15/4/11

Estados Unidos y América Latina: El ojo del Imperio


Las sombras que se ciernen en el intento de Washington por recomponer su hegemonía continental y apoderarse de los recursos naturales de la región.

Diego Ghersi

A menos de un mes de finalizada la gira por Latinoamérica del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, muchos sucesos ocurridos son señales de que Washington se ha propuesto recuperar su influencia en los territorios al sur de sus fronteras.

No fue casual que el periplo del Premio Nobel de la Paz fuese comparado con el lanzamiento de la Alianza para el Progreso de hace 50 años.
Aquel programa ideado para contrarrestar la influencia de la Revolución cubana, también marcó el inicio de una etapa sangrienta en Latinoamérica. Estados Unidos se siente ahora tan amenazado en sus intereses como en ese entonces.

La clave sobre el asunto la proporcionó el Subsecretario de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, Arturo Valenzuela, quien peligrosamente sostuvo en conferencia de prensa el desafortunado comentario de que “la principal amenaza para la prensa en las Américas son los líderes elegidos democráticamente que tratan de consolidar su poder de forma “extra-constitucional”.


Antes de seguir debe notarse que el Presidente “democráticamente elegido “de Estados Unidos –al que Valenzuela representa- acaba de ser acusado por el Congreso de su país por haber ordenado el bombardeo de Libia sin autorización, es decir “extra constitucionalmente”.

Las palabras de Valenzuela se inscribieron en el contexto de “ataque a la Libertad de prensa”, en el marco del "Foro para la Libertad de Expresión" del Instituto de las Américas al que asistían casi un centenar de editores de Estados Unidos y América Latina.

Hubo dos factores que motivaron las palabras del funcionario chileno-estadounidense: el silenciado bloqueo gremial que impidió por unas horas la distribución del diario Clarín en Buenos Aires; y la furibunda reacción de los sectores más conservadores de América por el premio Rodolfo Walsh “a la comunicación popular” que nuestra Decana, Florencia Saintout, le otorgara al presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías en la facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. ¡Qué lío armaste Decana! Pero… cuánto orgullo.

Mientras Arturo Valenzuela defendía a las corporaciones de prensa, éstas formaban parte de la maniobra de pinzas instrumentada para avalar la sangrienta intromisión europeo- estadounidense en Libia, legitimando en cada cobertura el derecho de algunos a interferir en soberanías extranjeras y minimizando los intentos de paz del mandatario bolivariano.

Otro ejemplo. Casi en simultáneo con los dichos de Valenzuela, la revista Veja de San Pablo daba a conocer que miembros de los grupos extremistas islámicos Al Qaeda, Hezbolá y Hamas operarían clandestinamente en la Triple Frontera para recaudar dinero, reclutar militantes y planear ataques.

En el Informe de Veja solo faltan los alienígenas para hacer del lugar un escenario digno de la mejor película de terror y comenzar a construir el sentido común de que los latinoamericanos no están capacitados para defender sus territorios de los más demoníacos poderes del planeta.

Nótese que después del rubicón cruzado por las potencias centrales en la intervención a Libia, sólo queda un paso para la intervención militar en asuntos latinoamericanos con el aval de los sectores más neoliberales –prensa “independiente” incluida-, desesperados por el avance de los gobiernos nacionales y populares que Valenzuela ataca y Florencia Saintout premia.

La revista Veja ha sido señalada por el ex mandatario Luiz Inacio “Lula” Da Silva como una publicación que destila “odio y mentiras”.

En el mismo sentido, el profesor de periodismo y ex portavoz del mandatario, Bernardo Kucinsky, sostiene que el único objetivo de Veja durante la última campaña presidencial brasileña fue el de asociarse a las elites conservadoras paulistas en sus intentos por impedir que se renovara el mandato del PT en la persona de Dilma Roussef.

Los informes de Veja –basados en documentos del gobierno estadounidense- refuerzan declaraciones de 2007, en las que el entonces Jefe del Comando Sur de Estados Unidos, almirante James Stavridis alertaban ya de la presencia de terroristas en la Triple Frontera de Paraguay, Argentina y Brasil.

De los informes de Veja y las declaraciones de miembros de la administración estadounidense puede inferirse una operación de prensa que Rafael Follonier -ex asesor de Néstor Kirchner en UNASUR- resumió de forma brillante en el Primer Foro de Legisladores de la Triple Frontera, constituido hace unos días en Puerto Iguazú, Argentina:

“Tenemos el derecho de sospechar que estamos frente a la construcción previa necesaria para la legitimación social de la intromisión de actores externos bajo el absurdo pretexto de que la Triple Frontera es, hoy, un antro de maquinación de infinidad de crímenes, de los cuales los actores de los Estados implicados no quieren o no supieron ocuparse”.

Da la casualidad de que, así como Libia se ubica “desafortunadamente” sobre yacimientos de petróleo y gas de valor incalculable, la Triple Frontera se asienta sobre las reservas de agua dulce más importantes del mundo : el acuífero Guaraní.

Los esfuerzos por promocionar a la Triple Frontera como zona de terror van aún más allá de las declaraciones de Washington o de los informes de la “prensa libre e independiente”.

En efecto, la cineasta Katherine Bigelow –ganadora del Oscar por “Vivir al límite”- proyecta filmar en la Triple Frontera una película de acción, cuyo protagonista sería el celebérrimo Tom Hanks, una muestra de cómo lo cultural, la diplomacia y lo mediático suman esfuerzos para sentar sentidos comunes que faciliten lo militar.

Cabe destacar la visión de Noam Chomsky sobre la relación entre el accionar mediático/cultural y lo militar: “Estados Unidos tiene un excelente desempeño militar en Hollywood, fuera de ahí tienen algunos problemas. Pretenden generar una ideología de guerra en su país que les dé consenso a sus intervenciones militares”.

Así como se ha instaurado hoy el sentido común de que Kadafi es el diablo y por tanto es válido bombardear Libia para forzar su renuncia, así como no se cuestionan los ataques franceses en Costa de Marfil (¿Qué tiene que hacer Francia ahí?), o se silencia la represión en Yemen y en Bahréin, “todos” aceptarían la intervención futura en la Triple Frontera o en la Amazonia.

También Martín Granovsky –Página/12- desnuda el montaje que se teje en la Triple Frontera.

Granovsky destaca que de los cables de Wikileaks se desprende la preocupación que Estados Unidos otorga a la región.

A partir de la existencia cierta en la zona de contrabandistas y de una nutrida comunidad palestina se monta un escenario de peligrosidad en el que mágicamente aparece Al Qaeda, algo tan posible como que exista en Hamburgo sólo porque en esa ciudad alemana funcionó la célula dormida del egipcio Mohamed Atta, el piloto de uno de los aviones que impactaron las Torres Gemelas.

Lo cierto es que Estados Unidos está preocupado hoy por el avance de los gobiernos nacionales y populares que se animan a expulsarle embajadores -Bolivia y Ecuador-; confiscarle cargamentos de “material sensible” y detener a sus funcionarios cuando portan armas largas sin autorización –Argentina-; negarle el uso de bases militares o también, cuando un presidente como Hugo Chávez es premiado por devolver el espacio radioeléctrico a su pueblo, cancelando privilegios de monopolios mediáticos que no vacilan en “armar campañas” en las que, literalmente, se incita al magnicidio y al derrocamiento y se apela al insulto burdo como recurso periodístico. Más aún cuando esos gobiernos insisten en disponer de su plena soberanía sobre los recursos naturales que Washington considera propios.

La maniobra desestabilizadora en progreso es tan burda y tan evidente que deja sin cobertura a los intelectuales locales de la más rancia vertiente neoliberal porque ellos no pueden ignorarlo.

Hace más de medio siglo, en la París liberada del yugo nazi, gente de la misma matriz era ajusticiada por colaboracionista. Ellos lo saben y cabe recordárselo en sus caras en cada ocasión que se preste.

Pero también es cierto que el caso Libia ha terminado con cualquier prurito diplomático de convivencia dentro del sistema internacional. Si en el caso Irak la falta de aprobación de las Naciones Unidas fue un obstáculo, este ha sido salvado en el caso de Libia merced a una Resolución –la 1973 del Consejo de Seguridad- que habilita legalmente el avasallamiento de las soberanías nacionales en cada caso que las potencias centrales lo decidan, bajo excusas humanitarias imposibles de cumplir desde aviones caza y bombarderos.

Ahora, el ojo del Imperio se ha posado sobre Latinoamérica con firme intención depredadora y amenaza convertir la presente etapa histórica en una versión latinoamericana de la Primavera de Praga.

Cuando Estados Unidos lo decida atacará del mismo modo que en Kosovo, Irak, Afganistán o Trípoli. Nada va a detenerlos, excepto que la defensa parta de nosotros y que estemos listos para la respuesta.

dghersi@prensamercosur.com.ar