9/6/11

Grecia reaviva el fantasma de una crisis mundial


Elisabetta Piqué
Una hecatombe. Un efecto dominó terrible. Un contagio igual o peor al que ocurrió cuando, a mediados de septiembre de 2008, Lehman Brothers quebró e hizo temblar el sistema financiero global y desencadenó la peor crisis económica desde los tiempos de la Gran Depresión.
Esto podría suceder, coinciden los expertos, si el cada vez más temido fantasma del default se hace realidad en Grecia. Ahí la disyuntiva pasa ahora por profundizar aún más dramáticamente la política de austeridad o retornar a la vieja dracma (la ex moneda griega), algo que provocaría un tsunami financiero global todavía más devastador que el que desató la caída de Lehman Brothers, según diversos economistas.
Pese a haber recibido hace un año un megarrescate de 110.000 millones de euros de parte de la Unión Europea (UE) y del Fondo Monetario Internacional (FMI) a cambio de un durísimo primer ajuste, el país del Partenón se encuentra al borde del colapso.
"La sensación es que Grecia va camino del default, pero la UE no puede permitir algo así", aseguró el economista Carlo Altomonte, profesor de Economía de Integración Europea en la prestigiosa Universidad Bocconi, de Milán.
Altomonte subrayó que tanto el Banco Central Europeo (BCE) como otros organismos financieros del Viejo Continente tienen títulos de deuda griega. Como muchos otros, este experto italiano no descartó un efecto "peor o, al menos, comparable" al de la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers, si Grecia cae en default. "Si Grecia colapsa, nadie sabe dónde terminaremos", admitió el experto.
En la central plaza Syntagma de Atenas, frente a la sede del Parlamento, miles de manifestantes -entre ellos, muchos "indignados" griegos que tomaron como modelo el movimiento español- protestan desde hace días contra un segundo e inevitable plan de austeridad anunciado el lunes pasado por el gobierno socialista de Georges Papandreou, después del virtual fracaso del primero.
Entre la espada y la pared, presionado como nunca por la denominada "troika" -compuesta por la Comisión de la UE, el BCE y el FMI-, Papandreou dejó en claro que los griegos, que sufren su peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial y una tasa de desempleo del 16% (que podría saltar al 25% a fin de año), deberán ajustarse el cinturón aún más, con más despidos de funcionarios públicos, subidas de impuestos y nuevos recortes a las pensiones.
Aunque el premier griego no dio detalles de las nuevas medidas con las que el gobierno tratará de reducir el déficit en 6.500 millones de euros y conseguir que a fin de año baje al 7,5% del PBI (frente al 10,5% con que cerró 2010), se da por hecho que subirá el impuesto de circulación, las tasas sobre el gas y sobre las bebidas, y otros gravámenes.
La oposición conservadora anunció esta semana que no aprueba esta vez el recorte. Ese consenso era más que necesario porque ahora, sin acuerdo entre los partidos griegos, la UE y el FMI pueden retener la próxima cuota del rescate.
A pesar de que es rechazado por extremo por la oposición, este ajuste no será suficiente. El Estado deberá todavía vender todo lo vendible.
En un plan de privatizaciones de lo más impopular, que debería hacerle recaudar 50.000 millones de euros antes de 2015 para cubrir la brecha fiscal, el Estado griego se desprenderá de la telefónica, el correo, dos puertos, empresas de agua y hasta una compañía que maneja las carreras de caballos. Todo, menos la Acrópolis y las islas, satirizó la prensa sensacionalista alemana.
En medio de una alta conflictividad social -protestas, una convocatoria a una huelga general el próximo 21 de junio- y el rechazo de parte de la oposición, sindicatos e "indignados", evidentemente el plan de ajuste de hace un año no ha dado los resultados esperados.
El objetivo, ahora, es convencer a la "troika" de que Grecia esta vez hará realmente sus deberes, por más impopulares que sean. Y que podrá pagar su deuda, que se espera que llegue a 537.000 millones de dólares el año que viene, un 157,7% del PBI. Grecia espera recibir, a cambio, el nuevo salvavidas: plata fresca para hacerle frente a los vencimientos de la deuda, en la quinta entrega del préstamo ya aprobado hace un año, una suma de 17.000 millones de dólares.
"Si no recibimos el dinero el 26 de junio nos veremos obligados a cerrar la tienda y declarar la imposibilidad de pagar nuestras obligaciones", admitió hace unos días el ministro de Finanzas, Georgios Papaconstantinou.
Pero la verdad es que los expertos consideran que, pese a toda esta sangre, sudor y lágrimas, y a la ayuda internacional, Grecia no podrá hacerle frente a sus deudas. Y la palabra "reestructuración" suena más fuerte que nunca. El premio Nobel de Economía Paul Krugman dijo que "hay un 50% de posibilidades" de que Grecia pueda salirse del euro.
Fiel reflejo de la tragedia griega que se consuma, a principios de esta semana una funcionaria de ese país, la comisaria europea para la pesca, Maria Damanaki, puso negro sobre blanco los escenarios posibles. "O encontramos un acuerdo con los acreedores para que nuestro programa de duros sacrificios tenga resultados, o volvemos a la dracma […] La mayor conquista de Grecia de la posguerra, el euro, y la presencia de nuestro país en el mercado europeo están en peligro", advirtió la funcionaria.
Riesgo de contagio
Si bien para Altomonte, de la Universidad Bocconi, una bancarrota de Grecia no repercutiría directamente sobre el sistema bancario italiano -porque no tiene mucha deuda de ese país- existe, de todos modos, un riesgo de contagio. "Si Grecia cae en bancarrota, puede caer en bancarrota Portugal y puede aumentar la tasa de interés sobre la deuda italiana, algo que requeriría un ajuste de las finanzas públicas más pesado, lo que significa más recortes o más impuestos y menos crecimiento", pronosticó.
Altomonte está entre quienes sostienen que no hay que abandonar a Grecia y que hay que otorgarle ayuda financiera, por lo menos hasta el año próximo. Para él, si se llegó a esta situación al borde de la cornisa es porque el plan de austeridad puesto a punto el año pasado fue demasiado ambicioso. Y, también, porque Grecia no ha hecho bien su tarea. "Grecia no respetó sus compromisos, ni en cuanto al tema privatizaciones ni en cuanto al aumento de los ingresos fiscales a través de una reducción de la evasión", sostuvo Altomonte.
¿No hay que culpar también a la eurozona?  "La culpa original del área euro es haber tenido una política monetaria centralizada por el BCE y que la política fiscal hubiera quedado descentralizada, manejada por los Estados miembros, sin mecanismos de coordinación o de apertura de líneas de crédito", opinó el especialista italiano.
"La gran paradoja es que la crisis, que ha logrado poner en marcha ciertos mecanismos, ha hecho mejor a la eurozona, si es que logra sobrevivir", agregó.
Altomonte, sin embargo, está convencido de que la eurozona tiene el 98% de posibilidades de sobrevivir. "El problema es político, lo cual me asusta. Porque desde el punto de vista económico, no hay problemas de liquidez: la ayuda a Grecia, en verdad, son migajas: se trata de un pequeño porcentaje del PBI europeo... No hay problemas de liquidez, sino de voluntad política."