25/6/11

La abdicación del último rey rumano

Acta de abdicación del rey Mihai I

En la historia de Rumania como estado independiente, lograda en 1877 tras la entonces reciente unión (1859) de Valaquia y Moldavia como los Principados Danubianos y la ayuda del Imperio Ruso para obtenerla a cambio de la lucha rumana en la Guerra Ruso Turca), afortunadamente los rumanos solo han tenido cuatro reyes: Carlos I, Ferdinand I, Carlos II y Mihai I (todos de la familia alemana llamada a ocupar el trono de los Hohenzollern). 
En 1948 sucedió algo que todo ciudadano debería vivir con una enorme alegria, como primer paso para dejar de ser súbdito y convertirse en ciudadano: la abdicación de un rey, en ese caso el último rey rumano, Mihai I. 
Recordemos que durante el corto reinado de Mihai I (tras la abdicación de su padre Carlos II), junto al Mariscal Antonescu, su primer ministro, Rumania fue una importante aliada de los nazis. Estos días el actual presidente de la Republica rumana, Traian Basescu, ha declarado en la televisión algo que es normalmente tabú en la Rumania capitalista: ha hablado sobre el genocidio llevado a cabo por el fascismo rumano de la mano de los nazis y ha recordado la responsabilidad del entonces jefe de estado del país, Mihai I, que nunca fue juzgado ni, por supuesto, condenado por ello, y sigue viviendo hoy "a cuerpo de rey" a pesar de haber abdicado a finales de 1944.
En una entrevista en el canal de televisión B1, el miércoles pasado, Băsescu declaro que el rey Mihai I, como jefe de estado durante el gobierno del fascista Ion Antonescu, primer ministro "del rey" de 1940 a 1944, es responsable de la muerte de 280.000 judíos y "más de 11.000 gitanos" (seguramente las cifras se quedan cortas).
El escándalo que se ha montado ha sido kafkiano, con toda la oposición, incluyendo la "izquierda" del Partido Social Demócrata, rasgándose las vestiduras y clamando al cielo, por la "herejía" del presidente (que por una vez dice algo coherente en su vida, aunque convendría también que asumiera la responsabilidad, como la de anteriores jefes de estado desde la reinstauración del capitalismo en 1990, en el genocidio social sufrido por los rumanos).
En definitiva, el rey Mihai I, que nombro al Mariscal Antonescu como primer ministro conociendo perfectamente su ideología y objetivos, el 23 de agosto de 1944, con el ejército rojo en la frontera de Rumania, intento salvar el trono y privilegios dando un "golpe de estado" echando manos del partido comunista y ordenando al ejercito que volvieran las armas contra los alemanes. Al final su maniobra final no le sirvió para mantenerse en el poder, aunque al menos le salvo de ser juzgado. Así que, poco después, en diciembre de 1947, y en consecuencia de la instauración de un régimen sin clases sociales, el Socialismo, el rey Mihai I tuvo que abdicar, aunque se marchara con gran parte del tesoro que la familia real consideraba suyo aunque fuera, y sea, realmente del pueblo rumano.
Aquella abdicación, como todas las de los descendientes de antiguas familias de piratas y bandidos que enriqueciéndose a costa del saqueo se convirtieron en familias "nobles", y que hoy son, todavía en bastantes casos, las familias reales, fue un acto que merece la pena ser recordado en la lucha de la humanidad por la igualdad económica y la liberación de los pueblos (a ver cuando vivimos de nuevo otro inolvidable momento como este en España (como o el de la huida de Alfonso XIII que dio lugar a la II Republica).
En la vida del pueblo rumano se han producido en los últimos años profundos cambios políticos, económicos y sociales, que han creado nuevas relaciones entre las principales formas de vida del estado.
Estas nuevas relaciones no corresponden ya con las condiciones establecidas por el pacto fundamental -Constitución del país- y exigen que se produzcan importantes cambios.
Frente a esta situación, en pleno entendimiento de la situación del país y con la responsabilidad que me corresponde, considero que la institución monárquica no tiene sentido en las condiciones de vida actuales de nuestro estado, representando ella un obstáculo seria en el camino del desarrollo de Rumania.
En consecuencia, y con plena consciencia de la importancia del acto que hago en interés del pueblo rumano, ABDICO, por mi y por mis sucesores en el trono, renunciando a todas las prerrogativas que me corresponden y he ejercitado como Rey de Rumania.
Dejo al pueblo rumano la libertad de elegir una nueva forma de estado.
En Bucarest, hoy 30 de diciembre de 1947"
Días después, tuvo lugar la histórica Gran Asamblea Nacional, presidida por el escritor comunista Mihai Sadoveanu, que proclamó la Republica Popular Rumana, el 2 de enero de 1948.