12/4/11

El Efecto Tequila 15 años después


Una comisión del Senado, integrada por PRI, PAN, PRD, PVEM, PT y Convergencia, presenta un análisis de la crisis de iliquidez y solvencia que registró la economía mexicana en 1995, la más grave de la historia del país desde la Revolución de 1910.

El efecto tequila fue la repercusión que a nivel internacional tuvo la crisis de iliquidez y solvencia que registró la economía mexicana durante 1995. El tiempo transcurrido permite ahora hacer algunas precisiones que pueden resultar útiles para acercar la memoria social con la verdad histórica.

La crisis de 1995 es la más grave ocurrida en México desde la Revolución de 1910. Sus efectos han sido devastadores: ocasionó la quiebra de miles de empresas y cientos de miles de familias a lo largo y lo ancho del territorio; provocó que más de 16 millones de mexicanos se sumaran a las filas de la pobreza extrema; desplomó los salarios; obligó a más de 6 millones de compatriotas a emigrar a Estados Unidos en busca de empleo y nuevas oportunidades. Y las calamidades que trajo consigo no terminan ahí: la burguesía mexicana, hasta entonces dueña de un notable dinamismo, se vio afectada en sus cimientos, mientras que el gobierno mexicano sometió las políticas económicas del país a los dictados de Estados Unidos y acabó por poner los bancos y el sistema de pagos en manos extranjeras.

La “historia oficial” sobre el origen de esa crisis fue circulada de manera intensa mediante la propaganda gubernamental, y terminó por convertirse en un cliché. Esa versión, cuidadosamente fabricada y divulgada con amplitud reza de la siguiente manera: “La crisis de 1995 tuvo su origen en la decisión del gobierno de Salinas de no devaluar el peso durante 1994; para mantener el tipo de cambio se drenaron las reservas internacionales.

Al mismo tiempo, esa administración emitió deuda en dólares mediante los llamados Tesobonos, lo que provocó la insolvencia financiera del país. Entonces sobrevino la devaluación masiva y la quiebra de empresas y familias. El salvamento fue posible porque en 1995 el gobierno de los Estados Unidos otorgó un enorme crédito a México, a cambio de que el gobierno mexicano adoptara una firme política económica. Fue esa política la que permitió una pronta recuperación del país. Los bancos mexicanos tuvieron que venderse a los extranjeros, pues los inversionistas del país no tenían recursos para capitalizarlos de manera adecuada”.
Un discurso que, conviene subrayarlo, diversas autoridades y académicos del extranjero compraron sin discusión y que, por cierto, Héctor Aguilar Camín reprodujo con gusto en estas páginas, y sentenció: “Salinas no devaluó la moneda y entregó una bomba de tiempo a su sucesor” (Milenio, 15 de marzo de 2011).

Frente a estos estereotipos, en México, el 16 de abril de 2010 la Gaceta del Senado de la República publicó un reporte de gran trascendencia. Se trata de dos documentos elaborados por una comisión establecida por senadores de todos los partidos políticos (PRI, PAN, PRD, Verde, PT, PC). La Gaceta incluye además un escrito de los senadores de la comisión, en el que éstos subrayan la necesidad de publicarlos “para su amplia difusión”. Por la importancia de estos documentos, los he reproducido en mi reciente libro Democracia Republicana. Ni Estado ni mercado. Una alternativa ciudadana.

Quince años después del efecto tequila, las conclusiones de la comisión pluripartidista del Senado se pueden sintetizar en tres partes. Primera. La crisis de solvencia del mes de diciembre de 1994 ocurrió a causa de que el nuevo gobierno de Ernesto Zedillo duplicó la emisión de Tesobonos durante ese mes; peor aún, también proporcionó información confidencial sobre una inminente devaluación a unos cuantos empresarios mexicanos, quienes una vez alertados “fugaron” sus capitales; esto, a su vez, provocó que las reservas internacionales se vaciaran en unas cuantas horas. A estas acciones lamentables se les conoce como “el error de diciembre”. Con dichas reservas mermadas de manera escandalosa y con un saldo tan abultado de Tesobonos, el país entero se precipitó en la falta de liquidez, la insolvencia y la quiebra. Segunda. La comisión documenta que durante el primer trimestre de 1995, en busca de un remedio a los efectos de sus propios errores, la administración de Zedillo puso en marcha una política impuesta desde los Estados Unidos: el incremento desmedido de las tasas de interés (pasaron en poco tiempo de 7% anual a 110%). Esto trajo consigo la quiebra masiva de familias y empresas, el aumento de la pobreza y el estallido de la migración. En el caso de los bancos, las quiebras obedecieron a la explosión de las carteras vencidas, resultado, a su vez, de esa política extrema. Tercera. A fines de 1998 el gobierno mexicano cambió la ley y entregó los bancos sin subasta pública y sin rendir cuentas al Congreso; con ellos, también puso el sistema de pagos en manos de extranjeros. Con el beneplácito de la administración zedillista, las utilidades de estos nuevos bancos se remitían a sus matrices en el exterior.

Para llegar a estas conclusiones, los senadores recurrieron a documentos de instituciones nacionales e internacionales: Banco de México, Cepal, FMI, Banco Mundial, además de testimonios de personalidades, entre otros.

El texto del Senado recoge una noticia sobre México publicada en la prensa financiera internacional: “Frenó una década al país la crisis de 1995”, anuncia el titular. Entre el 2001 y el 2006, se destaca, el crecimiento económico de México fue el segundo más bajo en sus últimos 70 años. La economía mexicana, mientras tanto, cayó al sitio 14 del mundo, luego de ser la novena en 1994. La superaban en este rubro países como Brasil, Rusia, Corea, India y España. A partir de esto, la comisión senatorial concluye: México ha desperdiciado diez años en su proceso de desarrollo.

Internamente, el crecimiento se frenó ya que el crédito a las empresas mexicanas cayó, al pasar de 10% del PIB en 1994 a sólo 0.5% en 2000. ¿Por qué se desplomó el crédito? Los Senadores citan un reportaje del Wall Street Journal: “Durante este periodo los bancos no prestaban, pero tenían utilidades porque estaban captando ingresos por intereses de los bonos gubernamentales recibidos a cambio de sus carteras vencidas. El problema continúa hoy. Los bancos obtienen generosas utilidades libres de riesgos gracias a los intereses de los bonos gubernamentales, de modo que no necesitan prestarle al público”. El país se quedó sin financiamiento mientras los mexicanos pagaban con sus impuestos las altas utilidades que los bancos ahora en manos extranjeras remitían a sus matrices.

Al concluir mi administración en noviembre de 1994 el país tenía problemas. Así lo he reconocido. Pero el nuevo gobierno recibió también un país sin inflación y con moderado déficit fiscal, la deuda interna abatida por los ingresos de las privatizaciones, y la deuda externa desplomada por la reducción alcanzada con nuestra negociación del Plan Brady. Los Tesobonos que se venían emitiendo desde años anteriores estaban totalmente cubiertos con las reservas y los apoyos internacionales. Pero sobre todo la nueva administración inició con el resultado de la elección presidencial de ese año reconocido por los observadores de la ONU y aceptado por todos los contendientes (lo que contrasta con el debate sobre la elección de 1988 o la de 2006).

La comisión del Senado mexicano reconoce que el efecto tequila no fue causado por la sobrevaluación, pues el peso se había devaluado ordenadamente a lo largo de 1994 y los capitales extranjeros no fueron los que vaciaron las reservas. El Senado reproduce una cita del premio Nobel de Economía Paul Krugman, quien escribió: “Pronto se supo que el gobierno de Zedillo había consultado a varios empresarios mexicanos sobre la devaluación antes de que ésta ocurriera, con lo que les proporcionó información confidencial […]. La fuga masiva de capitales se desató de forma inevitable.” Los senadores agregaron: “Tan sólo del 20 al 21 de diciembre de 1994 se verifica la salida de capitales más elevada del México moderno… en unas horas el banco central pierde casi la mitad de las reservas internacionales… Esto volvió millonarios a unos pocos especuladores locales y empobreció a la inmensa mayoría de los mexicanos”.

A partir de 1995 el “error de diciembre” llevó a México a padecer no una crisis sino tres: el desplome de la economía (-6.5%) y el disparo de la inflación (más de 50%); la explosión del déficit fiscal (llegó a casi 7% del PIB), y la duplicación de la deuda nacional (pasó de 19% del PIB en 1994 a 40% en 2000). Después vino la adopción de una política económica donde el remedio resultó peor que la enfermedad: el alza desmedida de los impuestos y las tasas de interés.

¿Por qué se elevaron de manera draconiana las tasas de interés? Los senadores encuentran una sorprendente respuesta en la autobiografía de Robert E. Rubin, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos, ex director del Citibank y uno de los responsables de la gran quiebra financiera ocurrida en su país al inicio del siglo XXI. En sus memorias publicadas en 2003, Rubin hace un relato revelador que es reproducido en el documento senatorial: “Siendo secretario del Tesoro, ante los problemas de México, en enero de 1995 llamé por teléfono al presidente Zedillo y le propuse enviar a mi subsecretario Larry Summers para que se entrevistara con él”. Rubin agrega que sus asistentes entraban y salían de la residencia presidencial “sin que nadie los viera.” Y señala: “El aspecto más importante era el de las tasas de interés… El equipo mexicano encabezado por el director del Banco de México estaba en Washington y rechazaba elevar las tasas. Larry abordó el problema con Zedillo, quien sólo lo pensó un instante y aceptó”. Rubin concluye: “La reunión fue un éxito”. Poco después de esa reunión, las tasas de interés en México subieron hasta un 110% cuando apenas unas semanas antes sólo alcanzaban el 7%.

Lo que para el secretario del Tesoro estadunidense fue “un éxito” rutilante, para México significó una desgracia social sin precedente. Una vez impuesta el alza desorbitada de las tasas de interés sobrevino la quiebra de cientos de miles de familias y miles de empresas, lo que a su vez provocó, como ya se ha dicho, que millones de personas ingresaran a las filas de la pobreza extrema y que varios millones emigraran a Estados Unidos. Los bancos acumularon carteras vencidas. Rubin reconoce en sus memorias que el alza en las tasas de interés provocaría “la quiebra del sistema bancario mexicano”. Y eso fue precisamente lo que ocurrió. Para resolverla, el gobierno mexicano entregó los bancos sin subasta a los extranjeros (considerado el “saqueo a los mexicanos”) y con ellos el sistema de pagos. Los senadores mexicanos denuncian en su documento: “La entrega del sistema de pagos a los extranjeros fue un error histórico.”

En medio de estas crisis, y con el financiamiento bancario ahora limitado por bancos extranjeros, ¿cómo empezó México a salir adelante? Los senadores concluyen que no fue por el apoyo financiero estadunidense. Y reproducen el escrito de otro premio Nobel, Joseph Stiglitz, quien señaló: “México se recuperó gracias al crecimiento de sus exportaciones a Estados Unidos, a la dinámica económica estadounidense y al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)”. Es decir, la caída de los salarios y la migración masiva fueron producto de la crisis de 1995, y el TLCAN fue el instrumento que permitió iniciar su recuperación (como resultado del tratado, hoy los salarios de los trabajadores en las industrias de exportación superan en casi 50% al resto de la economía, las manufacturas se fortalecieron pues el país es el segundo exportador de automóviles en el mundo, y se canceló la dependencia en el petróleo para obtener divisas).

Los senadores señalan que en 1995 el gobierno mexicano convirtió un problema en una crisis. El efecto tequila pudo haberse evitado y los millones de mexicanos que padecieron sus efectos tan adversos tendrían hoy condiciones muy diferentes y favorables. La comisión pluripartidista del Senado mexicano concluyó: “El futuro de varias generaciones y la viabilidad económica del país han sido comprometidos a partir de una política adversa al desarrollo soberano de México y diseñada desde el exterior”.

Entender lo que realmente sucedió hace 15 años debe coadyuvar ahora para que México construya un mejor futuro. Y para alcanzar la necesaria convergencia entre memoria e historia. Claro, eso ocurrirá si se está dispuesto a hacer un mínimo de esfuerzo analítico con datos duros y rigor histórico, y no sólo que intelectuales perezosos o con agenda particular repitan los estereotipos. Las nuevas generaciones merecen una versión fiel a los hechos que les permita confrontar lo que recuerdan, su memoria, con lo que realmente ocurrió, es decir con la historia.