29/6/11

Las causas verdaderas del colapso soviético


Jorge Gómez Barata
Aunque puede presumirse que las causas determinantes en el colapso de la Unión Soviética fueron múltiples; difícilmente se llegue a conocer las razones más profundas. La derecha lo atribuye a la inviabilidad del sistema; mientras la izquierda militante invoca errores humanos y problemas circunstanciales. Unos se benefician con la ignorancia y otros se resignan.
En la historia ha aparecido otro agujero negro.
Para quienes creen en el determinismo científico, existe una lectura de Carlos Marx según la cual, será el progreso quien, al generar incompatibilidad entre el desarrollo de las fuerzas productivas y otras grandes estructuras sociales, determinará el paso de una formación económica y social a otra. Los ponentes del voluntarismo a ultranza, creyeron posible forzar la historia, construir el socialismo en un solo país e incluso hacerlo en naciones de pastores. 
La primera visión no es verificable porque no es posible establecer cuánto progreso cabe en el marco formado por las relaciones de producción basadas en el liberalismo económico que condujo al capitalismo ni cuándo las ideas de la burguesía, dominantes a escala mundial, dejarán de serlo. Según las teorías más acreditadas, ese será el punto de viraje.
No obstante, la capacidad de convocatoria del socialismo fue tal que, apoyado por los pueblos del antiguo imperio zarista, el proceso soviético, no sólo sobrevivió sino que sin apoyo externo y venciendo la hostilidad de todo occidente, la economía soviética logró ritmos de crecimiento industrial superiores a los que hoy alcanza China y, aunque deficientemente estructurado, el sistema político se consolidó. 
Tal vez, finalmente todo se explica porque las sucesivas direcciones soviéticas, comenzando por Stalin realizaron lecturas incorrectas del proceso político creyendo que el incondicional y heroico apoyo del pueblo, no necesitaba ser alimentado, no sólo con la elevación del bienestar, sino también con incentivos políticos y sociales. Ninguna vanguardia dilapidó un capital político como el malgastado por las sucesivas direcciones soviéticas que no escucharon los reclamos del pueblo. 
El socialismo soviético no colapsó por razones económicas, sino porque creció con déficits de democracia, libertades, derechos ciudadanos y participación. Trágicamente la democratización de la sociedad nunca fue allí una prioridad. 
Aquellas experiencias, unidas a las expresiones de descontento que hoy evidencian sectores populares que reclaman no sólo mejores salarios o acceso a los alimentos, sino espacios de participación decisoria y democracia real, son una experiencia clave para el socialismo que, a pesar de todo, es una opción de futuro. 
Los éxitos económicos son vitales, pero no bastan. Luego les cuento.
En cuanto a la segunda los hechos están a la vista. 
Las inconsecuencias teóricas cobraron los mayores tribunos allí donde comenzaron: en la Unión Soviética donde se cometieron errores capitales, entre ellos creer que el fin del capitalismo era algo inminente y sostener la convicción de que el triunfo de los bolcheviques sería respaldado por una revolución mundial. Si bien, muerto Lenin, Stalin abandonó la idea; instaló en su lugar la noción de que era posible “construir el socialismo en un solo país”. Un error se intentó subsanar con otro.
Por otra parte, si bien en los años veinte, Lenin se había percatado de la inviabilidad de la construcción socialista a partir de la economía estatal pura y por ello impulsó la NEP, restableciendo las relaciones mercantiles, Stalin puso fin al experimento y no sólo lo desmontó, sino que auspició la colectivización forzosa de la tierra, destruyendo las bases ideológicas de la “alianza obrero campesina” que había sido un pilar de la revolución bolchevique.
Al solaparse con la ruina dejada por la primera Guerra Mundial, la reacción interna que condujo a una destructora guerra civil y la intervención extranjera; el proceso se radicalizó en extremo dando lugar al establecimiento de un sistema político basado en la “dictadura del proletariado”; en el cual el Partido Comunista y el Estado asumieron roles desmesurados.
Aunque aquel perfil que no resultó funcional y fue abolido por el propio Stalin con el argumento de que en la Unión Soviética la burguesía había dejado de existir; ello no condujo a la realización del proyecto de edificar una sociedad más libre y democrática que la regida por el parlamentarismo burgués.
Fuente: Red Hermes