25/4/11

¿Tiene futuro el libro?

La pregunta recurrente: ¿Qué futuro se le augura al libro ante las nuevas tecnologías? Escritores y editores no demuestran pesimismo: seguirá su esencia, dicen

Celebrar al libro hoy supone recordar que tiene una nueva cara. Del tradicional en papel, el libro pasó a ser un archivo más para leerse en la computadora; o se convirtió en un dispositivo electrónico creado con el mero objetivo de emular, con una pantalla, las páginas de novelas, poemarios, investigaciones... No es necesario el papel y sigue siendo un libro.

De acuerdo a esto, ¿las editoriales se estiran el cabello? ¿Las librerías se comen las uñas? ¿El papel será obsoleto? Las preguntas son relativamente nuevas ante el contexto actual: Las nuevas tecnologías llegaron para quedarse y el libro tradicional… ¿tiene un reto o sólo un rato?

Escritores han sido cuestionados de forma incansable al respecto. El investigador italiano Umberto Eco dice que todos dan por hecho que el libro tradicional es ya un cadáver: “La opinión pública —o por lo menos los periodistas— tienen siempre la idea fija de que el libro desaparecerá —o quizá los periodistas piensan que son los lectores los que tienen la idea fija— y todos formulan incansablemente la misma pregunta”, comenta.

Pero si alguna certeza hay, es que el libro recorre una nueva era, la del Internet, los “gadgets” avanzados y nuevas generaciones de lectores.

 ‘No hay ningún problema’

Umberto Eco dice que el libro es un artículo muy cercano a la palabra “perfecto” y si cambia de formato no es en su detrimento: “El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se ha inventado, no se puede hacer nada mejor. No se puede hacer una cuchara que sea mejor que la cuchara (…) El libro ha superado sus pruebas y no se ve cómo podríamos hacer nada mejor para desempeñar esa misma función. Quizá evolucionen su componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel. Pero seguirá siendo lo que es”.

Porque ambos, el e-book (“electronic book”, ecolibro, libro digital, se le ha llamado) y el libro de papel, tienen sus ventajas y desventajas, después de todo: “El libro electrónico será cómodo, pero en circunstancias de uso no corrientes. Yo simplemente sigo preguntándome si, incluso con la tecnología más adecuada a las exigencias de la lectura, será de verdad mejor leer ‘Guerra y Paz’ en un libro electrónico. Ya veremos. En cualquier caso, no podremos seguir leyendo a Tolstoi y todos los libros impresos en pasta de papel, porque estos ya han empezado a descomponerse en nuestras bibliotecas”.

¿Bibliotelevisión?

Mario Vargas Llosa contestó la pregunta de un estudiante sobre el tema e hizo una analogía con la televisión: “(La televisión) ha creado un instrumento que debería haber aguzado la imaginación y la creatividad humana: ¿ha sido así? Yo creo que no. En el campo de la creación, concretamente en el campo de la ficción, la televisión ha sido un fracaso rotundo. Lo que ha producido, lo que produce, lo que llega al gran público a través de la televisión es de una indulgencia artística, estética, realmente pavorosa comparada por ejemplo con la literatura.

“Mi temor es de que el libro electrónico conduzca a una cierta banalización de la literatura, como ocurrió con la TV, que es una maravillosa creación tecnológica, que, con el objetivo de llegar al mayor número de personas, banalizó sus contenidos”, aterrizó.

Fernando Vallejo, autor de “La Virgen de los Sicarios”, es de los que no tienen esperanza: “Quebradas las industrias discográfica y cinematográfica, ¿cuál sigue? Pues la del libro”.

Su preocupación se basa en la posible manipulación de que puede ser objeto un libro digital: “su versión virtual, digital, lo va a acabar. Y no porque podamos pasar a un libro electrónico con un clic bibliotecas enteras sin pagar —como ocurrió con los CD—, que eso sería lo bueno, sino porque los libros electrónicos se pueden manipular: cambiarles el tipo de letra, la interlínea, la caja, la sangría; y al poderles cambiar uno la tipografía también les puede cambiar el texto, y eso es gravísimo. Por ahí va a empezar el acabose. ¿Se imaginan cuando a la canalla de Internet le dé por poner en un libro ajeno y firmado por otro las calumnias y miserias propias y lo eche a andar por el mundo? ¿Qué va a ser del autor?”.

La nueva era editorial

Editores tienen que enfrentarse a este contexto y no les queda más que seguir estrategias de mercado o de ideales literarios. “Si no puedes con el enemigo, únetele”, expresan. Adaptación es la palabra.

Dale Peck y Lisa Dierbeck, encargados de la pequeña editorial Mischief and Mayhem, afirman que, como editores independientes, su trabajo está dirigido a ciertos lectores en busca de la calidad literaria y por ello se basan en una red seleccionada de librerías independientes y la venta directa a través de Internet, bajo el sistema de “impresión bajo demanda” —sólo se imprime el libro que se pide—, “algo posible una vez que los costes han bajado hasta el punto de que hacer cinco ejemplares, o tres, o tan sólo uno es a la vez posible y rentable”, publicó El País en su entrevista.

Fernando Valverde, presidente de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), señala que es favorable la medida: “Se trataría de ser capaces de ajustar las tiradas iniciales, y luego a lo mejor hacer sólo 100 para tener en el almacén. O no editar ninguno y tenerlo en impresión bajo demanda”.

Otro ejemplo de esta nueva era es el sello editorial español Bubok cuyos seis meses de vida se han especializado en la publicación electrónica de libros. La editorial “online” crece a un ritmo de facturación de un 15 por ciento mensual y edita mensualmente cerca de 500 títulos, algo que, afirma su fundador Ángel María Herrera, ninguna editorial de papel puede hacer.

Es el precio del libro (digital o no) lo que mantiene preocupadas a las editoriales. El editor Antoine Gallimard de la editorial que lleva su apellido, coincide con Umberto Eco en que no hay problema con el libro digital: “Lejos de suponer el fin del libro, es una nueva oportunidad para éste”. El peligro, dice, “no es lo digital: como dije antes, la edición digital es una oportunidad. El auténtico peligro es la gratuidad. No se trata de culpar a Internet sino a la piratería”.

Pero quizá detrás de todo esto el mayor peligro sería otro: ¿Continuará la lectura por placer en este nuevo formato en caso de que las nuevas generaciones no se familiaricen con el libro tradicional?

Gallimard sugiere una respuesta: “Podríamos preguntarnos si ese gran público va a dedicarse exclusivamente a Facebook o va a seguir leyendo. Yo estoy convencido de que seguirá habiendo lectores. La literatura siempre ha sido algo precioso: extremadamente frágil y, a la vez, asombrosamente resistente. No, no hay que temer su desaparición, ya la hemos visto sobrevivir al surgimiento de los nuevos medios de comunicación; pero tampoco debemos esperar que se extienda”.

No pánico, señores. Hay libro para rato. Siempre y cuando haya un lector con ganas.

Optimistas

“El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se ha inventado, no se puede hacer nada mejor. No se puede hacer una cuchara que sea mejor que la cuchara (…) Quizá (los libros) evolucionen su componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel. Pero seguirá siendo lo que es”: Umberto Eco, semiólogo

“Creo que la literatura digital es una realidad irreversible de nuestro tiempo; está ahí para quedarse y seguramente irá creciendo en el futuro inmediato, y tal vez —como temen los pesimistas— desplazando cada vez más a la literatura del libro de papel”: Mario Vargas Llosa, escritor

“El libro digital, lejos de suponer el fin del libro, es una nueva oportunidad para éste”: Antoine Gallimard, editor

“Quebradas las industrias discográfica y cinematográfica, ¿cuál sigue? Pues la del libro”: Fernando Vallejo, escritor

Nuevo panorama

Esta semana abrió en Argentina la primera tienda de libros electrónicos, conectada a más de 700 editoriales independientes.

Hoy las editoriales se adaptan al cambio; Alfaguara vende sus libros en versión física y digital.

En España la editorial en línea llamada Bubok supera la producción mensual de libros de una editorial tradicional.

Hay librerías independientes que venden en Internet sus obras bajo el sistema de “impresión bajo demanda”.

Importantes Ferias de Libro en el mundo tienen ya “stands“ dedicadas a los libros digitales.