12/4/11

Datos sobre Bernardo Bertolucci


El realizador italiano Bernardo Bertolucci, el soñador por excelencia del cine italiano y figura internacional del séptimo arte, ya cumplió sus merecidos 70 años

El cineasta, hijo del gran poeta Attilio Bertolucci, como recordó varias veces y, simbólicamente, narró en las primeras escenas de su filme “Novecento”, había nacido a pasos de la casa en que vivía Giuseppe Verdi y durante toda su vida hizo del melodrama romántico el tema en que inspirarse, conjugando dos motivos eternos, el amor y la muerte.

Verdadero “niño prodigio” de la cultura italiana y famoso por su pereza creativa, más ostentada que real, hace años que está ausente de los sets, desde “The Dreamers”, aunque ahora promete volver con la adaptación de la novela de Niccol “Ammaniti Io e te”, en cuyo guión Bertolucci está trabajando junto al escritor y a Umberto Contarello. El proyecto, que espera ver la luz incluso en versión 3D, dada la pasión del director por las experimentaciones técnicas, es en realidad una historia minimalista, íntegramente imaginada en el espacio angosto de una habitación donde el protagonista se refugia para dar vida a sus sueños y protegerse del mundo.

Tras dejar Parma a los 15 años para trasladarse con su familia a Roma, Bertolucci se inscribió en la Universidad, publicó su primera colección de poesías ("In cerca del mister", premio Viareggio opera prima en 1962) e hizo amistad con Pier Paolo Pasolini, que vivía a pocas puertas de su casa. Fue su asistente en el set de “Accattone” y obtuvo que el escritor y cineasta le confiara la historia con que debutó como realizador en 1963. Se trata de “La commare secca”, donde el mundo de la periferia se mezcla con la tragedia de la muerte.

El filme obtuvo el consenso de la crítica y del medio intelectual que frecuentaba la casa de Bertolucci, permitiéndole reincidir en 1964 con el ya maduro y bellísimo “Antes de la revolución”, mientras colaboró con Sergio Leone (y Dario Argento) en el guión de “C’era una volta il West”.

Fue Leone quien le enseñó el uso de la cámara como ojo privilegiado de un rito colectivo: A los veinte años era ya un realizador afirmado que, con “Partner” y el episodio de “Agonia” en  “Amore e rabbia”, capturó los fermentos de la revolución del 68, y dos años después con “La strategia del ragn” (para la televisión) y “El conformista” (primera candidatura para el Óscar por el guión de la novela de Alberto Moravia), se consagró definitivamente.

Frecuentador de las vanguardias internacionales y espectador apasionado de la Cinemateca Francesa en París, eligió este set para “Ultimo tango en París”, un canto de amor para la nouvelle vague y para sus mayores pasiones cinéfilas. Bernardo Bertolucci obtuvo la colaboración de Marlon Brando para el rol principal, puso a su lado a Massimo Girotti como homenaje a la tradición italiana, contrató a una desconocida, Maria Schneider, como protagonista, y creó un París con tonos lívidos y antinaturalistas.

El filme recorrió el mundo y sus imágenes “escandalosas” le valieron a Bertolucci un proceso y una condena en Italia  (le retiraron el derecho al voto por cinco años) y la quema simbólica de copias del filme “Amaba y amo la libertad -dijo hoy Bertolucci-, y estuve siempre contra toda forma de censura”. De todas formas, tras “Ultimo tango...”, el realizador dio el gran salto. Lo hizo a su modo, con “Novecento”, filme en el que reunió a Robert de Niro, Burt Lancaster y Sterling Hayden en la llanura padana, transformando a Donald Sutherland en un fascista y contratando a Gerard Depardieu y Dominique Sanda junto a una leyenda del cine italiano como Francesca Bertini. A “Novecento” le siguió “El último emperador”, en 1987, filmado en China con el acuerdo del gobierno y premiado con 9 Oscar. Luego siguieron  “Té en el desierto”, en 1990, y “El pequeño buda”, en 1993.

En los 90 hizo solo dos filmes, “Io ballo da sola” (1996), y "L’assedi" (1998). Hoy parecen lejanas las utopías que hicieron vital al cine de Bertolucci. "Dada la atracción que siento por todo lo que es distinto, decía hace un año, sigo teniendo la ilusión de que un día las culturas se enamoren una de otra  (...) aunque en realidad vemos que en Italia todo esto es negado. Lo vemos en el aumento de la xenofobia".

Por eso tal vez filmó en 2003 "The Dreamers", para mostrar que una utopía puede ser un espléndido sueño pero también una dramática prisión.