20/3/11

Žižek, tour Bolivia 2011

Foto: Slavoj Žižek

Marcelo Sarzuri-Lima

Se ha dicho que Slavoj Žižek es el ‘Élvis’ de la filosofía. Esta apreciación no está lejos de la realidad. Para aquellos que no lo conocen, Žižek es un filósofo nacido en Ljubljana, Eslovenia (antigua Yugoslavia), es doctor en filosofía y psicoanálisis, director de cine, ha escrito una cantidad considerable de libros y ha realizado unos cuantos documentales (¡imagínese!, uno de ellos lleva el título de The pervert’s guide to cinema, que ha sido traducido como La guía de cine para pervertidos). ¿Ahora entiende de lo que hablamos?

En sus constantes visitas a la Argentina (está casado con una modelo de ese país), suele ser recibido como todo un rock star. Puede ser que en ese país vecino el pensamiento de Jacques Lacan, del cual es representante, tenga muchos seguidores, pero su gran popularidad –creo yo– tiene mayor relación con la crítica que realiza a la industria cultural, al multiculturalismo, a la democracia liberal y con sus intentos de darle un nuevo horizonte al marxismo y, con esto, al materialismo dialectico (siempre desde el psicoanálisis). Pero su popularidad tiene que ver sobre todo con su uso constante de recursos humorísticos, irónicos o anecdóticos que hacen expresivos, dinámicos y entretenidos sus libros y las lecturas que uno pueda realizar a partir de ellos.

Las múltiples líneas de trabajo, en las que se sumerge y aborda, convierten su pensamiento filosófico en una obra provocativa para aquellos acostumbrados a seguir marcadamente una línea de pensamiento (por lo que tiene muchos detractores y críticos) y usualmente su trabajo suele ser encasillado dentro de un pensamiento postmoderno, light o de simple charlatanería.


Frente a los que afirman que el “gran logro” de Žižek es ha sido convertir a la filosofía en algo accesible a los simples mortales, debo decir que ésta es una ‘gran’ exageración. Si bien en su lectura uno puede sentirse familiarizado con los espacios, anécdotas e historias con las que presenta los temas que intenta abordar (desde las películas de Hitchcock, Matrix o Titanic, hasta sucesos que implican acciones de políticos mundialmente conocidos o, simplemente, el arte de vanguardia) las explicaciones y conclusiones a las que llega suelen ser distintas a las que la academia suele  presentar como ‘verdaderas’ y ‘válidas’. Esto, sumado a la construcción teórica apoyada en los trabajos del inentendible Lacan, hace que uno deba estar dispuesto a desarrollar una lectura ágil y paciente en el momento de abordar su obra.

Pero ¿qué escribe, dice o aborda el señor Žižek en su trabajo para que sea tan controversial? No voy a realizar un resumen de sus libros, sólo voy a plantear algunos elementos para que usted decida leerlo o no, pero teniendo en cuenta que mi posición es enteramente parcializada.

Uno de los ejes principales en Žižek es la ideología: el postmodernismo nos ha llenado la cabeza de que vivimos en un tiempo post ideológico donde lo relativo de las cosas implica la emergencia de pluralidades (en todos los aspectos) y a partir de allí es posible pensar en nuevas formas de relacionamiento e incluso convivencia social. Las formas liberales han optado por plantearnos respuestas multiculturales o de una globalización donde es posible convivir pacíficamente dentro de una cultura de paz, donde las identidades deben pasar de lo defensivo a lo trascendente y que cualquier forma de antagonismo social es producto del no reconocimiento de la pluralidad.  De esa forma, ahora todos nos respetamos y toleramos sin verdades absolutas, porque hemos llegado a un punto donde se ha construido una universalidad neutra, y si no, por lo menos estamos conscientes de que existe una universalidad parcializada.

Pero, siguiendo a Žižek, ¿esta forma de tolerarnos y respetarnos despolitizadamente, acaso no es la forma ideológica actual del capitalismo global? Tenemos que tener en cuenta que “la lucha por la hegemonía ideológico-política es, por tanto, siempre una lucha por la apropiación de aquellos conceptos que son vividos ‘espontáneamente’ como ‘apolíticos’, porque trascienden los confines de la política”. Es decir, que en la actualidad lo hegemónico se ha valido de una serie de elementos que traspasan los antagonismos (principalmente de izquierda y derecha) y se han creado significantes que se ubican en el punto donde lo político se separa de lo pre-político.

Por ejemplo, cuando hablamos de respeto, honestidad o solidaridad creemos que por sus significados apolíticos su utilización no puede estar guiada por una ideología específica, pero cuando sí lo está, cada posición ideológico-política los resignifica de acuerdo a sus objetivos. Pero lo interesante es que la lucha por la hegemonía no sólo se da por el significado y autenticidad del término apolítico, sino por “apropiarse de la universalidad de la noción”.

¿En que nos afecta este planeamiento teórico? en que tomamos muchos significantes sin ver la utilidad que pueden estar jugando para un proyecto hegemónico. Cuando reivindicamos la libertad —inclúyase, la democracia, los derechos humanos y cualquier elemento universal indiscutible— nunca cuestionamos el papel que puede estar jugando para el modelo liberal de democracia, puesto que la libertad es uno de los pilares que lo constituyen: “la libertad formal burguesa pone en movimiento el proceso de demandas políticas y prácticas muy ‘materiales’ que van desde los sindicatos hasta el feminismo”. Todos podemos sentirnos plenamente libres e incluso podemos creer que nuestros postulados son revolucionarios y subversivos en una forma de organización ideológico-política que responde al capital liberal democrático, el mismo que vivimos como pos-ideológico y pre-político. Es que la universalidad aparentemente neutra de este modelo no sólo 
implica una imposición de significados y significantes (la narración que mejor se ajuste a la realidad) sino “que la relación es circular y auto-referencial: la narración predetermina nuestra percepción de la “realidad”. Esto pasa mucho en la actualidad y la izquierda posmoderna. En realidad todos hemos aceptado que la única realidad posible es la que nos presentan. Ya no vivimos pensando que es una realidad fantasmática (o que puede ser cambiada), sino que hemos empezado a vivir la apariencia misma (el realismo como la peor ideología). Es útil preguntarnos cuántas cosas que reivindicamos como ‘revolucionarias’, ‘contestarías’ o ‘emancipadoras’ son los pretextos superficiales de deseos no reconocidos del sistema capitalista liberal democrático, y no sólo como elementos funcionales sino como apariencias que vivimos en forma de certezas. No debemos olvidar que “el antagonismo es inherente a la universalidad misma”, pero no ese antagonismo como guerra abierta y desalmada (el capitalismo no tiene necesidad de violencia directa, el mercado cumple ese trabajo de forma sutil y eficaz) sino con esa lucha “que tiene como forma principal el conocimiento reflexivo”.

Estos planteamientos pueden servirnos para alumbrar procesos de transformación, pero también para quitar vendajes a corrientes dogmáticas que subestiman lo subjetivo y exaltan lo objetivo como ‘verdadero’ y ‘real’ olvidando las estructuras simbólicas que la sostienen y que determinan cómo percibimos la realidad. Marx es claro al mencionar que ‘toda la ciencia resultaría superflua si la apariencia, la forma y la naturaleza de las cosas fueran totalmente idénticas’. Creo que Žižek tiene presente esto.

Así, depende de usted el sumergirse en la obra de uno de mis ‘dogmáticos’ preferidos.

Marcelo Sarzuri-Lima. Todavía no sociólogo e investigador del III-CAB. Columna “Sutura y Suplemento”.