18/6/11

Algunas notas sobre la noción de soberanía en Giorgio Agamben

Foto: Giorgio Agamben

Marcus Cesar Ricci Teshainer
Desde hace algún tiempo, el filósofo italiano Giorgio Agamben ha problematizado el concepto de soberanía, trazando nuevas discusiones para la filosofía política. La propuesta del autor es discutir la soberanía en el interior del concepto formulado por Michel Foucault de biopolítica, que resulta oportuno -de acuerdo con Agamben- para pensar el paradigma de la política moderna. En este artículo problematizaremos la noción de soberanía a partir de la lectura de sus textos Homo Sacer. Il potere sovrano e la nuda vita (1995); Stato di eccezione. Homo Sacer II (2003); Il regno e la gloria. Per una genealogia dell’economia e del governo (2007) y Quel che resta di Auschwitz. Homo Sacer III (1998), pues son en los que desarrolla su teoría política a partir del concepto de biopolítica.
Cuando Foucault despliega la afirmación de Aristóteles de que el hombre moderno es un animal cuya vida se cuestiona en la política, Agamben esboza a través del concepto de vida-desnuda, una nueva manera de pensar la propia vida considerándola como puramente biológica. Esto representa una novedad respecto a las formulaciones de Foucault que afirmaban la vida como un concepto unitario, es decir, Agamben retoma y subraya la doble conceptualización que la filosofía griega da para el término vida: zoé, la vida natural y bios, la vida contemplativa de los filósofos.
Agamben afirma que en la concepción de la filosofía política clásica, zoé no concierne a los problemas de la polis, en tanto que en la contemporaneidad la vida natural (zoé) entró en el campo de la polis, esto es, la vida desnuda pasa a ser secretamente el foco de inversión política. La vida desnuda es excluida del discurso político contemporáneo pero completamente incluida en la práctica soberana. De esta manera, se torna importante entender la relación entre política y vida pues así se comprende el concepto de soberanía que tiene la vida desnuda como núcleo. Agamben (1998: 78) afirma que la fusión fundamental que coloca a la vida en el centro del problema político se encuentra en la distinción entre pueblo y población. Por pueblo se refiere a un cuerpo esencialmente político, en cuyo seno surge el concepto de población que es un cuerpo esencialmente biológico. A partir de esta fusión, la administración soberana del Estado trata de controlar la natalidad, la mortalidad, la salud y la enfermedad. Con el nacimiento de la biopolítica cada pueblo democrático se convierte en un pueblo demográfico.