista, que escribió contra el modelo neoliberal, que defendió el Estado palestino, el regreso de las democracias en Latinoamérica, que dudó de la existencia de Dios, dejó una novela inédita y aunque está inconclusa, será publicada el próximo año por editorial Alfaguara.
Titulada tentativamente Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas, citando un verso del poeta Gil Vicente, la novela tiene como protagonistas a trabajadores de las fábricas de armas. Del Río agrega que el libro, "refleja las contradicciones terribles que vive el hombre contemporáneo, tantas veces instalado en una burbuja sin querer ver lo que ocurre a su lado. Es una novela, pero lo que cuenta hace pensar, nos agranda como lectores".
De Azinhaga a Lisboa
Ocho meses antes de su muerte, Saramago publicó Caín, donde desafía a Dios y lo señala como "el autor intelectual" del asesinato de Caín en contra de su hermano Abel. Nuevamente, el Vaticano lo acusó de ser un hombre de "ideología antirreligiosa". Ataques que también había recibido tras la publicación, en los 90, de El Evangelio según Jesucristo. Tras la negativa del gobierno portugués de presentar el título al Premio Literario Europeo, Saramago decidió instalarse en la isla de Lanzarote (Canarias, España).
Fue en esa isla donde recibió la noticia del Premio Nobel, en 1998, por "volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía", señaló la Academia Sueca. Hoy, Pilar cuenta cómo recibió Saramago el Nobel. "Lo recibió con gratitud, pero al día siguiente el Nobel ya no es una constante, se deja de pensar en él. Este premio magnífico importa más a quien no lo tiene que a quien lo tiene. Es como el agua, si la tienes no le das importancia; el agua es obsesión para quien tiene que ir a buscarla lejos. Sabiendo que el agua es un elemento clave para la vida, mientras el Nobel es un honor que te otorgan, pero que no cambia el destino de una obra", cuenta.
Desde hace un año que Pilar está a cargo de la fundación que lleva el nombre del escritor portugués. Mañana, en Lisboa, frente a la fundación se depositarán las cenizas del autor junto a las raíces de un olivo, traído especialmente desde Azinhaga, la aldea natal de Saramago. Una piedra de mármol acompañará al árbol con la frase "No subió a las estrellas, porque pertenecía a la tierra", salida de Memorial del convento.
Dicho libro fue el que logró darle visibilidad internacional, a inicios de los 80. Luego, quien estudió para ser mecánico de automóviles, escribió El año de la muerte de Ricardo Reis, y más tarde vendrían sus cuadernos, salidos de su blog, formado por apuntes, ensayos sobre los acontecimientos inmediatos del mundo y perfiles de escritores. La tecnología estuvo al servicio Saramago, y prueba de esa apuesta es el libro El último cuaderno, llegado recién a Chile. La traducción es de Pilar del Río y el prólogo, de Umberto Eco.
El narrador, quien comenzó escribiendo y publicando poesía, terminó dictando sus notas finales. En la última, escrita días previos a su muerte, dice: "El Ejército israelí ataca la flotilla de ayuda a Palestina".
Sus acercamientos con Latinoamérica tenían estrecha relación con Chile. En El último cuaderno retrata el horror de la Matanza de Santa María de Iquique, y en otro ensayo se refiere a una de las mayores alegrías de su vida -dice-: la detención de Augusto Pinochet en Europa.
Pilar del Río cree que los primeros acercamientos de Saramago con el país fueron a través de Pablo Neruda. "Luego llegó Salvador Allende y su proyecto socialista, después, el terror pinochetista. Cuando José viajó a Chile compartió momentos emocionantes con ex presos en Villa Grimaldi, visitó a Hortensia Bussi y a sus hijos, estuvo con la Presidenta Bachelet. Y la realizadora Carmen Castillo, los escritores Gonzalo Rojas y Jorge Edwards son personas que quedaron en su vida".