16/4/11

Datos sobre Elisabeth Brentano

Elisabeth Brentano  /  Bettina von Arnim

Despertó grandes pasiones. Entre sus conquistas figuran Napoleón, Marx, Schumann, Brahms, el escritor Goethe y el compositor Beethoven. Pero ella se casó con un poeta desconocido.

Jan Swafford

¿Quién es esa joven? alguna vez preguntó Napoleón Bonaparte sobre Elisabeth Brentano, conocida simplemente como Bettina. En realidad, Napoleón no estuvo entre sus conquistas ni era su tipo. No se sentó sobre su falda como lo hizo con Goethe, ni le sirvió de musa inspiradora como a Beethoven, ni compartió con él caminatas íntimas como con Karl Marx. Napoleón no le dedicó una batalla, como Beethoven, Schumann y Brahms le dedicaron canciones o los Grimm, una edición de sus cuentos. Pero, aún a la distancia, Bettina Brentano daba que hablar.

Era la hermana de un poeta famoso, la esposa de otro y la inspiración de muchos, pero siempre se negó a escribir poesía. Fue una musa inspiradora, un movimiento literario en sí misma que supo frecuentar a las figuras más singulares y más representativas del siglo romántico. Bettina nació en Fráncfort en 1785, hija de un comerciante italiano. Su abuela era una novelista aclamada, su madre había sido el primer gran amor de Goethe y Bettina creció pensando que él era parte de la familia.

Clemens, su hermano alentó a Bettina a leer a Goethe y ella rápidamente enloqueció por el personaje de Mignon en "Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister". Por su actitud y su forma de vestir, Bettina se convirtió en la inexplicable Mignon. Y concibió una pasión por Goethe que alimentó hasta el día en que murió.

El primer amor de Bettina en su adolescencia fue una chica cinco años mayor que ella, una poeta hermosa y melancólica, que vivía en un convento: Karoline von Günderrode. Luego aparecieron reemplazos de Günderrode. En 1807, Bettina se hizo amiga de la madre de Goethe y ese mismo año lo conoció personalmente: él tenía 58 años; ella, 21. Cuando le preguntó qué le interesaba, ella respondió: "Nada me interesa, sólo usted". Goethe la invitó a su casa. Ella saltó en su regazo, le rodeó el cuello con sus brazos y se quedó dormida. Bettina quería ser su musa, pero Goethe se sentía abrumado y prefería tenerla a cierta distancia. 

Pronto Bettina estaba acechando al otro semidios del momento, Beethoven. La música era para ella una revelación más allá del lenguaje y del intelecto. Beethoven conocía a su medio hermano Franz y a su esposa, Antonie. Un día, mientras el compositor casi sordo estaba trabajando en su piano, sintió unas manos sobre sus hombros. Se dio vuelta, enfurecido, y se encontró con una joven atractiva que le hablaba melodiosamente al oído: "Me llamo Brentano". ¿Acaso querría escuchar la melodía que estaba componiendo? Era nada menos que "Kennst du das Land" de Goethe, la famosa letra de Mignon, el tema preferido de Bettina.

En los días subsiguientes, caminaron e hicieron música. En los años posteriores, algunos especularon con que la misteriosa Amada Inmortal de Beethoven era Bettina. No lo era, pero fue a través de ella que conoció a la mujer que puede haber sido la Amada Inmortal: la cuñada de Bettina, Antonie Brentano.

Bettina se había propuesto unir a Goethe y a Beethoven. En las cartas que publicó en "Correspondencia de Goethe con un niño", citaba la visión extasiada que tenía Beethoven de su arte: "La música es una revelación superior que toda la sabiduría y la filosofía, el vino que inspira a uno a nuevos procesos creativos, y yo soy el Baco que extrae este glorioso vino para la humanidad. Quienes entiendan mi música se sentirán liberados de todas las miserias que otros acarrean consigo"

Estos y otros credos de las cartas de Bettina se convertirían en las declaraciones más famosas del compositor sobre música y ayudaron a crear el mito romántico de Beethoven. Pero esas palabras pertenecían a Bettina, no a Beethoven. Ella las imaginó. 

Hay otro elemento, tal vez sorprendente. Hasta donde sabemos, Bettina nunca fue la amante física de Beethoven o de Goethe. Goethe se sentía fascinado por ella, le gustaban las mujeres jóvenes. Ella aspiraba a ser su amante. Pero terminó siendo demasiado para él. El la convirtió, junto con sus cartas, en material para sus libros y poemas, pero la mantuvo lejos.

Bettina se casó luego con Achim von Arnim, un poeta amigo de su hermano Clemens, con quien tuvo siete hijos. Y, a pesar de que su espíritu sobrevivió a la vida doméstica que tanto odiaba, siguió coleccionando admiradores famosos (Liszt, Schumann, Emerson). 

Bettina murió en su cama a los 74 años, rodeada de sus hijos. Bettina fue única. Fue la musa de todos, se enamoró apasionadamente de unos cuantos, pero nunca fue otra cosa que ella misma. Para citar lo que dijo Walt Whitman, otro extravagante: su mayor creación fue ella misma.