16/4/11

Eric Hobsbawm reivindica la vigencia de Marx

Foto: Eric Hobsbawm 


Joaquín Rábago

Eric Hobsbawm, sin duda el mayor historiador vivo del marxismo, además de un espíritu de tremenda curiosidad intelectual que ha escrito sobre los temas más diversos: desde la Revolución francesa hasta el jazz, acaba publicar un nuevo libro sobre el pensamiento marxista.

A pesar de ser casi centenario -nació en 1917 en Alejandría (Egipto) en el seno de una familia judía y se educó en Viena y Berlín antes de huir a Londres a la llegada al poder de Adolfo Hitler-, no es raro verle en la Royal Opera House londinense o asistiendo a algún debate en el Instituto Cervantes de esta capital.


Autor de una importante trilogía sobre el siglo XIX y luego de una obra también muy relevante sobre el XX, "La era de los extremos: El corto siglo XX", así como de una autobiografía, titulada "Tiempos interesantes: una vida en el siglo XX", Hobsbawm saca ahora una recopilación de ensayos relacionados con el pensamiento de Carlos Marx.

Titulado en inglés "How to Change the World: Tales of Marx and Marxism" (Cómo cambiar el Mundo: Historias de Marx y el Marxismo" (Little, Brown), el tomo recoge a lo largo de 470 páginas ensayos o prólogos escritos entre 1956 y 2009 y es, como él mismo explica, un estudio de "la evolución y el impacto póstumo de Marx (y de su inseparable Friedrich Engels".

No quiere ser en ningún caso una historia del marxismo, aunque incluye seis capítulos que escribió para una "Storia del Marxismo", publicada por Einaudi en italiano, a los que añade estudios sobre la recepción que tuvo Marx, un ensayo sobre el marxismo y los movimientos obreros, u otro sobre los manuscritos conocidos como "Grundrisse" (bosquejos, en alemán).

Aunque no se trate en su mayor parte de material inédito, por más que revisado en muchos casos, el libro contribuye, gracias sobre todo a la claridad expositiva del historiador, a un mejor entendimiento y valoración de la obra del autor de "El Manifiesto Comunista", que, si se equivocó en muchas de sus previsiones, sigue siendo un pensador clave para entender el desarrollo capitalista.

Tal vez la parte más interesante de la obra, aparte del ensayo dedicado al estudio por Marx de las formaciones precapitalistas en los "Grundrisse", sea la segunda, con el trabajo titulado "La influencia del marxismo 1880-1914", en el que Hobsbawm documenta con la agudeza de análisis que le caracteriza la historia de los principales movimientos políticos marxistas en distintos países europeos.

Estudia asimismo en ese trabajo la influencia en artistas e intelectuales de finales del siglo XIX, dominados por escritores realistas con fuertes intereses políticos y sociales, o en teóricos socialistas como el británico William Morris, al tiempo que reconoce las dificultades de marxistas como Trotsky, Rosa Luxemburgo o Georgi Plejánov con las vanguardias artísticas de inicios del siglo XX.

También es destacable el ensayo sobre el marxista italiano Antonio Gramsci, cuya mayor contribución al pensamiento de la izquierda es precisamente, señala Hobsbawm, su condición de "pionero de una teoría marxista de la política".

Pues, como explica el autor, si bien Marx y Engels escribieron mucho sobre política, ambos fueron más bien reacios a desarrollar una teoría general en ese campo, sobre todo por no considerarla como una actividad autónoma, a diferencia del pensador italiano.

Marxista hasta el final, Hobsbawm no oculta la satisfacción que le produce, después de la caída del comunismo, el reconocimiento, incluso por parte de personas nada sospechosas de izquierdismo, de la actualidad de Marx, ya que no como profeta, sí al menos como instrumento de análisis.

Así, el financiero George Soros reconoció en ocasión reciente, como nos recuerda Hobsbawm, que Marx había escrito cosas sobre el capitalismo hace siglo y medio de las que habría que tomar nota aún hoy.

Tras el fracaso de la que el autor califica de "visión patológica del 'laissez-faire'" neoliberal, del fundamentalismo del mercado, puesto de manifiesto en la "implosión" del sistema en 2008, Hobsbawm llega a la conclusión de que "el capitalismo no es la respuesta sino la pregunta".

El peligro es que el vacío que han dejado las ideologías lo colmen "comunidades imaginadas de identidades étnicas, religiosas, de género" de otro tipo, escribe Hobsbawm, que advierte del peligroso atractivo de los integrismos étnicos o religiosos como barreras potenciales a una globalización capitalista que destruye viejas formas de vida sin ofrecer una alternativa válida.