16/6/11

¿El marxismo es una ciencia?

Karl Marx por David Levine

Rosendo López González

Introducción
Se trata en este escrito de observar la dimensión científica del marxismo, es decir, como un sistema de conocimientos abiertos que pueden ser ampliados a medida que las sociedades, con sus revoluciones tecno-científicas, se desarrollan. Por esta vía, puede plantearse el marxismo como un importante programa de investigación científica que copa una fase del estudio del capitalismo y que va desarrollándose en la medida que el éste hace lo propio. Al respecto me parecen muy útiles  las idea planteadas por Federico Engels (1820-1895) escritas en 1886 en el texto Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, en el sentido que tres importantes descubrimientos, para la época, han dado un gran impulso a sus investigaciones, ellos son: el descubrimiento de la célula, la transformación de la energía, y por último los trabajos de Darwin. (Engels, 1976).   
En consecuencia, si miramos el marxismo desde el horizonte epistémico, el marxismo no tiene por qué temer a modificaciones en el marco de un sistema de conocimientos y en el caso de que sus tesis e hipótesis resulten falsas, serán criticadas y rechazadas. Esta es una forma generalizada en el actuar de las diferentes ciencias, y si miramos al marxismo como teoría científica no puede ser una excepción. Además, una ciencia se renueva cuando sus problemas de investigación conducen a unos cambios  progresivos.


1. Marxismo vs. militancia política

Es, absolutamente, claro que para analizar el marxismo desde el horizonte epistemológico no se necesita estar militando en ningún partido político.  Debo aclarar, con toda la honestidad intelectual, que esta dimensión sobre el marxismo las abordo como docente investigador, cercano a la búsqueda de una teoría crítica de análisis de las ciencias de la naturaleza, sin abrazar del todo las ideas de los filósofos posmodernos, de la última generación de la escuela de Frankfurt, representada por Habermas. Al respecto, escribí una reseña sobre el último libro de Habermas, donde afirmo:
Habermas, profesor universitario y  representante  de la segunda generación de los filósofos  de la escuela de  Fráncfort, aborda desde la filosofía política, entre otros temas, el futuro de lo que él llama la sociedad postsecular, es decir la sociedad europea. Su reflexión comienza poniendo en primer plano el papel del intelectual y la cuestión de Europa, en este sentido hace un recuento de los que él llama intelectuales de partido. Para Habermas, estos intelectuales, sobre todos los de izquierda, pertenecen a un ambiente que ya pasó a la historia; pues, para el filósofo alemán, estas concepciones perdieron vigencia después de la segunda guerra mundial, así, la sociedad de clases quedó atenuada en un Estado social, donde lo que existe es una sociedad de ciudadanos.
El autor de esta reseña, se aleja de este enfoque, en el sentido de su generalización y lo interpreta y circunscribe dentro del continente Europeo. Si miramos otros continentes, incluido Latinoamérica, en la locución de Habermas, parafraseando a Foucault,  las palabras están muy alejadas de las cosas. En Latinoamérica, el ejercicio de los intelectuales con el fin de construir teorías, hipótesis y reflexiones son mal vistas por las élites que ostentan el poder político en forma excluyente (López, 2010. P 134).

2. El centro firme

Es importante analizar y tener en cuenta las tesis centrales o cuestiones básicas del marxismo, lo que llamaría Lakatos (1983), en las ciencias:  “el centró firme “ de un programa de investigación. Para el caso del marxismo “ el centro firme”  de sus teorías, son: el materialismo dialéctico  como cosmovisión de mundo, el materialismo histórico que a la larga es el análisis del capitalismo y su modelo sociopolítico. Ahora bien: la pregunta es: ¿será qué este “centro firme“, cayó en crisis y debe ser abandonado por otro mucho más progresivo? Si la respuesta es positiva, hay que señalar cuáles son las anomalías que permitirían abandonar las cuestiones básicas del marxismo. Anótese, par mi caso, que  no encuentro la práctica crucial, que me lleve a cambiar las concepciones básicas del marxismo, repito, como ciencia capaz de renovarse con los cambios tecnológicos y científicos de las sociedades.    
2.1 El análisis histórico de la sociedad.
Marx asume la idea que el hombre no tiene una naturaleza fija determinada engendrada por un ser divino, para él lo más importante son las relaciones sociales del individuo, que a la larga están fijadas por la base económica de la sociedad. Se arranca, entonces, de un análisis histórico de las diferentes formaciones económicas-sociales que ha vivido la humanidad, concluyéndose que al emerger la propiedad privada devienen las clases sociales, con sus cargas de intereses a cuestas y a la larga el Estado burgués es el que mejor representa a estas clases dueñas de los medios de producción, en este tipo de Estado el hombre es visto única y exclusivamente como consumidor potencial. A lo mejor, dentro de las condiciones coyunturales actuales, es imposible ser enemigo que los países amplíen una red de mercados que surtan a toda la población y sobre todo a los más necesitados, diferente esto a mercantilizar la vida humana, incluida hasta la producción espiritual como se hace en la actual coyuntura del capitalismo. Ahora  bien: en el fondo lo que plantea Marx es acabar con ese conflicto o contradicción que genera la propiedad privada,  para que el hombre sea más libre, pueda pensar mejor, y no esté alienado a la producción mercantilista.
2.2 La concepción materialista dialéctica
Si tenemos en cuenta que la filosofía estudia los problemas más generales suscitados por las realidades: “Intentando enmarcar los saberes en un panorama teórico que sobrevuele la diversidad desde una aventura unitaria que es pensar “ (Savater, 2001. P 21). La filosofía trata de dar respuestas a las preguntas, sobre: el hombre, el mundo, la naturaleza, entre otras. Del camino que se tome sobre las respuestas se desprende una concepción materialista o idealista, frente a la naturaleza, en otras palabras la relación que existe entre ser y pensar, o como lo plantean algunos entre materia y espíritu. Generalmente las explicaciones filosóficas de los materialistas se apoyan en el conocimiento científico, aunque algunas corrientes de sofistas en la Grecia clásica negaban la posibilidad del conocimiento científico, es decir la episteme, tendencias que no prosperaron gracias al esfuerzo de Aristóteles, por crear un cuerpo coherente de conocimientos y sobre todo ahondar en la lógica como complemento metodológico para alcanzar el conocimiento científico.
De otra parte, generalmente, los argumentos de las concepciones idealistas  en cuanto a una cosmovisión provienen de explicaciones  apoyadas  en aspectos religiosos; en verdad que son dimensiones absolutamente diferentes y seguramente inmiscuir la existencia de Dios, en una discusión sobre el progreso de la ciencia no tiene sentido práctico. Hay muchas experiencias que soportan este planteamiento, la experiencia de Siger de Brabant ( 1235-1284), profesor universitario, quien representa en su época el intento de proporcionar a la ciencias temporales el fundamento epistemológico que, a partir de la razón, las independice de la teología.( Águila,  2008. P 37). La experiencia de Galileo (1564-1642), en la Universidad de Padua es extraordinaria, no solamente por las anécdotas conocidas por todos sobre la polémica con los santos varones de la iglesia católica, sino por el rescate del método deductivo para llegar al conocimiento científico conocido también como metodología paduana (Campbell, 2010, P 95).
Ahora bien: si hacemos las cosas simples, podemos hablar de la dialéctica como un método para interpretar la materialidad del mundo cuyas raíces mantiene sus surcos desde los pensadores griegos, y se podría tomar como punto de referencia los presocráticos.  Aristóteles, en el libro primero de la Metafísica , refiriéndose a Thales, Anaxímenes, Heráclito, Anaxágoras, entre otros, acepta “que todos estos filósofos  han tomado por punto de partida la materia considerándola como causa única “ ( Aristóteles, 1998. P 10). Es importante aclarar, que el punto de análisis de Aristóteles, son las llamadas cuatro causas:
•     La primera es la esencia la forma propia de cada cosa ( causa y principio)
•    La segunda es la materia, el sujeto.
•    La tercera el principio del movimiento.
•    La cuarta es la causa final.
Sin embargo y en el mismo texto comentado Aristóteles, admite que existen otros pensadores que en la explicación sobre la naturaleza admiten seres incorporales; lógicamente éstos se saldrían del lineamiento de las cuatro causas, en otras palabras se trata reconocer las ideas como causas.
Ahora bien: Federico Engels en Dialéctica de la naturaleza (Engels, 1961. P 41)  ordena un poco las cosas y sistematiza todo el pensamiento anterior y explica con lujo de detalles el método dialéctico, que a la larga viene hacer uno de los fundamentos de la cosmovisión materialista del marxismo. En los actuales momentos, no se conocen filósofos que traten de desmontar, con argumentos valederos la concepción materialista dialéctica del marxismo, aunque lógicamente con el desarrollo de las diferentes tecnologías las argumentaciones se van renovando, pero la esencia de la interpretación materialista de la historia se mantiene.

3. A manera de conclusión

Desde la perspectiva de la investigación científica del marxismo como ciencia, asido a un programa de investigación,  la palabra la tienen los investigadores, pues el sistema o cuerpo de conocimiento del marxismo, está integrado por su filosofía, su economía y su teoría de la sociedad. A estas tres fuentes, hay que agregarle la metodología en sus investigaciones cuya tradición aristotélica hunde sus raíces en el naturalismo o positivismo , tratando de explicar los acontecimientos naturales y sociales desde un horizonte dialéctico e histórico.

Reseña bibliográfica

Águila, R ( 2008). Las “raíces” de la modernidad. En: Filosofía en un mundo global. Barcelona: Editorial Antropos.
Aristóteles (1998).  Metafísica. México: Editorial Porrúa. Número  120.
Campbell, T (2010). Siete teorías de la sociedad. Madrid: Editorial cátedra.
Lakatos, I (1983). La metodología de los programas de investigación científica. Madrid:  Alianza Editorial.
López, R (2010).  ¡Ah Europa ¡. En: Visión Electrónica. Algo más que un estado sólido. Año 4 Número 1. Enero-junio de 2010.
Engels, F (1961). La dialéctica de la naturaleza. México: Editorial Grijalbo.
Marx, C y Engels, F (1976). La ideología alemana. En: Obras escogidas. Tomo I Moscú: Editorial progreso.
Marx, C y  Engels, F  (1976). Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica  alemana. En: Obras escogidas. Tomo III. Moscú: Editorial progreso.
Savater, F (2001). Las preguntas de la vida. Bogotá: Editorial Ariel