6/5/11

El relato de la muerte de Bin Laden se cae a pedazos


Iñigo Sáenz de Ugarte

¿Una mujer como escudo humano? No. ¿Osama bin Laden estaba armado y disparó contra los asaltantes? No. ¿La mansión costaba un millón de dólares? No. Pero Bin Laden se resistió y los soldados no podían asumir riesgos. ¿En serio?

Decíamos que elementos fundamentales del relato sobre la caza de Bin Laden eran falsos. Da la impresión de que al final no quedará nada que sea cierto. Tras saberse que todo lo anterior era una invención, al menos sabíamos (o se suponía que sabíamos) que algunos ocupantes de la casa en la que estaba Bin Laden habían respondido a los disparos. Recordemos lo que dijo el portavoz de la Casa Blanca:
“En el primer piso del edificio de Bin Laden, dos mensajeros de Al Qaeda fueron asesinados junto con una mujer que murió en el fuego cruzado”, dijo Carney [Secretario de prensa de la Casa Blanca]. “Bin Laden y su familia se encontraban en el segundo y tercer piso del edificio. Existía la preocupación de que Bin Laden se opondría a la operación de captura, y de hecho se resistió”.
Podíamos haber dicho: los portavoces de la Casa Blanca siempre mienten.


Así no llegas a ninguna parte porque en ese caso si crees que todo lo que dice la principal y casi única fuente de información es mentira, en realidad lo que estás queriendo decir es que tú te puedes inventar la versión que más te plazca. Hay que partir de una explicación por discutible que sea.

24 horas después, esa es otra pieza del relato que se ha caído. Las informaciones aparecidas en las últimas horas indican que sólo hubo disparos contra los SEAL desde la ‘guest house’ (literalmente casa de invitados, una pequeña edificación al lado de la vivienda principal). En la casa en la que estaba Bin Laden, no hubo más disparos que los de los asaltantes. Ninguno de sus ocupantes tenía una arma. No hubo allí ningún fuego cruzado.

Los disparos desde la otra casa hicieron que los soldados dieran por hecho que estaban en un entorno hostil, cuentan las nuevas explicaciones. No es nada sorprendente. Es algo que tenían que dar por supuesto desde antes de bajarse del helicóptero.

Dicen que encontraron armas en la vivienda principal, antes del momento en que dispararon a Bin Laden. Una vez más, no es algo que estuviera fuera de los cálculos previos al asalto. Encontraron a un hombre, con una mano detrás de la espalda. Le dispararon. Encontraron a otro hombre y “pensaban que estaba preparado para coger un arma”. Le dispararon. Encontraron en la escalera al hijo de Bin Laden, que estaba desarmado. Le dispararon.

Al llegar a la habitación de Bin Laden, una mujer se abalanzó sobre un soldado. Le disparó en la pierna. Acto seguido, el soldado giró sobre su arma sobre Bin Laden y le pegó dos tiros. Luego la versión insiste en que el objetivo tenía un kalashnikov y una pistola a su alcance. En el tiempo, unos pocos segundos, en que la mujer se lanzó sobre el soldado, a Bin Laden le habría dado tiempo a coger al menos la pistola, pero no fue así.

Las referencias a la posibilidad de que Bin Laden, que estaba vestido con una pijama como suele ocurrir por la noche, llevara puesto un chaleco con explosivos despiertan la incredulidad. ¿Bin Laden dormía con los explosivos colocados en su cuerpo? En los tres o cinco años que llevaba viviendo en esa casa, ¿siempre estaba envuelto en cartuchos de dinamita por si los SEAL aparecían de improviso?

Como explica William Saletan:

Parece cada vez más claro que los SEALS entraron en el recinto con la presunción de que mientras las mujeres y los niños se salvarían, cualquier hombre adulto sería asesinado, en parte para evitar las bajas de EEUU y en parte porque uno de los hombres puede ser Bin Laden. El fuego inicial dentro de la casa de huéspedes reforzó esa presunción. Después de eso, si usted se encuentra en cualquiera de los cuartos, eres un hombre muerto.

En el momento en que los SEAL entraron en la casa, Bin Laden ya estaba muerto. Sólo era cuestión de esperar unos minutos. Toda ejecución necesita de su tiempo.

Historias de la América delirante

Por su gran interés informativo, CNN ha encargado una encuesta para preguntar a la gente si Osama bin Laden ha acabado en el infierno. Las respuestas:
–Sí está en el infierno: 61%.
–No está en el infierno: 10%.
–No cree en el infierno: 5%.
–No sabe/no contesta: 24%.

Obviamente, los más inteligentes son los que optaron por la última respuesta.

Eso deja en teoría a un 76% de la población de EEUU en una posición mentalmente… embarazosa.

Sobre los tipos, presuntamente periodistas, que encargaron la encuesta, ahí no hay ninguna duda. Deberían ser vigilados estrechamente por neurólogos.