29/6/11

Los palafitos de Suiza, patrimonio cultural mundial

Reconstrucción de palafitos en Wauwil

Armando Mombelli
La zonas lacustres del arco alpino son parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad. Los palafitos dan testimonio de los primeros poblados en el periodo del 5000 al 500 a. C. Casi todas resultan ahora invisibles, la mayoría sepultadas en los fondos lacustres o recubiertas por la arena a lo largo de los espacios acuíferos.  Pero, para la UNESCO, esos palafitos prehistóricos del arco alpino son dignos de formar parte de la Lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad. Los pilotes de madera figuran entre los bienes arqueológicos más importantes para comprender la evolución del hombre, entre el Neolítico y la Edad de Bronce.
Justamente, el agua y la arena de esos lagos han permitido conservar a este patrimonio invalorable. En ese entorno, los materiales orgánicos utilizados por nuestros ancestros- madera, cuero, tejidos, huesos e incluso alimentos- permanecieron al resguardo del aire, de las intemperies y de la mano del hombre.
Descubiertos a partir del siglo pasado, los palafitos del arco alpino han permitido a los especialistas reconstruir, como en ninguna parte del mundo, la vida de las comunidades rurales de los primeros milenios antes de Jesucristo. Han permitido establecer el vínculo entre los pueblos de cazadores y las primeras grandes civilizaciones europeas.
Trazas
Las primeras trazas de estas ciudades lacustres fueron descubiertas en la región zuriquesa, en 1854. Ese año, las aguas del lago descendieron a un nivel excepcionalmente bajo, esto llevó al descubrimiento de decenas de palos de leña, plantados en el suelo, y numerosos objetos desconocidos, extraordinariamente conservados.
El descubrimiento provocó gran interés en toda Europa. En el trascurso de las décadas siguientes, zonas arqueológicas similares fueron identificadas en las riberas de los lagos de otros países del continente, y en particular en el arco alpino. Estos hallazgos prehistóricos han permitido encontrar objetos de tumbas, armas y sitios de defensa militar. Los poblados lacustres ofrecían, por primera vez, la posibilidad de comprender el modo de vida de esos pueblos.
En los primeros tiempos de ese periodo –del 5000 al 500 a.C.- se trataba de pequeños grupos de menos de 50 miembros, que vivían en 5 o 10 chozas. A la mitad de la Edad de Bronce, esos poblados contaban hasta con cincuenta construcciones, en las que alojaban a varias centenas de personas. La agricultura, esencialmente, la cosecha de cereales, la cría de vacas, ovejas y cerdos, la pesca, la caza y la recolecta de frutos en el bosque fueron las fuentes de subsistencia de estas aglomeraciones
Utensilios de madera y piedra, sandalias y vestidos confeccionados con ayuda de  corteza terrestre macerada, cerámica, joyas, ruedas, piraguas, y los primeros productos en metal dan testimonio de la habilidad de esos pueblos.
Esos objetos son los primeros productos técnicos, económicos y sociales de una era que aún está rodeada de misterio ante nuestros ojos. Se ignora hasta ahora casi todo sobre la cultura, ritos e idioma de nuestros ancestros en esa época.
De mito nacional a patrimonio mundial
Hace cerca de un siglo y medio, los primeros pilotes alimentaron la imagen de una Suiza romántica, habitada por pueblos que vivían sobre grandes plataformas erigidas por esos pilotes, enlazadas por puentes y pasarelas. Exposiciones, maquetas, calendarios y obras escolares, e incluso novelas, pusieron en marcha ese mito de los pueblos sobre el agua.
Estas zonas lacustres descubiertas en varias partes del país sirvieron de algún modo para perpetuar la idea de un origen común de las diversas culturas helvéticas y para cimentar la identidad nacional de una Suiza naciente. El gobierno suizo eligió un cuadro  que mostraba un poblado lacustre para presentar al país en la Exposición Universal de París de 1867. Años más tarde se demostraba que las ciudades lacustres habían florecido por miles en el arco alpino.
Presentada por Suiza, la candidatura de las zonas lacustres reúne a Francia, Alemania, Italia, Austria y Eslovenia. En total, 111 sitios arqueológicos en 6 países, de estos, 56 en Suiza, han sido incluidos en el Patrimonio Cultural de la Humanidad.
“La dimensión transnacional de este proyecto fue ciertamente apreciada por la UNESCO, que promueve la cooperación entre sus países miembros”, subraya Christian Harb, responsable del proyecto Palafitos.
“Además, nuestra candidatura también se vio beneficiada del hecho que son raras las zonas prehistóricas que figuran en la lista de la UNESCO y, que a diferencia de otros proyectos, los palafitos no tienen vocación turística, porque los pilotes están sumergidos”.
Traducción: Patricia Islas
Fuente: Swissinfo