27/5/11

Krugman acaba de realizar su más trágico augurio económico

Paul Krugman: ¡Que Dios nos agarre confesados!

S. McCoy
Casi por descuido ha publicado Paul Krugman un  comentario en su espacio en el NYT que es, en mi opinión, la advertencia más dramática lanzada por él en los últimos 11 meses. Y mira que hay donde elegir. Cómo será su consternación que termina con un grito desesperado: “y… ¡a nadie en el poder parece preocuparle!”
¿Qué es eso tan terrible que agita la conciencia del Nobel? El que Estados Unidos va, a su juicio, de cabeza a una Tercera Depresión, similar a las iniciadas en 1873 y 1929. Para justificar tal advertencia, se basa en el hecho de que “en un año y medio de teórica recuperación económica no se ha producido avance alguno en la convergencia entre lo que la economía debería estar generando y lo que realmente produce”. Y, como a todos antes o después nos gusta hablar de nuestro libro, rescata un artículo suyo publicado el 27 de junio de 2010 en el que anticipaba lo que ha sucedido. Cito literalmente:
“Ni la Depresión Duradera del siglo XIX ni la Gran Depresión del XX fueron épocas de un declive económico continuado. Al contrario: ambas incluyeron periodos de una cierta prosperidad. Pero tales intervalos de mejora nunca fueron suficientes como para compensar el daño infligido por el deterioro inicial y fueron seguidos de recaídas posteriores.
Me temo que nos encontramos en las etapas iniciales de una tercera depresión. Se parecerá más a la Depresión Duradera que a la más salvaje Gran Depresión. Pero el coste para la economía mundial y, sobre todo, para los millones de vidas arruinadas por la ausencia de empleo, será, en cualquier caso, inmenso”.
Un servidor, mi turno, ya hizo referencia a esta comparativa en octubre de 2008 con base en un artículo publicado por un tal Scott Reynolds Nelson enThe Chronicle Review. Como señalábamos entonces, los paralelismos entre lo que está pasando ahora y lo acontecido hace ya casi 140 años son sorprendentes en términos de la génesis financiero-crediticia-inmobiliaria de la crisis, formación de burbujas, aparición de una nueva potencia comercial más eficiente que desestabiliza el sistema en su conjunto o impacto a ambos lados del Atlántico. No está tan claro, sin embargo, que sus consecuencias sean las mismas: cambio en el equilibrio de fuerzas mundial (con Reino Unido como vencedor destacado frente a Centro Europa, un papel que aún no puede asumir China) o apertura de procesos proteccionistas (decíamos en aquella pieza que “la interconectividad de las distintas regiones del planeta ha igualado los damnificados por abajo: los que tienen dinero necesitan mercado y los que tienen mercado necesitan dinero”).
Sea como fuere, el que hayan pasado cuatro años desde el inicio de la frágil coyuntura actual lleva a Krugman a afirmar que estamos en una tesitura similar a la de 1933 (también 48 meses después del crack del 29) dada las tasa de paro vigente y el riesgo de que las principales economías caigan en una trampa deflacionaria: demanda retraída por la incertidumbre sobre el valor de sus activos -fundamentalmente inmobiliarios- y su renta disponible; exceso de capacidad productiva por el lado de la oferta que, además, es precio aceptante. A partir de ahí, su alegato invariable del último año contra la ortodoxia monetaria y fiscal, “que poco tiene que ver con el análisis racional y responde a un principio absurdo de que, en momentos de dificultad, el liderazgo se consigue a través del sufrimiento del pueblo”, adornada con algún guiño que otro de sensatez, como cuando afirma que “no se trata de apretarse el cinturón (menos gasto) sino de emplear mejor los recursos (mejor gasto)”, tesis defendida hasta la saciedad en Valor Añadido.
Y, mientras, Nouriel Roubini tomando posiciones en el bando contrario con una declaración, cuando menos, sorprendente que minimiza el impacto de un impago griego sobre el conjunto de la Unión Europea y sus instituciones financieras; para él, sería modesto, contenido y susceptible de ser gestionado. Me lo repita, por favor, quién le ha visto y quién le ve. Está claro que cada época tiene su particular jinete del apocalipsis. Y, con razones fundadas o sin ellas - en mi opinión la visión de Krugman peca de sesgo local y no tiene en cuenta el fenómeno emergente- ya sabemos quien acaba de asumir ese rol en el momento presente. Buen fin de semana a todos.