17/6/11

Mahmoud Darwish: El poeta errante de Palestina



Originario de lo que él llamó "una tierra sin fronteras", un "país sin sellos de pasaporte", Mahmoud Darwish fue el poeta nacional del pueblo palestino
Mike Marqusee
Fue una mañana luminosa de invierno cuando peregrinamos hacia la colina de Al Rabweh, a las afueras de Ramala, donde está enterrado el poeta Mahmoud Darwish. Hay proyectado un ambicioso jardín conmemorativo, pero por el momento es una obra llena de excavadoras y hormigoneras. Una gran lápida estaba embalada en madera contrachapada. Nos recibieron unos trabajadores de la construcción y también había familias palestinas que rendían homenaje al poeta y sacaban fotos. Sentados entre los pinos que daban a la tumba (y un solar cercano poblado de perros sueltos), leímos Estado de Sitio de Darwish, una serie de poemas que escribió cuando Israel atacó la ciudad en 2002. Se sirvió de la poesía para ‘poner sitio al asedio’, pero advirtió amargamente:
Esta tierra quizá esté demasiado acorralada
para una población de seres humanos y dioses
Darwish tenía seis años cuando su familia huyó en 1948 de su pueblo, situado al oeste de Galilea. Cuando volvieron un año más tarde, estaba todo destruido y la tierra ocupada. Se realizó un censo durante su ausencia y a consecuencia de ésta, se les denegó la ciudadanía israelí y se les declaró ‘ausentes’, un estado legal ambiguo que Darwish transformó en una metáfora sobre Palestina.
Tenía 22 años cuando leyó su poema ‘Carné de Identidad’, con su estribillo desafiante, ‘Tomen nota: soy árabe’, ante la multitud que lo aclamaba en un cine de Nazaret. Repudiaba la aseveración de Golda Meir que ‘no hay palestinos’ y sus poemas jugaron un papel clave en el movimiento palestino que surgió a partir de 1967 al dar forma a una identidad palestina moderna que utilizaba formas poéticas tradicionales en un árabe accesible y renovado.
Después de repetidos arrestos y encarcelamientos, Darwish se marchó de Israel en 1970, permaneciendo en el exilio durante más de un cuarto de siglo. Su viaje político lo llevó desde el Partido Comunista Israelí hasta la OLP a la que se unió en 1973 y para la que escribió el discurso que Arafat leyó ante la ONU: ‘No dejen que la rama de olivo caiga de mi mano’. Se estableció en Beirut, de donde lo expulsaron junto con la OLP con ocasión de la invasión israelí de 1982, el argumento de sus agudas y perturbadoras memorias en prosa, Memoria contra el Olvido.
Durante los años siguientes, Darwish viajó a Túnez, Chipre, Damasco, Atenas y París, lo que le permitió ampliar su campo poético e intelectual. Se le eligió miembro del comité ejecutivo de la OLP en 1987 pero dimitió en 1993 por estar disconforme con los acuerdos de Oslo. ‘No había una asociación clara entre el período interino y el estatus final, y ningún compromiso firme de retirada de los territorios ocupados’, explicó. Se dice que cuando el dirigente de la OLP, Yasser Arafat, se quejó a Darwish de que el pueblo palestino era ‘desagradecido’, el poeta le replicó (recordando a Brecht) ‘Entonces búscate otro pueblo’.
Sin embargo, los acuerdos de Oslo permitieron a Darwish regresar a Palestina y en 1996 se estableció en Ramala; seis años más tarde se encontró otra vez bajo sitio. En los últimos años de su vida escribió más que nunca en respuesta a las tragedias de Irak, Líbano y el conflicto violento entre las distintas facciones palestinas:
¿Tuvimos que caer desde tanta altura para ver la sangre en nuestras manos... para darnos cuenta de que no somos ángeles... como pensábamos?
¿Tuvimos que exponer nuestros defectos ante el mundo de modo que nuestra verdad ya no fuera virgen? ¡Cuánto mentimos cuando dijimos que somos la excepción!
Cuando Darwish murió en 2008, miles de personas se unieron al cortejo fúnebre y se celebraron vigilias iluminadas con velas en ciudades de Cisjordania y Gaza. La Autoridad Palestina declaró tres días de luto y emitió sellos en su honor.
El hecho de ser poeta nacional palestino fue una pesada carga para Darwish, una carga que llevó desde una temprana edad y aunque le exasperaba, nunca esquivó la responsabilidad que conllevaba. Más bien al contrario; consiguió transformar la experiencia palestina en universal. Los temas de la pérdida, el exilio, la búsqueda de la justicia, el sueño de una patria, el enigma de la identidad: todos se convirtieron, a medida que su trabajo evolucionaba, en exploraciones humanas y existenciales, sin dejar de estar en ningún momento profundamente enraizados en las vicisitudes de la vida palestina. Durante decenios se acongojaba por las pérdidas palestinas, denunciaba sus atosigadores, celebraba su perseverancia e imaginaba su futuro.
Y tenemos una tierra sin fronteras, como nuestra idea
de lo desconocido, de lo estrecho y de lo amplio
... gritamos dentro de su laberinto: y todavía te amamos, nuestro amor es una enfermedad hereditaria.
Aunque la conservación de la memoria e identidad palestinas fue su trabajo vital, Darwish lo concibió como un acto creativo de auto renovación: ‘La identidad es lo que legamos y no lo que heredamos. Lo que inventamos y no lo que recordamos.’ Sus últimos versos incluían esta admonición:
Seremos un pueblo cuando la ley impide que a una prostituta se le golpee en la calle
Seremos un pueblo cuando el palestino sólo se acuerde de la bandera en el campo de fútbol, en las carreras de camellos y en el día del Nakba.
Darwish fue un ‘poeta nacional’ que emplazó a la vez que consoló e inspiró a su público. A medida que se apartaba de su anterior estilo declamatorio hacia un modo más personal, elíptico y oblicuo, y a veces (imperdonable para un poeta ‘nacional’) oscuro, se encontró con resistencia. “El mayor logro de mi vida ha sido ganar la confianza del público”, reflexionó en 2002. “Hemos luchado en otras ocasiones: cuando cambiaba mi estilo, se escandalizaban y querían oír los poemas anteriores. Ahora esperan que yo cambie; exigen que no dé respuestas sino que haga más preguntas.”
Incluso traducido, donde se pierde tanto, la voz de Darwish suena claro. En su estilo depurado hay una fluidez seductora: se mueve con ligereza de reino en reino, de pronombre en pronombre (‘Yo’ a ‘nosotros’, ‘yo’ a ‘tú’, ‘nosotros’ a ‘ellos’), desde lo íntimo a lo épico, desde el pasado al futuro, desde lo abstracto a lo específico. Las metáforas se tropiezan, abundantes y entrelazadas. Esto es poesía que se funde con lo político y lo personal al nivel más profundo.
En toda su obra, la evocación de la pérdida y el exilio, de proceder de ‘un país sin sellos de pasaporte’, es conmovedora, elegíaca pero abierta, y conjura la resolución desde la desesperanza: ‘Viajamos como todo el mundo, pero volvemos a la nada’; ‘Hay todavía otro camino en el camino, otra ocasión para migrar’; ‘¿Adónde debemos ir después de la última frontera? ¿Adónde deben volar los pájaros después del último cielo?’; ‘En mi idioma hay mal de mar. En mi idioma hay una misteriosa partida de Tiro’.
Huéspedes viajando por el mar. Nuestra visita es corta.
Y la tierra es más pequeña que nuestra visita
¿... adónde ir cuando partimos? ¿Adónde regresar?
¿Qué nos queda que nos permita partir una vez más?
Mas, convencido que ‘Desde lo terrenal, lo oculto comienza celestialmente’, Darwish afirmó la riqueza y la belleza de la vida, especialmente de la vida en su cotidianeidad:
Sobre esta tierra hay algo que merece vivir: la indecisión de abril, el olor del pan al alba, las opiniones de una mujer sobre los hombres, los escritos de Esquilo, las primicias del amor, la hierba sobre las piedras, las madres erguidas sobre un hilo de flauta y el miedo que los recuerdos inspiran a los invasores.*
En uno de sus últimos poemas, Darwish rinde homenaje a su amigo Edward Said y le pone estas palabras en la boca:
No describas lo que ve la cámara de tus heridas
Grita para que te oigas, grita para que sepas que sigues vivo, y para que sepas que la vida en la tierra es posible.
* Traducción de María Luisa Prieto
http://www.redpepper.org.uk/palestines-wandering-poet/
Traducido para Rebelión por Christine Lewis Carroll