18/6/11

Giorgio Agamben se obsesiona con la Desnudez


Luis Diego Fernández

En las dos últimas décadas la figura de Giorgio Agamben (Roma, 1942) se ha tornado relevante para comprender la filosofía contemporánea. En gran parte potenciada por la publicación de la serie Homo Sacer (1995), en la cual plantea la politización de la vida biológica retomando a Michel Foucault. A grandes rasgos, podemos ver dos períodos del pensamiento agambeniano –uno primero, estético; y uno segundo, ético y político-. Sin embargo, ambos estarán articulados por el concepto de “potencia”: el poder de hacer como de no hacer (la potencia de no).

Los diez ensayos que forman Desnudez, su último libro, suelen retomar las obesiones y las trazas de su filosofía, en este caso articuladas por la problemática del cuerpo y la desnudez. Pero sobre todo del presente. Dentro del deslumbrante nivel –así como de una escritura ascética, parca pero densísima y bella en su economía de recursos- son remarcables cuatro textos: ¿Qué es lo contemporáneo?, Desnudez, El cuerpo glorioso y Un hambre de buey.

En el primero el filósofo interroga sobre lo específico de la contemporaneidad, yendo por territorios que parecerían inconectables: de la neurofisiología a la moda, de lo intempestivo de Nietzsche a la poesía de Mandelstam, de Pablo de Tarso a Foucault. La contemporaneidad es, para Agamben, una relación singular con el propio tiempo, que adhiere a éste y, a la vez, toma su distancia; más exactamente, es “esa relación con el tiempo que adhiere a éste a través de un desfase y un anacronismo”. Aquellos que coinciden de una manera excesivamente absoluta con la época, marca el filósofo, no son contemporáneos.

El artículo que da titulo al libro es una obra maestra conceptual y de estilo en torno al estatus de la desnudez, para ello el filósofo recorre desde la patrística medieval –Basilio el Grande y Juan Damasceno- a la fotografía fetichista de Helmut Newton, de Walter Benjamin a la revista Vogue, del sadomasoquismo al Maestro Eckhart. Partiendo de la obra de la artista italiana Vanessa Beecroft -una perfomance con cien mujeres desnudas en la Neue Nationalgalerie de Berlín en 2005-, Agamben comienza a tejer un desarrollo que lo lleva a la signatura teológica del Génesis, y a una suerte de “teología del vestido” en torno a la gracia. El pecado, marca el autor, será la pérdida del vestido, es decir, la gracia: la desnudez previa al pecado era recubierta por el estado de gracia. Este dispositivo teológico es lo que lleva a leer a la gracia como equivalente al vestido. A partir de allí la desnudez será vista como algo “no agraciado”, ominoso, pecaminoso, vulgar, impúdico. La clave del desnudo estará en la mirada y la disposición; tanto en las mujeres desnudas de Beecroft como en las fotos de las mannequins con zapatos de tacos altos de Helmut Newton no hay vergüenza, ni gloria: sus expresiones no indican nada de ello. El vestido de la moda es un indecidible de carne y tela: lo mismo da estén vestidas o desnudas. Este “desencanto” de la belleza de las mujeres de Beecroft o Newton anula toda expresividad del rostro para reducirse a mera exposición, pero ese puro valor exhibido, señala Agamben, tiene, paradójicamente, un encanto particular, un nuevo uso. La desfachatez (pérdida del rostro) es la condición necesaria para la desnudez sin velos ni ropas. El habitar la apariencia que señala el filósofo italiano a partir de Walter Benjamin, tiene que ver con la exhibición de la apariencia pura, lo que podemos decir: “nihilismo de la belleza”.

En El cuerpo glorioso, Agamben comienza pensando el estatuto de la identidad del cuerpo del resucitado para la tradición cristiana a fin de llegar a la exhibición del órgano separado de su función fisiológica. El uso del órgano y del cuerpo, marca Agamben, no es individual sino común, el ejemplo del filósofo es bellísimo: “en cuanto se abre al beso, la boca se vuelve realmente boca, las partes más íntimas y privadas se vuelven el lugar de un uso y un placer compartidos”. Por su parte en Un hambre de buey, Agamben piensa la cuestión de la bulimia a partir de la genealogía del término en griego:boúlimos, cuyo significado es “hambre de buey”. En la antigüedad, señala Plutarco, existían fiestas de la “expulsión de la bulimia”, es decir, expulsar una cierta forma de comer en tanto devorar o tragar como lo hacen las bestias, y abrir el espacio de alimentación a lo humano. La raíz del trastorno alimenticio de la bulimia –acompañado del vómito- implica, señala Agamben, la imposibilidad de un comportamiento festivo en nuestro tiempo. Si la bulimia requiere de una fiesta para su expulsión y su consabida celebración, hoy asistimos a esa carencia. La fiesta, lo festivo, no se define por lo que no se hace en ella, sino por lo que se hace: el cuerpo festivo es un cuerpo inoperoso, es decir, liberado de su economía y de los objetivos de los días laborales.

Una de las características de Desnudez, presente en toda la obra de Giorgio Agamben es, precisamente, su contemporaneidad. La filosofía agambeniana tiene la extraordinaria propiedad de percibir la oscuridad del presente y transformarla en luz de modo magistral.
Título original: Sobre "Desnudez" de Giorgio Agamben, artículo en Perfil
Fuente: Suplemento Cultura de Perfil, 15 de mayo de 2011