8/4/11

Berlusconi sigue avergonzando a Italia

Silvio Berlusconi por Baptistao

Andrei Fediashin

El pasado 6 de abril, los italianos se tomaron un descanso: de la guerra en Libia, de la inmigración ilegal, de los problemas económicos y del paro y centraron su atención en el gran show protagonizado por su primer ministro Silvio Berlusconi.

El juicio contra el presidente del Gobierno italiano enseguida logró colocarse en el foco de la atención mundial. Nunca se han reunido tantos representantes de los medios de comunicación en el Palacio de Justicia de Milán: tuvo que abrirse para el proceso el salón de actos que se suele usar para celebraciones solemnes.

¿Democracia o vergüenza absoluta?

Al primer ministro italiano se le acusa de haber mantenido relaciones sexuales con una menor de edad y de haber intentado ocultar la identidad de ésta, aprovechando su cargo. La primera audiencia fue formal: Berlusconi no se presentó pretextando haber fijado para esta fecha la reunión del Consejo de Ministros por la situación en Libia. Sin embargo, prometió asistir a las posteriores sesiones.

Entre los testigos figuran los nombres de George Clooney -quien prometió acudir sin falta-, de su esposa, la modelo Elisabetta Canalis, estrellas del fútbol mundial, presidentes de Gobierno, así como de un par de decenas de señoras y señoritas de “vida libre”.

Además, como los temas que van a verse tienen que ver con el sexo, el poder y el dinero, el interés es informativo es máximo. Italia todavía no había servido a Europa “platos” semejantes.

Las causas abiertas contra Il Cavaliere son más o menos son conocidas. Y, claro, no parece un espectáculo muy edificante que el primer ministro de un país esté enjuiciado, la nación quede en ridículo y todos los italianos no hagan otra cosa que leer y escuchar datos sobre qué le dijo, le hizo o le ofreció a quién. Y sobre si ocurrió con la ropa puesta o sin ella y si la chica tenía menos de 18 años y cuántas veces ocurrió y cuánto se pagó por ello. Y también sobre si todo el mundo lo sabía, por qué se callaban. Y por qué, si Karima el-Mahroug, alias Ruby, y el mismo “acusado” insisten en que no ha pasado nada, ni a cambio de dinero ni sin él, el resto del mundo se empeña en que sí ha pasado.

Al hacerse todas estas preguntas, uno inevitablemente se hace otra: ¿Cómo puede ser posible? ¿Y cómo puede ser que ocurra una cosa semejante  con el actual presidente del Gobierno italiano? ¿Serán de verdad el resto de líderes tan limpios de todo cargo y tan respetuosos con la ley y las normas éticas?

Berlusconi, sin lugar a dudas, no es ningún regalo: extravagante, apuesto, impresionante, impredecible, un play boy, juvenil, egocéntrico, egoísta y Dios sabe qué cosas más. Ninguna otra figura podría haber ocupado el cargo del primer ministro de Italia el tiempo récord de tres mandatos.

Berlusconi, por otra parte, nunca ha ocultado su extrema debilidad por el bello sexo. Una debilidad, que, dicho sea de paso, no tiene nada raro.

¿Y qué es lo  que ocurre en otros países europeos? ¿Cómo están las cosas con las acusaciones de escasa moralidad, corrupción y abuso de poder?

Este último cargo es el más serio de todos: a Berlusconi se le acusa de que, después de que la policía detuviera a la mencionada Ruby, hizo una llamada para exigir que fuera puesta en libertad porque era nieta del ex Presidente de Egipto Hosni Mubarak y evitar de esta manera un escándalo diplomático. Así se hizo. En Rusia lo llamaríamos la “poder por teléfono”, erradicado en Europa desde hace tiempo.

Así, durante cerca de diez años los jueces de Milán intentan juzgar al actual primer ministro por los cargos de corrupción, evasión de impuestos, sobornos, calumnias, vínculos con la mafia, contactos con prostitutas menores de edad y aplicación de esa “jurisdicción telefónica”. Cosa que sólo puede ser señal de la podredumbre en la élite política italiana… o bien de un grado de democracia extremo de su sociedad. ¿Es Italia un Estado democrático o la empresa privada-burdel-casa de campo de Berlusconi?

A juzgar por los actos de los jueces de Milán, se trata en mayor medida de la democracia, aunque Silvio ya haya conseguido amoldar algunas leyes a sus necesidades. Sin embargo, parece que no ha logrado cambiarlas todas a su gusto.

Lo que posiblemente le espera al Cavaliere

A lo largo de su nada corta trayectoria política Silvio Berlusconi ha tenido que comparecer ante los jueces en ocho ocasiones; ésta, la del suculento caso “Rubygate” es la novena. En estos asuntos se han celebrado un total de 2500 audiencias y Berlusconi se ha tenido que ver con los policías, los jueces de instrucción y fiscales y ha prestado declaración 587 veces. Hasta el juicio actual el primer ministro italiano había gastado en abogados 175 millones de euros, lo que no es nada para un hombre cuya fortuna se estima en más de 4.000 millones de euros.

Por regla general, Berlusconi fue absuelto tras numerosas apelaciones, que en algunos casos han sido hasta cuatro, o por haber prescrito el delito del que se le acusaba. La legislación italiana es en este respecto una de las más curiosas en Europa: los abogados pueden ir estirando el proceso durante años, para que luego el caso sea cerrado por prescripción o caducidad.

El mismo Berlusconi asegura que no se marchará hasta que acaben los plazos constitucionales de su mandato, es decir, hasta 2013. Parece poco verosímil, pero tampoco cabe excluirlo: de hecho el caso Ruby podría perfectamente acabar en nada. La Cámara de Diputados del Parlamento italiano votó, en vísperas del proceso judicial, por mayoría (314 votos a favor y 302 en contra) para que el Tribunal Constitucional traslade la consideración de los cargos de abuso de poder contra Berlusconi al llamado Tribunal ministerial. Este organismo se dedica a considerar casos de abuso de poder por parte de los ministros durante sus mandatos y, en opinión de los abogados del presidente del Gobierno italiano, precisamente este tribunal ha de encargarse de este caso.

Sin embargo, para que el tribunal ministerial proceda a considerar el caso, la Cámara de diputados ha de dar su consentimiento y allí Berlusconi dispone de mayoría, aunque no demasiado holgada.

El Tribunal Constitucional puede tomarse hasta 6 meses para considerar la solicitud de los diputados. El Tribunal de Milán debe suspender obligatoriamente el proceso durante este período, aunque es verdad que a veces se hace por respeto a los jueces del Tribunal Constitucional. Y si se toma la decisión de referir el caso al Tribunal ministerial, los diputados podrían rechazar su apoyo a esta decisión, derrumbándose de esta manera todas las acusaciones contra Berlusconi. Y si, llegado el caso, es reconocido culpable de los dos cargos (hasta 3 años de prisión por recibir servicios sexuales pagados prestados por menores de edad y hasta 1 años de prisión por abuso de poder), no irá a la cárcel: en Italia no se manda a la cárcel por ese tipo de delitos a personas mayores de 70 años. Aunque, por otra parte, si Berlusconi, quien a sus casi 75 años cuenta con ocupar el puesto del presidente de Italia, es sentenciado a 5 años de prisión, le quedará vetado para siempre ocupar cargos públicos.

Así que, durante los próximos seis meses, por lo menos, Italia tendrá con que entretenerse.