23/6/11

¿Qué hay de cierto que es el petróleo lo que impulsó a Obama a la guerra contra Gadafi?

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Abel Samir 
La gran mayoría de los analistas llamados “de izquierda” y, entre ellos, muchos que se consideran marxistas, han sostenido en varias oportunidades que, lo que motivó a Obama a participar militarmente en contra de Gadafi, fue el deseo de apropiarse del petróleo libio; otros sostienen que sería, además, las reservas de agua, que abunda en Libia y que se está convirtiendo en un elemento de carácter geoestratégico, en un mundo que avanza hacia la sequedad y el envenenamiento de las aguas de la superficie terrestre: de los mares, ríos y lagos. Hasta aquí, este tipo de análisis no considera para nada algún tipo de motivaciones de carácter positivo: todo se reduce al robo, la explotación de las riquezas de los otros y criterios semejantes, y USA como la OTAN actúan hacia los países no aliados como en el mejor tiempo de los bucaneros del siglo XVII.
En no menos de tres artículos míos expresé mi desacuerdo con estos análisis, que me han parecido bastante superficiales y apegados a antiguos clichés y a ciertas concepciones que eran correctas hace decenas de años y que ahora parecen, más bien, simples eslóganes o dogmas cuasi religiosos.
Para llegar a hacer un análisis más realista hay que desentrañar la estructura económica y política en la cual se desenvuelve USA fundamentalmente. Pues bien, la clase dominante del Imperio está agrupada fundamentalmente en dos partidos políticos: los demócratas y los republicanos. Estos últimos representan los intereses más reaccionarios de ese gran país. Entre sus filas están, sino los dueños de las grandes empresas petroleras norteamericanas, los representantes políticos de esos capitalistas o consorcios económicos convertidos en empresas multinacionales y transnacionales. Especialmente las grandes empresas petroleras. Por tanto, si el apoderarse de las riquezas petroleras de Libia habría sido la motivación fundamental para la participación de USA en la guerra civil libia, al lado de los rebeldes, ese partido republicano sería, como es lo más cuerdo y lógico, el más interesado en que USA se involucrase en la guerra y en ganarla lo más luego posible, sin importar el gasto público, ya que se trataría de apoderarse de riquezas que reportarían enormes beneficios, que hasta ahora han beneficiado sólo a Libia y fundamentalmente al clan Gadafi, cuya familia, de pobretones que eran hace 40 años atrás, se han transformado por obra del espíritu santo, en multimillonarios dueños de empresas en occidente y con sumas de dinero astronómicas en los bancos de Europa, USA, del Caribe y en otros paraísos en donde ocultan el dinero los sátrapas de todo el mundo.
Pero todos estos análisis que se veían como tan rigurosos y tan acertados, porque coincidían con la definición de Lenin, sobre lo que era el imperialismo y su naturaleza (análisis correcto para aquella época) que hoy está fuera de lo que podemos presenciar a nivel mundial. Cito textualmente lo que dice Claudio Katz que me parece muy acertado: “El contexto económico quedó igualmente transformado por la nueva asociación internacional de capitales, la irrupción de compañías multinacionales, la disminución del proteccionismo, la recuperación del protagonismo industrial y la reorientación de la inversión externa hacia las económicas desarrolladas”. Para aquellos que no entienden el proceso actual en el que se desarrolla el mundo capitalista, les aconsejaría que se diesen el trabajo de leer a Katz (economista, investigador y profesor), especialmente su trabajo “El imperialismo contemporáneo”. Es muy difícil hoy saber con exactitud a quiénes pertenecen las grandes empresas multinacionales, toda vez que, como su misma denominación lo indica, son capitales de muchos países o de capitalistas de diferentes naciones y no siempre de capitalistas de un solo país. Empresas que parecen inglesas tienen capitales alemanes, italianos, turcos, chinos, japoneses, etc. Y así ocurre en la gran mayoría de las empresas transnacionales. El capital hoy es más internacional que nunca. Por tanto, se comparte intereses de todo tipo, porque lo único que mueve a esos capitalistas es hacer buenos negocios y ganar el máximo de dinero posible. Por esa razón una guerra entre ello es algo absolutamente ilógico. No sólo destruiría la infraestructura de unos y otros, también crearía una enorme crisis económica que perjudicaría a todos por igual.
Hoy no existe una confrontación entre dos sistemas, como en la época de la existencia de la URSS y del capitalismo de Estado, ni siquiera China puede asegurar hoy que está dentro de ese otro sistema que denominaron socialismo real. La desaparición de la URSS y las transformaciones de China con su apresurada apertura al modelo capitalista neoliberal, disminuyó en gran parte la tensión que existía entre las grandes potencias. Los que ven que la guerra es hoy el remedio para hacer buenos negocios no saben de lo que están hablando.
Las confrontaciones armadas entre las potencias que enunció Lenin ya no ocurren y se busca la integración de los Estados en grandes entidades de países interrelacionados por el modelo de su economía y por cierto, políticamente unidos, como lo es la UE. A USA no le interesa hoy otra cosa que mantener su supremacía en aras de dominar la política mundial y mantener así, también, un desarrollo y progreso tecnológico y económico de punta. La confrontación armada estaría de esa forma fuera de lugar. Así hoy podemos ver que hay en el mundo actual cuatro grandes formaciones de Estados que pujan en el área política y económica, pero que de todas maneras no sólo se respetan unos a otros, sino que, también, participan de una u otra forma en las ventajas del sistema capitalista. Estos son: USA, la UE, China y Rusia. Cualquiera que afirme que hay una guerra en perspectiva entre estos bloques sería una declaración muy aventurada y fuera de la realidad objetiva. Los que afirmen eso están soñando despiertos o no tienen idea de lo que sería una guerra entre estas potencias: no habría ganadores, sólo perdedores. Y perdónenme los lectores que lo diga de una forma más ruda: nadie es tan loco o estúpido, para iniciar la destrucción del mundo, cuestión que no se veía hace 100 años atrás, porque no existía la terrible arma nuclear, el arma del fin del mundo.
Las afirmaciones que dicen estos analistas “marxistas” del siglo XXI (con las ideas añejas y dogmas del siglo XX), que la motivación de la intervención militar de USA y la OTAN en Libia es el robo del crudo y cosas semejantes, se han desplomado estrepitosamente como un castillo de naipes. Los “más interesados en la guerra” le han dicho a Obama basta y no le aprueban los créditos de guerra para las acciones en Libia, sin los cuales no hay acciones militares posibles. Y los que apoyan a Obama a continuar en la guerra son los menos comprometidos con el gran capital. Incluso dentro de los mismos demócratas hay muchos que se oponen a la guerra en Libia. El mismo secretario de defensa norteamericano Robert Gates se opuso desde el comienzo a involucrar a USA en esa contienda, ya que consideraba que los intereses norteamericanos en Libia no se encontraban en juego, un análisis del todo correcto, por cuanto Gadafi proporcionaba petróleo a Europa sin necesidad de presión alguna y a un precio muy conveniente para los capitalistas europeos. El mismo Obama estuvo meditando y dudando de entrometerse en la guerra civil de Libia porque no quería que los pueblos árabes viesen en ello una intromisión del llamado imperialismo norteamericano. Por otro lado, la no intervención en Libia entregaba un mensaje a todos esos gobiernos dictatoriales que amigos o no de USA y de la UE, que no importaba para nada las masacres y el abuso contra civiles indefensos y la ONU pasaba a ser un organismo de pacotilla más sin funciones verdaderamente importantes en el área de la defensa de los derechos humanos. Entonces no faltaron los que decían que por qué USA y la OTAN no se involucraban también en Arabia Saudita, en Yemen, Siria y otros lugares. Desde luego, con USA y la OTAN metidos hasta las orejas en el fango de Irak y Afganistán, no están en condiciones de, además de participar en Libia, meterse en otros pantanos. Por lo demás, la intervención de USA en Libia ha sido muy limitada, lo que ha permitido a Gadafi conservar casi intacta sus principales fuerzas y su armamento pesado con el cual bombardea inmisericordemente a los habitantes de Misurata. Si realmente las intenciones fuesen las que lanza Gadafi y sus allegados de derecha como de “izquierda”, USA se habría empleado a fondo y no tan limitadamente como lo hace ahora.
La cuestión de la Cámara de Representantes no es solamente de no aprobar el gasto militar, va más allá. En ella ya hay 10 congresistas que han presentado una demanda al presidente Obama por haber iniciado una guerra sin el apoyo del Congreso. ¿En qué quedamos entonces? Se trataría de individuos que no entienden nada de los intereses de los ricos o de otra cosa? Me da la impresión que las tesis de esos analistas que se consideran marxistas y leninistas se han venido estrepitosamente al suelo. De lo que no hay duda es que estos capitalistas listos para robar, han perdido el interés en el latrocinio (tal vez sería por razones morales de último minuto), a lo mejor se han convertido en buenos muchachos y ya no se interesan ni por el petróleo ni por el agua. O a lo mejor, dirán algunos “analistas” perspicaces, lo hacen sólo para mantener una fachada de desinteresados y desde bambalinas aprueban más dinero para mantener las fuerzas militares en acción en Libia. No sería extraño, pues, que se recurra a explicaciones con una enorme falta de lógica, porque ya la lógica no existiría para nada. Lo importante es que se imponga el cliché y el dogma, así sea recurriendo a cualquier tipo de elucubraciones bastante ilógicas. Lo otro que puede ocurrir es que para evitar desdecirse, lo mejor es hacerse los ignorantes de todos estos hechos que ocurren hoy entre Obama y los congresistas y hacer cuenta de que todo eso constituye solo voladores de luces para engañar a las masas.
Hay que ir contra la realidad, de otra manera la realidad se transforma en una molestosa pesadilla y lo mejor es obviarla.