17/4/11

Egipto: La revolución traicionada

La represión y las medidas reaccionarias del Consejo militar hacen temer una regresión en Egipto

Olga Rodríguez

Egipto vuelve a ser escenario de arrestos arbitrarios, abusos y tensiones que están enturbiando cada vez más las relaciones entre el Ejército y las fuerzas revolucionarias, hasta el punto de que decenas de miles de personas se reunieron el viernes 8 de abril en la plaza Tahrir para pedir la dimisión del Consejo militar.

Horas después se produjeron las dos primeras víctimas mortales después de la caída de Mubarak, cuando fuerzas militares especiales tomaron el centro de El Cairo empleando armas de fuego y porras eléctricas. Detuvieron a 38 personas.


"Participábamos en una protesta pacífica y, de hecho , cuando vimos llegar a los militares empezamos a gritar ¡Paz!', pero no sirvió de nada. Cuando me di cuenta, estaban atacándonos y después me llevaron a la cárcel", ha relatado a este diario el joven Aser Abdel Ghany. Esta semana se ha producido otro episodio que ha indignado a los activistas: Mikel Nabil, bloguero crítico con el Ejército, ha sido condenado por un tribunal militar a tres años de prisión. Es el primer castigo de conciencia de esta nueva etapa.

"Estamos ante un riesgo de contrarrevolución" , ha lamentado el afamado novelista egipcio Alaa Aswany. Su advertencia es compartida por todas las agrupaciones revolucionarias.

Los generales de Mubarak

"El Consejo militar está integrado por los generales de Mubarak", señala a Público el economista y bloguero socialista Hosam el Hamalawy (arabawy.org), quien, con su impecable inglés, se ha convertido en uno de los rostros más internacionales de la revolución.

"El partido del régimen se está reorganizando y buena parte de los torturadores y criminales de la antigua Policía secreta han sido recolocados en la nueva agencia de seguridad o en el Ministerio del interior. ¡El oficial que ordenó mi arresto en el año 2000 tiene un nuevo puesto!", afirma El Hamalawy.

A la represión se añaden algunas medidas políticas que han aumentado el malestar. El Gobierno interino ha anunciado una ley que castigará con una multa de 65.000 euros y hasta un año de cárcel a quien participe en protestas que "entorpezcan su trabajo”. Y ha aprobado otra ley que eleva de 1.500 a 5.000 los miembros necesarios repartidos por varias provincias para crear un nuevo partido político.

"Eso dificulta toda actuación política y beneficia a los únicos que ya estaban organizados, los Hermanos Musulmanes", afirma la experta en derechos humanos y militante de izquierdas Elham Eidarous, quien recibe a este diario en su casa de El Cairo."Por eso se ha extendido la creencia de que hay una especie de acuerdo entre el Consejo militar y los Hermanos, que probablemente se hayan comprometido a mantener el statu quo a cambio de garantizarse poder. Todo ello, con el beneplácito de Estados Unidos".

Al igual que otros muchos activistas, Elham abandonó su trabajo el 25 de enero, cuando comenzó la revolución. Desde entonces, está volcada en la creación de un nuevo partido político, la Alianza Popular Socialista.
"Hay diversos sectores que protagonizan la contrarrevolución explica, uno de ellos es el Consejo militar, con el general Tantawi al frente; otro es el propio partido del régimen y los antiguos miembros de la Policía secreta, que tratan de sembrar el caos con actuaciones violentas; y otro son los salafistas" (integristas islámicos).
Los grupos salafistas, minoritarios pero expertos en hacer ruido, han aparecido en escena . Abud el Zomur, puesto en libertad recientemente, ha salido por televisión pidiendo la aplicación de la sharia (ley islámica) y propugnando que a los ladrones se les corten las manos. Hace dos semanas, en la provincia de Qena, varios salafistas cortaron una oreja a un hombre al que acusaron de haber alquilado un piso a una prostituta.

Un mal menor
"Existe una teoría muy extendida, y es que están siendo jaleados por elementos del antiguo régimen", asegura en su despacho Hani Shukraleh, director del periódico Al Ahram online. "De hecho, en el último ataque a un barrio cristiano fueron identificados algunos individuos que antes trabajaban para Mubarak. La táctica de la dictadura ante situaciones de crisis siempre fue crear el caos para que el pueblo y la comunidad internacional dijeran: devolvamos el orden anterior con tal de mantener fuera a esta gente. Ahora los Hermanos Musulmanes se benefician de esta situación, porque así ellos pueden ser vistos como un mal menor frente a los salafistas”.
Los obstáculos en esta nueva fase de la revolución egipcia son muchos. Pero eso no amilana a quienes son conscientes de que este es un momento crucial para sentar las bases para el cambio. "Ya sabíamos que esto no iba a ser fácil", señala Elham.

De momento, y a modo de advertencia, la Coalición 25 de Enero ya ha suspendido el diálogo con el Consejo militar. Y tanto esta agrupación como el resto de las fuerzas revolucionarias anuncian nuevas protestas.
"Los trabajadores y estudiantes protagonizan huelgas y manifestaciones a diario pidiendo justicia e igualdad subraya el bloguero Hamalawy, la calle es nuestra. Y eso es la primera fase de una revolución".