25/5/11

El regreso de Zelaya a Honduras huele a azufre para la oligarquía

Foto: Manuel Zelaya


Milson Salgado

Cuando secuestraron y extrañaron del país al Presidente Zelaya hubo necesidad de apagar la luz en toda Honduras, de poner una programación de comics estadounidenses en la Televisión nacional, de desconectar las señales de las radioemisoras y de militarizar los puntos estratégicos del país.

Las apologías se pusieron a la orden del día y de la noche: Era necesario que el Presidente Zelaya saliera para salvaguardar la democracia. El mundo tendría tiempo de comprender las acciones patrióticas de estos hondureños que a punta de bayonetas y rifles salvaron un libro de leyes y letras y artículos y prohibiciones. Era necesario golpear y sacarle sangre a la gente de sus rostros, lesionarlos, detenerlos, cerrar radios y televisoras, tal vez así la gente le entraba por su torpe cabeza, la gran gesta patriótica de estos héroes que hicieron hasta lo imposible para que no se preguntara.
El delito más grave era preguntarle a la gente. Porque no se sabía que era lo que la gente iba a responder. Las respuestas son impredecibles y en una democracia hasta los ademanes tienen que estar previstos para no salirse de las líneas convencionales. Alguna vez alguien por reprochar un hecho dijo: “CHE” y se incendio la revolución en el continente. No. Hay que cuidar las formas de la democracia. La gente no está preparada para responder. Era un atentado para la democracia indagar y por primera vez se volvieron un sacrilegio los signos de interrogación que inocentemente aprendimos en las clases de español; y por la fuerza de las armas y los toques de queda teníamos que emplear signos de admiración hacia ese puñado de hombres que tuvieron la sabia idea de salvar el Estado de Derecho.

El presidente Zelaya había renunciado, leyeron su renuncia en el Congreso Nacional. Él estaba enfermo y por humanidad los doctores recetaron a los militares que lo llevaran de su casa en horas de la madrugada, y que le hicieran muchos disparos y lo sacaran violentamente en ropa de dormir como una terapia eficaz para aliviar su enfermedad. El Estado de derecho se salvaba y la salud del presidente estaba más que garantizaba.

El mundo era tonto. El mundo no comprendía. No era golpe de Estado era sucesión constitucional. Hans Kelsen, Jiménez de Azua, Feurbach, Andrés Bello, Jeremías Bentham, Michael Foucault, ansiaban salirse de sus tumbas para saber adónde quedada el paisito en el que un puñado de hombres les dio por cambiar de un solo plumazo el derecho universal. Es decir, cometer primero un hecho y después crear la norma, o en todo caso sacar leyes y figuras jurídicas de la manga de la camisa. Era todo una proeza y un prodigio de la moderna jurisprudencia que escribía el nuevo derecho con balas y no con la tinta tradicional. La OEA era tonta. La ONU era tonta. La posición domestica de Estados Unidos –ojo no la política exterior- era tonta y todos los países lindaban los límites de la torpeza. Solo estos científicos del derecho enarbolaban la bandera de la razón.

El presidente Zelaya le hizo mucho daño al país. Quería quitarles el aeropuerto Palmerola a los pobres gringos y cerrar Toncontin el Aeropuerto más seguro del mundo según un Programa de History Chanel. Además cometió la maldad de subirles al salario mínimo a los obreros ¡que malo contra los pobres empresarios! Cometió el sacrilegio de quitarle el negocio a las pobres transnacionales comercializadoras de los hidrocarburos y tuvo la osadía de bajarle el precio a los combustibles. No, con un presidente así íbamos a la deriva. Imagínense darle seguro social a las domésticas y a los trabajadores de la economía informal ¡esa es una infamia! Los pobres bancos que siempre le han servido a la gente, porque nunca han quebrado ilícitamente, se vieron afectados porque le bajó a la tasa de interés.

Pero lo más reprobable del Presidente Zelaya es que su administración era corrupta y eso no lo toleran los héroes cívicos de este país. Por ejemplo Callejas malversó 280 millones de lempiras al cambio histórico son 140 millones de Dólares y a él se le sacó también del país y hubo sucesión constitucional. En la administración de Carlos Flores se le regaló a la compañía celular Tigo, 40 millones de lempiras mensuales, a la fecha el regalo ronda los ocho mil millones de lempiras (L 8000,000,000.00). También se dio la farsa de la licitación internacional de la administración de los aeropuertos del país con una empresa fantasma de San Francisco California. Por esas acciones al Presidente Flores fue extrañado del país y se le aplicó la sucesión constitucional. En la Administración de Ricardo Maduro se suscitó un escándalo de corrupción llamado “el gasolinazo”, y sin licitación pública concedió contratos millonarios a empresas térmicas de generación de energía. A Maduro lo expatriaron para su tierra natal Panamá y le aplicaron la sucesión constitucional. ¡No si hay que ser parejos!

Ahora regresa el Presidente Zelaya. Ahora la democracia hemisférica lo necesita. La incorporación a la OEA depende de que venga. Los préstamos para que corran como ríos de leche y miel requieren de su presencia.

¿Adónde quedó la democracia que salvaron aquellos patriotas?

Huérfanos de argumentos y de razón la oligarquía sigue satanizando sin catequismos coherentes la figura de Manuel Zelaya. La sucesión constitucional solitaria y sin apologistas en la ley y en la doctrina queda para historia como un adefesio jurídico en el museo de la infamia. El puñado de sabios que estaban por encima de los estudios de la conservadora Harvard y hasta del Nobel de la derecha Mario Vargas Llosa, pernotan en el exilio de la incomprensión. Para que Vargas Llosa haya dicho que fue golpe de estado es que no se podía rescatar nada de la farsa, con todo y la especialidad que el señor tiene en salvar lo insalvable y justificar lo indecible.

Los adioses tienen sus reivindicaciones. Manuel regresa ahora sin que el rifle militar tenga órdenes de apuntar a su cuerpo. La oligarquía tiembla con el regreso de Satanás, porque los ángeles guardianes de la democracia tienen licencia para asesinar, golpear y engañar para salvar este hermoso paraíso de cinco estrellas. El diablo que regresa pretende instalar en este país modelo, un infierno de pobres con dignidad. Esto desde luego sí que huele a azufre para la oligarquía.